UNA MEJOR ANALOGÍA PARA EYZAGUIRRE

julio 29, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 25 de julio de 2014) 

Controvertida analogía fue la que usó el ministro de educación para ilustrar su visión sobre  el sistema escolar chileno. Nicolás Eyzaguirre sostuvo que para igualar la cancha entre distintos actores, unos de los cuales corren descalzos y otros en patines, primero había que bajar a los segundos de sus patines. Como era enteramente previsible, la oposición salió a fustigar la teoría de los patines. Casi todos observaron que se funda sobre una ideología que busca “igualar hacia abajo”. Este es un temor histórico de la derecha y hasta cierto punto del mundo liberal: ¿por qué no dejamos que cada uno corra lo más veloz que pueda sin que el Estado nos obligue a todos a correr al mismo ritmo? ¿Por qué no invertimos en patines para los descalzos de tal manera que todos puedan apurar el tranco? Ambas son preguntas legítimas y la analogía de Eyzaguirre no captura las particularidades del problema.

Después de escuchar al ministro, la presidenta de la Sociedad de Instrucción Primaria Patricia Matte dijo haber quedado “epatada” por la falta de calle de Eyzaguirre. Como yo me eduqué en mismo colegio del ministro y no entiendo mucho de patines, asumo que también carezco de la calle. Pero lo que sí tengo es bastante experiencia en conciertos y recitales. A partir de esa experiencia me gustaría proponerle al ministro una analogía alternativa.

Las localidades de un estadio o teatro suelen tener diferencias de precio asociadas principalmente a la visibilidad del espectáculo. Las galerías son más baratas que las tribunas laterales, por ejemplo. Lo más interesante, sin embargo, ocurre en cancha. En la mayoría de los shows que he asistido, la cancha tiene un precio único. A pesar de ello, inevitablemente algunos tendrán el escenario más cerca que otros. Pero esa cercanía no está mediada por el dinero sino por el fanatismo de los que llegaron más temprano o tienen más capacidad de aguantar los empujones. Digamos que ése es el esfuerzo.

Hace algunos años atrás descubrí que en algunos conciertos las canchas también admitían subdivisiones. En un recital que esperé por mucho tiempo y al cual llegué con bastante tiempo de anticipación, tuve que conformarme con ver a mis ídolos desde la mitad de la cancha porque toda la primera parte estaba dedicada a secciones vip, gold, silver, platinium o diamante. Me invadió el resentimiento: ¿por qué esos señores podían llegar 5 minutos antes del primer acorde y sentarse frente al vocalista, impidiendo que yo (con miopía y apenas un metro setenta) pudiera verlos más de cerca? La respuesta era sencilla: ellos habían pagado por una mejor posición.

La analogía de los recitales es mejor que la de los patines porque es imposible darles a todos los asistentes a cancha una entrada en el vip (como quiere la derecha con los patines). Como el espacio es limitado, cada box preferencial en la parte delantera de la cancha implica perjudicar la visión de los que están más atrás. La pregunta relevante que el movimiento social de los últimos años nos invita a hacernos es si acaso hay lugares –como la cancha en los recitales- que por su naturaleza no deben adjudicarse según capacidad de pago. La cancha era hasta hace poco un espacio democrático e igualitario por definición. Para algunas productoras dejó de serlo. La misma reflexión vale para educación: ¿dejaremos que la capacidad de pago de algunos asegure una mejor posición de partida o limitaremos el efecto diferenciador del dinero para que nadie pueda comprar los asientos del frente?

No pretendo que la analogía sea invencible. Podría sugerirse que los asistentes a cancha no están realmente en condiciones igualitarias: los más fuertes tienen siempre más posibilidades de llegar hasta el escenario pegando codazos (este ha sido tradicionalmente un problema para las mujeres de la gran familia del rock n’ roll). También se podría contraargumentar señalando que llegar temprano no mide fanatismo sino tiempo libre. Algunos sencillamente no pueden escapar del trabajo. Para todos estos casos, podría añadirse, es el dinero el que mejor refleja el fanatismo: están dispuestos a pagar mucho más para evitar quedar al fondo de la cancha viendo el escenario como un punto distante. Parecido a lo que hacen los padres al retirar a sus hijos del liceo municipal para matricularlos en un particular subvencionado con copago.

