OCKHAM Y EL BOMBAZO

septiembre 14, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 14 de septiembre de 2014)

Necesitamos saber quiénes fueron los infelices que hicieron explotar la bomba del metro. Para contener el fenómeno microterrorista que inevitablemente alimenta la sensación de inseguridad y para que los responsables paguen su culpa. Pero como suele suceder en estos casos, la ansiedad de castigar a los culpables se confunde con la satisfacción cognitiva que nos producen los chivos expiatorios. Las teorías explicativas abundan. Las especulaciones están a la orden del día. Todos tenemos una hipótesis.

El principio de parsimonia -también conocido como la navaja de Ockham- recomienda quedarse con la alternativa menos rebuscada. Suele funcionar, aunque le pese a los amantes de las teorías conspirativas. Por eso es poco plausible la tesis que echó a correr el presidente del PPD Jaime Quintana. Según Quintana, detrás del bombazo estarían ciertos grupos de agentes represivos de la dictadura que por alguna razón se encontrarían activos. No es imposible, pero es improbable. Parece una tesis políticamente motivada antes que cimentada sobre buena lógica.

Se ha dicho que la derecha sale ganando con esta situación. En cierto sentido, eso es cierto. Hace unas semanas atrás estábamos todos hablando de las reformas que propone el gobierno. Entre el discurso de la desaceleración económica y ahora el espectro de la inseguridad ciudadana, La Moneda perdió el control de la agenda. Por lo demás, cuando el eje semántico del debate se concentra en la economía y la seguridad, la derecha chilena se siente más cómoda que la izquierda que hoy habita el poder.

Pero el teórico efecto que la derecha se beneficie políticamente de esta contingencia -por trágico que suene- es completamente independiente de su causa probable. Volviendo a la navaja de Ockham, la teoría más verosímil -por el momento- tiende a ligar este episodio a una serie de ataques previos que se han reportado. Aunque puede ser simplón referirse genéricamente a los sospechosos como “anarquistas”, algo de sentido común hay en esa asociación: se han conocido organizaciones locales que dicen portar banderas ideológicas similares y que no descartan la vía violenta para remecer a la sociedad y conquistar sus objetivos.

De ahí a vincular al movimiento estudiantil -como lo habría hecho un reportaje televisivo- hay un océano de diferencia. Es verdad que algunas federaciones estudiantiles están lideradas por dirigentes que supuestamente son afines a un tipo de anarquismo filosófico. Pero ellos compiten en elecciones y utilizan los espacios públicos usualmente a rostro descubierto para transmitir su mensaje. Hoy no se pueden quejar de ejercer escasa influencia política en el debate actual. En cambio, los tipos que pusieron la bomba no están participando de ningún debate. De hecho, lo están matando. La necesidad de seguridad pública es tan básica e imperativa que tiende a desplazar las agendas de transformación estructural más ambiciosas.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-09-14&NewsID=288346&BodyID=0&PaginaId=15

LO MEJOR PARA NUESTROS HIJOS

septiembre 10, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 5 de septiembre de 2014)

Por lo hijos uno hace lo que sea. Quién no ha escuchado –o dicho- esa frase. Es un sentimiento natural producto de la historia evolucionaria de ciertos animales (como los humanos) que nos liga de modo especial con nuestra descendencia y no con la descendencia del vecino. La idea de hacer lo posible por mejorar la condición de nuestros niños recorre estructuralmente el debate por la educación en Chile. Las voces que defienden el sistema de financiamiento compartido –en especial la derecha política y las asociaciones de apoderados de colegios particular subvencionados con copago- suelen incorporar este argumento a su discurso: los padres quieren lo mejor para los suyos y ese anhelo se traduce usualmente en un esfuerzo por asegurarles la mejor educación posible. Este esfuerzo sería además un predictor de compromiso adicional con la enseñanza de sus hijos, fuente de orgullo para los apoderados y lección de vida para los pupilos.

A la izquierda le revienta esta narrativa. El nuevo rector de la Universidad de Chile, Ennio Vivaldi, expresó este sentimiento en su cuenta de Twitter: “Lo que se paga, no es mejor educación sino el que se les asegure que no se mezcle con otros estratos sociales”. Otros intelectuales en torno a la Nueva Mayoría han planteado una idea similar: el copago es una herramienta que segrega a los niños chilenos de acuerdo a la capacidad de pago de sus padres y no tiene necesaria relación con la calidad de los establecimientos. Es decir, “hacer lo mejor por los hijos” pasaría por alejarlos de las malas juntas y acercarlos a las buenas juntas, socioeconómicamente hablando. Esa es la verdadera –y nada noble- intención que hay que develar, piensan estos ideólogos.

La mayoría de los chilenos, en efecto, prefiere “que su hijo/a vaya a una escuela básica, liceo municipal o colegio donde los alumnos tengan un nivel socioeconómico parejo y parecido al suyo” antes que “vaya a una escuela básica, liceo municipal o colegio donde los alumnos tengan niveles socioeconómicos bien distintos” según arrojó la última encuesta CEP –en una pregunta que no debería calificarse de tendenciosa. 63% contra 30%. Este dato cuantitativo tendría, según Eugenio Tironi, una explicación sociológica: “hay una amplia capa de la población resuelta a defender con dientes y uñas prácticas e instituciones basadas en el mercado, las que estima consustanciales a su percepción de logro, como la educación particular subvencionada…”. Aparentemente nos recompensa la capacidad de diferenciar –y segregar- socialmente. Nuestras hijas e hijos son el vehículo que consolida esa sentida aspiración. Como suele repetir el ex presidente Piñera, sus padres se preocuparon de dejarle como herencia una buena educación. Ésta no se limita al pizarrón; incluye las redes, el lenguaje y el capital compartido. El esfuerzo económico que hacen millones de padres en Chile para dar a sus hijos una mejor educación es una especie de asignación hereditaria anticipada. ¿Quién puede negarles el derecho a ello?

Una posibilidad es poner en entredicho las reglas mismas de la herencia. A fin de cuentas, ¿qué culpa tienen los hijos de padres pobres para enfrentarse a un escenario donde los hijos de padres ricos parten en mejores condiciones? En abstracto, la justicia recomienda que los padres carezcan del derecho de otorgarle a sus hijos ciertas ventajas que los ponen –desde el inicio- en una posición asimétrica respecto de sus pares. Pero esto suele ser impracticable: los padres no perciben a sus hijos como unidades abstractas en una competencia. Consciente o inconscientemente, disponen las condiciones para que sus hijos ganen la carrera.

Probablemente la solución pase por permitir que los padres hagan la diferencia en ciertos ámbitos –usualmente considerados privados- y negarles esa prerrogativa cuando su aplicación impacta en las instituciones públicas. Entonces, si la tendencia natural del chileno es segregar socioeconómicamente, el poder político interviene poniendo restricciones a ese impulso. Así, los padres podrían seguir financiando las clases particulares fuera del horario escolar y conservarían el derecho de alentar a sus niños a juntarse con ciertos compañeros y no con otros. Como la vida en Jurassic Park, la segregación se abre camino. De hecho, sólo parte de ella se explica a través del financiamiento compartido. Las preferencias de los padres y la segregación residencial hacen el resto del trabajo. El deber del Estado –inspirado en principios de cohesión social e igualdad de oportunidades- se cumpliría desalentando su reproducción estructural en el sistema público. En concreto y aplicado al caso en comento, eliminando el copago. No me haré cargo aquí de las deficiencias específicas del proyecto. Mi intención es racionalizar y comprender su espíritu.

Si los institucionalistas tienen razón, algunas de estas nuevas reglas penetraran culturalmente a las nuevas generaciones de chilenas y chilenos. El resultado soñado es que las familias adhieran al principio que los anglosajones denominan fairness, que podríamos traducir como una combinación entre equidad e imparcialidad. Es decir, que los padres internalicen que es sistémicamente dañino y hasta tramposo adelantar a sus hijos en la carrera de la vida. Y por el contrario, que puedan inculcarles desde niños una norma social distinta: que sólo en condiciones de partida similares –paradójicamente bajo un modelo de integración socialmente heterogéneo- los resultados diferentes pueden ser objeto de orgullo y satisfacción. Tiene algo de ingeniería social, sin duda. Pero esa es la manera en que las instituciones políticas lidian con nuestros impulsos naturales para perfeccionar nuestro sentido de justicia.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2014/09/05/100955-lo-mejor-para-nuestros-hijos

AGÜITA PARA EL MINISTRO ARENAS

septiembre 7, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 7 de septiembre de 2014)

El gobierno de Michelle Bachelet comenzó con todo su agenda transformadora. A los pocos meses de asumir ya anunciaba reforma tributaria y educacional. Pero mientras la política chilena debatía agriamente los alcances de estas importantes modificaciones, la economía empezó a hacer pataletas: le estaban prestando poca atención. Durante los últimos años nos acostumbramos a tener cifras relativamente buenas en términos de crecimiento y empleo. En un escenario donde estos factores se dan por descontados, germina la creatividad para tramar metas más ambiciosas (como la provisión de carreras universitarias gratuitas). Hoy nos enfrentamos a un panorama de desaceleración económica que recomienda volver a prestarle atención a lo básico. La gran pregunta es si acaso el oficialismo está dispuesto a realizar los ajustes necesarios, incluidos aquellos que puedan significar alterar el ritmo y la magnitud del cumplimiento de las promesas de campaña.