Me parece que éste es el meollo del asunto. El espíritu de la reforma de Eyzaguirre no es la igualación hacia abajo. Sostener eso es injusto. Es limitar la capacidad de obtener mejores condiciones pagando por ellas. Efectivamente eso puede traducirse en una limitación de la libertad de disponer de los bienes propios. A fin de cuentas, ¿por qué no puedo pagar más y asegurar una butaca en el vip? La respuesta del gobierno debe persuadirnos de que hay espacios –como la cancha en los recitales- que no pueden segregarse porque de hacerlo traicionarían su naturaleza. Su dificultad política es que culturalmente nos hemos acostumbrado en las últimas décadas a ejercer nuestro derecho a poner más plata para acceder a mejores condiciones. Tanto en los conciertos como en la vida.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2014/07/25/080725-una-mejor-analogia-para-eyzaguirre

VELASCO VERSUS ME-O

julio 27, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 27 de julio de 2014) 

Paradójicamente, las dos almas de la Nueva Mayoría se encarnan en dos figuras públicas que en rigor no pertenecen a ella. A un lado, Andrés Velasco. En 2013, el ex ministro de Hacienda del primer gobierno de Bachelet se presentó como independiente a las primarias de la Nueva Mayoría. Sin embargo, desde entonces ha mantenido una relación crítica y distante del actuar del gobierno y de la coalición que lo sustenta. Fundó un nuevo movimiento político –Fuerza Pública- y aunque no tiene parlamentarios que porten sus banderas en la discusión legislativa, se las ingenia para estar siempre en la primera línea del debate. Los medios usualmente quieren saber qué piensa sobre la reforma X, el proyecto Y o el acuerdo Z. Al otro lado, Marco Enríquez-Ominami. Con dos campañas presidenciales a cuestas, el otrora díscolo de la Concertación ha acercado posiciones con el bloque “progresista” del oficialismo. Los coqueteos han sido evidentes: “si digo que la Nueva Mayoría nos cae mejor que la vieja Concertación, de eso no hay duda”, ha dicho. Aunque el PRO tampoco pudo instalar parlamentarios propios en el Congreso, ME-O también se las arregla para ser foco de interés mediático. Aunque conserva una buena cuota de acidez y escepticismo, en general se le ha visto alineado con varios de los objetivos de la administración Bachelet.

Lo interesante es que ambos son los mejores prospectos del mundo de la centroizquierda para proyectar el gobierno de la Nueva Mayoría. Todavía falta mucho, pero la forma que va tomando el naipe en el camino puede determinar el desenlace. Bachelet no debería cometer el mismo error que cometió en su primero gobierno, cuando se desentendió completamente del asunto de la sucesión y terminó asistiendo a la derrota -y posterior funeral- de su coalición a pesar de contar con niveles extraordinarios de popularidad personal.

¿No tiene acaso la Nueva Mayoría otras alternativas? Podría tenerlas. El senador Lagos Weber y la alcaldesa Tohá suenan en la lista de pre-precandidatos. Los ministros Nicolás Eyzaguirre y Ximena Rincón tampoco pueden descontarse. El gabinete es mejor vitrina que el Congreso. En un exceso de entusiasmo, el diputado Fidel Espinoza candidateó incluso al ministro de Interior Rodrigo Peñailillo tras la interpelación de esta semana. El problema es que si ninguno prende, la pole position la siguen teniendo Velasco y Enríquez-Ominami.

El enfrentamiento entre ellos ya comenzó. “Yo no tengo nada que ver con ME-O”, dijo Velasco. Lo acusa de cargarse a la izquierda. Por su parte, Carlos Ominami ha dicho que el ex ministro de Hacienda está “con una pata” en la Nueva Mayoría pero “buscando mucho coqueteo con la derecha”. He allí el dilema. Velasco representa un reformismo gradual y amigo del consenso que satisface paladares más centristas. ME-O reivindica los aspectos más  transformadores del programa de Michelle. Ninguno de los dos tiene la capacidad expansiva de la Presidenta. Si el nombre es Velasco, se desangraría el flanco izquierdo. Si el nombre es ME-O, se corre el riesgo de perder el centro y la DC.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-07-27&NewsID=282883&BodyID=0&PaginaId=11

EYZAGUIRRE: EL TÉCNICO VS EL POLÍTICO

julio 22, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 22 de julio de 2014)

Corría el año 2002 cuando el entonces ministro de Hacienda Nicolás Eyzaguirre encendió la polémica al confesarle a los asistentes a un foro empresarial que en su experiencia “los políticos eran atroces” (aunque mejores que los dictadores, agregó). Eyzaguirre estaba entonces del lado de los técnicos, los que cuidan de la plata y se acostumbran a decir que no.