En la derecha no están tan tristes. Algunos se soban las manos pensando que la economía puede ser el talón de Aquiles de Michelle y al mismo tiempo la llave del regreso de uno de los suyos al poder. Varios de ellos anticiparon que el programa bacheletista ahuyentaría la inversión. Se ha dicho que la terquedad originaria del ministro de Hacienda en sacar adelante su reforma tributaria express minó las confianzas con el empresariado (“los poderosos de siempre”, según el videíto de La Moneda). En efecto es normal que poca gente se entusiasme a poner su dinero en un juego que mañana puede cambiar de reglas. Alberto Arenas no ha sido capaz de evitar que se instale un tufillo de incertidumbre y está al debe en la dimensión política del cargo.

Por supuesto, este asunto tiene muchas más variables. Se dice que Piñera aprovechó un ciclo internacional virtuoso de la economía y que su sucesora está enfrentando un bajón previsible que escapa a su control. Hay bastante de cierto en ello. Quizás por lo mismo, y con mayor razón, las deficiencias de la gestión de Arenas son eminentemente políticas.

En cualquier caso, es apresurado especular que el ministro de las finanzas públicas tiene la soga al cuello y será ofrecido en “sacrificio” al empresariado como un gesto de amistad. Las últimas indican que el gobierno que tomó nota de la situación. Se lanzó un programa especial para estimular la inversión –irónicamente con platas recaudadas por la reforma tributaria- y se encomendó al ministro Peñailillo a reparar los puentes con los peces gordos del mundo privado. El Índice Mensual de Actividad Económica que se conoció hace días fue un poquito mejor que el anterior. Un poco de agüita para el atribulado ministro Arenas. Y un dato que celebró hasta la presidenta de la CUT Barbara Figueroa, que en su cuenta de Twitter escribió “Chile crece pese a los agoreros”. Porque los comunistas también saben que un país sin crecimiento tiene menos posibilidades de redistribuir y alcanzar los objetivos que se traza.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-09-07&NewsID=287172&BodyID=0&PaginaId=13

EL VOZARRÓN DE RICARDO I

agosto 31, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 31 de agosto de 2014)

Los empresarios aman a Lagos, dijo un connotado dirigente gremial hace ya una década. Quizás por lo mismo lo invitaron este año como orador estrella en Icare. Se llevó una ovación el ex presidente. En su estilo –autorreferente, autoritario, pedagógico, anecdótico, visionario- Ricardo Lagos Escobar le tiró las orejas a moros y cristianos. Nos falta mirada de largo plazo y una agenda estratégica de país, dijo. Hemos desperdiciado ocho años en materia de infraestructura vial, agregó. Estamos desaprovechando el potencial de las alianzas público-privadas, enfatizó. “Aquí no hay problema financiero, aquí falta decisión política”, remató.

El gobierno dijo no darse por aludido. El vocero Elizalde sostuvo incluso que las palabras de Lagos iban en sintonía con los esfuerzos del Ejecutivo. Pero esa es una interpretación excesivamente flexible y apologética, casi impúdica. La verdad es otra: para bien o para mal, Lagos sencillamente está en otra frecuencia respecto de los desvelos de la Nueva Mayoría. En su discurso no apareció la condena al lucro ni el fin del copago ni la promesa de universidad gratis ni la eliminación del FUT. Por el contrario, Lagos reivindicó explícitamente una forma de gobernar –típica de los tiempos de la Concertación- que el segundo mandato de Bachelet parece empecinada en evitar. Cuesta imaginarse a Quintana, Navarro, Girardi o Andrade defendiendo la política de concesiones con la energía que lo hizo Lagos esta semana.

Por lo mismo no fue raro que parte de la derecha saliera a prestarle ropa a don Ricardo. Su invitación a los grandes acuerdos y a la continuidad de las políticas públicas ahuyenta el temor a las pasadas de máquina y a las retroexcavadoras. Sin mencionar que la sensibilidad filo-derechista siempre se ha sentido más cómoda con liderazgos portentosos a-la-Lagos. Y exactamente por las mismas razones que le gustó a la derecha, le repugnó a la izquierda que rechaza el legado concertacionista. Para ellos –en palabras del comunista Julio Sarmiento, pareja de Camila Vallejo- Lagos mostró su fibra de “neoliberal trasnochado”.

Como fuere, la intervención de Lagos sirve como una especie de oxigenación temática. Los candidatos suelen tener un horizonte estrecho dadas las urgencias electorales. Por ende muchas veces tienen que bailar al ritmo de la música que la gente quiere escuchar. Bachelet es el mejor ejemplo. Su programa de gobierno no nace de sus reflexiones sino de la presión social. Ella decide montarse en ese caballo, pero no lo elige. Lagos Escobar se da el lujo de poner los temas que a él le parecen relevantes y sustanciales porque nadie lo apura: urbanismo, demografía, cambio climático, migraciones, fenómenos globales. Muchos de estos asuntos están lejos del repertorio habitual de la calle. Al chileno promedio no le quita el sueño saber “cuanto emite en gases de efecto invernadero”. Por lo mismo parece un error pensar que Ricardo I se está candidateando para el 2017. Quizás nos sea más útil su vozarrón desde ese sitial casi monárquico que le permite distinguirse con su visión de estado.

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http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-08-31&NewsID=286611&BodyID=0&PaginaId=9

PATRIOTISMO SOBRECALENTADO

agosto 28, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 28 de agosto de 2014) 

Fue el propio gobierno de Ollanta Humala el que le quitó el piso a la llamada “marcha patriótica” que un puñado de afiebrados ciudadanos peruanos quería emprender hasta el triángulo terrestre en disputa en la frontera con Chile. Más aun, físicamente les impidió el acceso con un nutrido contingente policial desplegado en medio del desierto. Actuó con prudencia el gobierno vecino: el asunto pudo haber pasado a mayores si la caminata continuaba hacia territorio –según nosotros- chileno.

Hace pocos días, el mismo Humala presentó una nueva pieza cartográfica que reclama para los peruanos el pedazo en disputa. Por eso se especuló que la bravata nacionalista de ayer venía alimentada desde las altas esferas de Lima. Pero es una versión que ha sido desmentida: la escuálida marcha estaba organizada desde hace un tiempo en el marco del aniversario de la reincorporación de Tacna al Perú. Nuestro ministerio de Defensa confirmó esa tesis. En efecto, es demasiado conspirativo pensar que Ollanta Humala andaba buscando un roce con saldos fatales para victimizarse y alimentar la beligerancia limítrofe. No fue así.

Por supuesto, después de avivar la cueca –o mejor dicho el valsecito peruano- el gobierno vecino se enfrentó al problema de explicarles a sus entusiastas patriotas que no estaba en condiciones de resguardar su seguridad en territorio supuestamente soberano. Paradójicamente, a favor de Humala jugó el hecho que la zona todavía esconde minas antipersonales que ponen en peligro la integridad de cualquier ser humano que se adentre en esos áridos lares. Así, el gobierno del Perú le puso paños fríos a la combativa –y algo patética- comitiva de señoras y señores embanderados hasta los dientes. Los mandó de vuelta a sus casas y se salvó así de un bochorno internacional.

El exacerbado patriotismo es una virtud dudosa, como recordaba Oscar Wilde -y como nos recuerda habitualmente el diario peruano que irónicamente se llama La Razón. A veces sobrecalienta la cabeza de individuos con ganas de figurar en gestas heroicas artificiales. Toco madera para que no aparezca ahora el grupo de chilenos preparando su caravana desde Arica.

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ROCKY PEÑAILILLO

agosto 25, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 24 de agosto de 2014) 

El ex Presidente Piñera le tocó la oreja al gobierno de Michelle Bachelet y el gobierno le contestó –a través del ministro del Interior Rodrigo Peñailillo- con una mortífera combinación de golpes al mentón. Es cierto, la respuesta pudo haber sido desproporcionada. Pero para la hinchada de la Nueva Mayoría, Peñailillo exhibió la jineta y se ganó un par de puntos por salir a defender a su administración con vehemencia.

Pedirle a Sebastián Pinera que muestre un poco más de continencia en sus críticas a su sucesora es desconocer la naturaleza del personaje. Especialmente bajo las reglas del juego presidencial en Chile. Los mandatos son tan cortos que los ex jefes de estado son usualmente candidatos para el turno siguiente apenas abandonan La Moneda. La altura y distancia que recomienda el manual de dignidad republicana en estos casos suele colisionar con las ganas incombustibles de algunos por participar de la refriega. Y por liderar a su sector, claro. Pinera huele que una eventual retirada de escena podría ser aprovechada por sus competidores en RN. Allamand y Ossandón salieron bien parados de la última CEP.

En ese estricto sentido, Peñailillo le hace un favor. Le da importancia y le mete más leña al fuego a la confrontación. Pero también lo hiere. No es Bachelet la que entra en combate verbal con Pinera. Ella está por arriba de eso. No se rebaja. Es su escudero más fiel el encargado de hacer el trabajo sucio. Porque varias de las acusaciones del ministro al ex presidente son injustas o al menos exageradas. Decir que “destruyó” la salud pública o las instituciones en general es un eslogan fácil pero poco sofisticado. Que “no cumplió en nada su agenda antidelicuencia” tampoco es 100% correcto. En su anhelo de elocuencia, el ministro podría ser más creativo y encontrar adjetivos más ajustados a la verdad. Sin embargo todo eso importa poco. No son tiempos de matices ni sutilezas. Pinera tampoco aporta mucho desde la flacidez de sus reflexiones.

Rocky Peñailillo le hizo un guiño a la barra brava pegándole al “puchinbol” favorito de la gran familia concertacionista. Se buscó un rival grande y se dio el lujo de cachetearlo desde los patios de palacio. Está por verse si eso le suma en su rol de jefe de gabinete, articulador de acuerdos y ministro en ascenso. Pinera, por su parte, no puede alegar estatus de deferencia especial en su calidad de ex presidente porque anda buscando el encontrón. Esta semana lo encontró.

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http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-08-24&NewsID=285949&BodyID=0&PaginaId=13

PIÑERA CONTRA LA IDEOLOGÍA

agosto 22, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 22 de agosto de 2014) 

El ex presidente Sebastián Piñera tiene una mirada crítica de los debates públicos que estamos teniendo en Chile. En una reciente intervención, reflexionó si acaso la discusión actual “tiene que ver con fomentar y fortalecer los pilares que van a hacer la diferencia en favor del crecimiento, o si bien estamos cayendo en un debate ideológico trasnochado, obsoleto… que a la larga sabemos que no nos va a conducir a ninguna parte”. Es decir, Piñera cree que la clave está en dejar masturbación mental para conducir de una buena vez el buque hacia el crecimiento económico.

No es raro que Piñera le haga el quite a la conversación teórica que funda la política pública. Su trayectoria da testimonio de una predilección por los argumentos numéricos antes que por los filosóficos. Por eso su presidencia anduvo a los tumbos cuando el movimiento estudiantil le planteó un desafío en el plano estrictamente normativo. Mientras los líderes universitarios hablaban de derechos sociales, el gobierno respondía anunciando más becas. Costó un mundo que las frecuencias discursivas se encontraran en un mismo plano. En este sentido, Piñera fue un discípulo de la escuela lavinista de la desideologización del debate. Su archiconocida desconfianza a la idea un relato o narrativa esencialmente política tuvo mucho que ver con su convicción de que lo importante es mejorar la eficiencia del estado para incrementar la calidad de vida material de las personas.

Piñera dice que el debate ideológico actual es trasnochado, obsoleto e inconducente. En efecto, los argumentos que hoy atraviesan la conversación en educación, salud o seguridad social son viejos. Por ejemplo, libertad e igualdad son dos valores que vienen enfrentándose desde hace mucho tiempo. Pero ello no es sinónimo de obsolescencia sino de vigencia. Son banderas que transmiten la manera en que los actores políticos ven el mundo y expresan la forma en la que les gustaría organizar la sociedad. Cuando la izquierda propone terminar con el financiamiento compartido para disminuir los grados de segregación social está levantando una aspiración legítima que debe ser evaluada en la misma frecuencia normativa. Del mismo modo, cuando la UDI o RN defienden la libertad de los padres de aportar una suma de dinero para obsequiarles  a sus hijos una educación de mayor calidad, están esgrimiendo un argumento válidamente ideológico. No tiene sentido negarlo.

Entiendo que el concepto de ideología haya caído en desgracia en el Chile despolitizado. Pero no estamos obligados a pensar que todas las construcciones ideológicas son necesariamente totalitarias o absolutistas. Todas las discusiones importantes revelan ciertas posiciones ideológicas. Hay algunos que prefieren que el Estado decida por nosotros lo que nos conviene mientras otros consideran que el individuo debe ser libre para equivocarse cuantas veces quiera. A los primeros se les llama paternalistas, a los segundos libertarios. Hay algunos que piensan que los buenos alumnos deben abandonar su lugar de origen para explotar al máximo sus capacidades en entornos más exigentes, mientras otros promueven sistemas donde todos los alumnos progresen en conjunto. El valor rector de los primeros es la meritocracia y el de los segundos es la inclusión. Clivajes como estos hay decenas y sencillamente no es cierto, como manifestó Piñera, que no conduzcan a ninguna parte. Son útiles porque ayudan a mapear la estructura ideológica de la sociedad y a identificar los principios que estructuran la convivencia. No es intelectualmente honesto pensar que sólo el adversario ocupa una posición en este mapa.

Cuestión distinta es el dogmatismo, que básicamente implica aferrarse a una creencia con independencia de la evidencia o de buenas razones que la sostengan. Todas las posiciones ideológicas tienen algo de dogmáticas. Para pulir ese elemento indeseable, las democracias perfeccionan reglas de deliberación y razón pública, donde el consenso y el acuerdo son herramientas siempre disponibles.

Es cierto que a Sebastián Piñera y a la derecha en general le conviene que el debate vuelva a centrarse en el crecimiento económico. Es una cancha en la que suelen exhibir buenos rendimientos. Tras conocerse los magros resultados del último IMACEC, el cientista político Patricio Navia ironizó con que el lema aliancista ya estaba listo pensando en 2017: “Para volver a crecer”. Tiene razón: una eventual mala performance de Bachelet en áreas sensibles como empleo puede gatillar en parte importante de la población el deseo del retorno de Piñera. Pero el hecho que a la derecha y a su principal figura les favorezca la instalación de dicho eje semántico en la discusión pública no implica que los temas que actualmente copan la agenda sean irrelevantes, trasnochados u obsoletos. Muy por el contrario. Quizás sólo revelan que a él no le acomodan.  

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http://www.capital.cl/opinion/2014/08/22/090822-pinera-contra-la-ideologia

ADIÓS AL BINOMINAL

agosto 17, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 17 de agosto de 2014) 

A muchas personas les revienta la idea de tener que gastar más plata del erario público en financiar parlamentarios adicionales. Es comprensible: la imagen de nuestros políticos no es la mejor. No sería raro que la queja de la UDI ante el proyecto que se aprobó esta semana en la Cámara de Diputados encuentre oídos en diversos sectores de la población. En vez de mejorar la salud o las pensiones, dicen en el gremialismo, el gobierno estaría empecinado en aquello que don Joaquín Lavín llamaba las “peleas políticas”.

Si bien esta mirada tiene algo de sentido común, cuando vemos la película completa es equivocada por varias razones. Es posible que aumentar de 120 a 155 diputados y de 38 a 50 senadores pueda significarle un costo adicional al estado. Últimamente desde La Moneda se ha dicho que el presupuesto será el mismo. Ojalá que el desembolso de recursos no sea mayor, por cierto. Pero ese no es el punto. Para que la democracia funcione bien sus instituciones tienen que gozar de cierta legitimidad y el sistema binominal actual –instaurado en dictadura- no pasa la prueba de la blancura.

¿Pudo aprobarse un proyecto distinto conservando el mismo número de congresistas? Teóricamente, sí. En la práctica, imposible. ¿Por qué? Porque los actuales honorables jamás aprobarían un proyecto que –por bueno que sea- pueda poner en riesgo su reelección. A todos nos gusta hablar de competencia, pero cuando la amenaza es muy grande casi siempre pensamos en asegurarnos. ¿Usted no juega a los dados con su estabilidad laboral? Los parlamentarios tampoco. Subir el número de habitantes del edificio legislativo de Valparaíso era la única salida factible.

Por eso lo invito a ver el vaso medio lleno. El proyecto aprobado no es perfecto, pero tiene algunas virtudes dignas de destacar. Primero, puede destrabar el empate ficticio que arroja el binominal, con resultados más proporcionales a la preferencia efectiva de las y los chilenos. Segundo, viene con una disposición que debería aumentar la presencia femenina en el Congreso. Tercero, corrige parcialmente la ridícula sub-representación de las regiones más pobladas del país. Cuarto, podría oxigenar el mapa político al cual nos condenó el plebiscito de 1988. Al aparecer nuevos actores con posibilidades reales de ser electos en distritos de mayor magnitud también se abre la posibilidad de nuevas alianzas y nuevos espacios ideológicos que hoy no son factibles. En una de esas florece una opción de centro. Quinto, no es menor que el proyecto haya sido aprobado con el concurso de Amplitud y diputados RN. Este no es un capricho de la izquierda. Mucha agua se juntó en esta piscina, durante muchos años.

Falta todavía el Senado. Es muy pronto para cantar victoria. Pero por primera vez parece que la cosa va en serio. Enhorabuena.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-08-17&NewsID=284695&BodyID=0&PaginaId=15

¿UN HÉROE PARA LA DERECHA?

agosto 10, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 10 de agosto de 2014)

Afortunadamente duró poco la angustia para sus familiares, amigos y correligionarios. En cuestión de horas se resolvió la detención del dirigente juvenil de la UDI Felipe Cuevas en Venezuela, quien ya está de regreso en suelo chileno. El susto que recorrió al gremialismo fue sincero: el régimen de Nicolás Maduro no es particularmente garantista ni delicado de trato con su disidencia. Se pensó –y se dijo- que Cuevas había sido detenido por la policía política de Caracas en señal de venganza por el apoyo que la UDI entregaba a la oposición de ese país. En efecto, Cuevas realizaba una visita que incluía entrevistas con importantes líderes anti-chavistas, incluyendo hasta un clásico y campañero puerta a puerta.

Sin embargo la explicación oficial que entregó la embajada chilena en Venezuela fue distinta. El recientemente electo presidente de la juventud UDI habría tomado fotografías en un lugar prohibido (específicamente un recinto de inteligencia militar, hasta donde habría llegado para ponerse en contacto con universitarios privados de libertad). ¿Cambia la historia si la versión oficial es cierta? Posiblemente: Cuevas no habría sido arrestado por pensar distinto y por tanto no sería un preso político ni mucho menos. Habría cometido una imprudencia que se castiga en muchas partes del mundo, Chile entre ellas. Al no acreditar su identidad –Cuevas se encontraba sin pasaporte en el momento- los funcionarios procedieron a su detención. La épica del mártir de la libertad de expresión queda bastante desteñida.

Sin embargo la UDI no se contenta con su liberación. Ha dicho que seguirá presionando a través de los canales diplomáticos hasta obtener una respuesta satisfactoria*. Puede ser de mal gusto insinuarlo, pero a su partido le conviene sacar el jugo al affaire Cuevas. Hasta hace dos días era un dirigente anónimo conocido en su casa y en la sede de calle Suecia (vía Twitter, el ex ministro Andrés Chadwick pidió originalmente la liberación de Felipe “Valenzuela”). Hoy su nombre y su rostro aparecen en todos los diarios. Su desgracia –ya sea fruto de la torpeza o de la persecución política- puede transformarse en bendición: a la derecha no le sobran las figuras jóvenes populares y de alcance nacional. Es muy temprano para saberlo, pero sería raro que después de este episodio Felipe Cuevas quiera conservar un bajo perfil. Maquiavelo decía que para triunfar en política se necesitaba una combinación entre oportunidad y talento. Sin quererlo, los paranoicos hermanos venezolanos le dieron lo primero. Ahora hay que ver si tiene lo segundo.

Una reflexión final: Cierta izquierda festinó con el infortunio del chileno recordando que la derecha fue cómplice de las desapariciones en tiempos de Pinochet. Lo bueno es que esa mezquina actitud fue marginal. La mayoría de los partidos y actores políticos relevantes -incluido el gobierno- solidarizaron con la UDI y eso es importante de destacar.

*Con posterioridad al envío de esta columna, el propio Cuevas desmintió ligeramente la versión oficial. Reafirmó que la detención fue política y negó estar sacando fotos pues no traía su teléfono celular. También, a través de las redes sociales, me han informado que la Cédula de Identidad chilena -que Cuevas sí portaba- tiene la misma validez para acreditar identidad que el pasaporte, al menos dentro de Sudamérica. Si esto es correcto, tanto la policía venezolana como la propia embajada chilena cometieron un error. 

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-08-10&NewsID=284108&BodyID=0&PaginaId=12

LA DOCTRINA GUTENBERG

agosto 8, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 8 de agosto de 2014) 

Gutenberg Martínez ha vuelto. Quizás nunca se fue, pero la alta votación que obtuvo en la reciente elección de consejeros nacionales de la Democracia Cristiana le granjeó la tribuna mediática necesaria para decir un par de verdades. O al menos, lo que para parte importante de la familia DC son verdades.

Primero, Martínez transmite la importancia de reafirmar la identidad del mundo democratacristiano dentro de la Nueva Mayoría. Algunos temen que el entusiasmo bacheletista de la disidencia –Rincón, Pizarro, Cornejo, Provoste y compañía- pueda terminar por difuminar los contornos propios. Está fresco el amargo recuerdo de los miles de camaradas que optaron por la candidata socialista Michelle Bachelet en lugar de Claudio Orrego en las primarias. Gutenberg, en alianza con el timonel Ignacio Walker, está de regreso para picanear el amor propio del falangismo.

A renglón seguido, el mensaje de Gutenberg apunta a conservar los equilibrios políticos al interior de la coalición oficialista. “No puede haber hegemonías de unos sobre otros”, ha dicho. Lamentablemente en este punto los deseos contrastan con la realidad. Como ha sugerido con asertiva acidez Pepe Auth “la DC ve con nostalgia su relevancia de antaño”. Los noventa quedaron en el pasado y a la otrora poderosa tienda de Aylwin, Frei y Valdés hoy no le queda otra que resignarse a un papel secundario. Era una decadencia política previsible, pero no por previsible se hace más fácil de digerir.

Gutenberg Martínez ha insistido en la necesidad de preservar la idea de “un acuerdo entre dos mundos”, refiriéndose al humanismo cristiano que ellos representan y al humanismo laico que representaría el bloque PS-PPD. Pero es un error de diagnóstico estimar que la Nueva Mayoría está fundada sobre ese equitativo (y anticuado) acuerdo. Aquella fue la fórmula para derrotar a Pinochet y conducir la transición. El regreso de Bachelet a La Moneda, en cambio, se cimentó sobre la absorción y cooptación de las demandas del llamado movimiento social que asoló al gobierno de Piñera. ¿O acaso los elementos centrales del programa –como nueva Constitución, fin al lucro o gratuidad universitaria- provienen de alguna reflexión emanada, compartida y masticada por la vieja elite concertacionista?

La DC se resiste a ser “el vagón de cola” del oficialismo. Es la expresión de un deseo legítimo. Gutenberg tiene un punto: las alianzas políticas exitosas y sustentables son de mayorías, y en Chile la mayoría se consigue sumando centro e izquierda. La pregunta relevante es si acaso la DC puede hacer algo real –y  no sólo expresar un deseo- para no convertirse en comparsa. Y más importante aún, si acaso una coalición de izquierda progresista (sin la DC) no tendría por sí misma las herramientas necesarias para configurar en el futuro próximo una mayoría política, programática y electoral. No es una idea descabellada, si finalmente es cierto eso que en Chile el eje se corrió hacia la izquierda.

Quizás en un arrebato auto-profético, Martínez ha señalado que “la Nueva Mayoría es un acuerdo político-programático que tiene fecha de caducidad”. Para graficar la idea, añade que no hay nada firmado sobre enfrentar las futuras presidenciales en forma unitaria. Pero cuesta imaginarse a la DC en otra parte, al menos mientras la generación que padeció la dictadura siga activa y consciente. El problema del lote de Walker es similar al de Andrés Velasco: si bien tienen puntos de acuerdo con una parte razonable de la derecha, no se visualizan a sí mismos compartiendo pacto con aquellos que Piñera bautizó como “cómplices pasivos” de la dictadura. Es enteramente comprensible. Difícil dilema: seguir aguantando estoicamente las bravuconerías que obsequian parlamentarios como Fidel Espinoza, o hacer de tripas corazón para conversar con RN y la UDI.

Lo más probable es que la sangre no llegue al río. Las altas esferas de La Moneda tomarán nota del berrinche del “Gute” y optarán por una estrategia de paños fríos. Lo anterior incluye tomar un poco más en serio las objeciones de la DC –especialmente para la discusión educacional, campo donde los expertos de la falange han sido muy críticos- y tener más delicadeza en el trato a sus cuadros burocráticos. Porque no toda la bronca de la DC es ideológica o afectiva. Es también administrativa y funcionaria. No olvidemos que se trata de un partido acostumbrado a operar en las redes del Estado. Por primera vez en mucho tiempo esos cuadros están siendo desplazados por la influencia de caciques de otros partidos. Dicen que muchos de ellos votaron por Bachelet para recuperar la pega. Hoy no están tan seguros de haber hecho la inversión correcta.

Como dice el propio Gutenberg, “veremos qué pasa”.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2014/08/08/070844-la-doctrina-gutenberg


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