Catorce años después, su realidad es muy distinta. En Educación, Eyzaguirre está ahora jugando de político profesional. Aprendió a decir que sí a casi todo. Al menos todos los que se juntan con él salen conformes y satisfechos. Su muñeca está sacando músculo.

En una entrevista dominical dijo que la gratuidad universitaria alcanzaría a cubrir “sólo” los primeros cuatro años. Le llovieron las críticas del maximalismo que lo quiere todo y el ministro tuvo que explicarse mejor, lo que en castellano significa desdecirse. No es la primera vez. Hace algunos meses había especulado con que la gratuidad cubriría “sólo” al 70% de menos ingresos. También le llego amonestación y del asunto no se volvió a hablar.

A estas alturas Eyzaguirre debiera captar que con la gratuidad no se juega. No porque sea necesariamente una buena política pública –eso sigue siendo discutible- sino porque está en el corazón de la promesa reformista de la Nueva Mayoría. Ese fue el precio que pagó la vieja Concertación por volver al poder: saciar la sed transformadora del movimiento estudiantil que puso en jaque a Piñera. Con ellos en contra la pista se pone muy pesada. Por eso el Eyzaguirre técnico no tiene mucho futuro en este ajedrez. En cambio, el Eyzaguirre político sigue vivo y coleando aunque en el camino se vaya pegando porrazos.

A fin de cuentas, el ministro sigue el ejemplo de la Jefa. Michelle Bachelet también cometió la imprudencia de decir lo que pensaba respecto a la gratuidad apenas puso un pie en Chile –dijo que era injusta- pero luego la talló con cincel en su programa. Bachelet sabe que la política es un juego de navegantes que para tener éxito deben interpretar hacia donde sopla el viento. Eyzaguirre es su discípulo aventajado. Después de haberse convertido en uno, probablemente ya no piense que los políticos sean atroces.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-07-22&NewsID=282554&BodyID=0&PaginaId=15

EL ENFRENTAMIENTO QUE SE VIENE EN EDUCACIÓN

julio 20, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 20 de julio de 2014)

Ningún demócrata civilizado se niega a los acuerdos por principio. Avanzar sin transar es un pésimo eslogan porque ignora el valor del entendimiento como base de la acción política. Salvo para un par de afiebrados centros de estudiantes, esto es una obviedad. Hasta el presidente del PC Guillermo Teillier ha reiterado que su molestia por el acuerdo firmado entre el gobierno y senadores de oposición en torno a la reforma tributaria no radica en su calidad de acuerdo sino en la forma en que se dio. De hecho, es altamente probable que de haber participado en las conversaciones en la cocina –como las calificó el senador Andrés Zaldívar- hoy estarían defendiendo la nueva versión de la reforma tributaria. Teillier así lo sugiere literalmente.

La reacción de la llamada bancada estudiantil es comprensible bajo la misma lógica. Se habían acostumbrado a amasar mucho poder y de pronto se enteran que los mismos de siempre toman grandes decisiones a sus espaldas. El diputado Gabriel Boric ha dicho que sería histórico que esta vez escucharan a los estudiantes. Pero la verdad es que el movimiento estudiantil escribió la partitura del regreso de Michelle Bachelet y desde entonces ejerce considerable influencia. Parte importante de la discusión actual en educación se ha dado como respuesta a sus petitorios.

Por eso fueron a visitar raudamente al ministro de educación para exigirle que no transigiera en los ejes centrales de la reforma educacional que se viene. Como a ellos, al ala izquierda de la Nueva Mayoría le aterra que Zaldívar y compañía cambien la receta del no al lucro, no a la selección y no al copago en la cocina del poder. O en el comedor de un ex ministro de Piñera.

En cualquier caso, las posiciones en educación están demasiado enfrentadas como para vislumbrar posibilidad de acuerdo. Esto lo dicen incluso en la UDI, donde han supeditado el diálogo a blindar la libertad de educación de los padres e incorporar el ítem calidad y profesores. Pero que en la práctica se vea difícil un consenso no debería hacernos perder de vista que los consensos son generalmente buenos para ampliar la base de legitimidad social de las políticas públicas, como ocurrió en su momento con la nacionalización del cobre.

Piense en el debate sobre el futuro de los colegios particular-subvencionados. Aquí la oposición ha pillado una tecla clave en la inquietud de miles de padres chilenos que no quieren cambios. Esos padres también son parte de la ciudadanía y no es justo desechar sus aprensiones porque no se conforman con el programa. El vocero de Revolución Democrática salió de la oficina de Eyzaguirre diciendo que “la reforma educacional debe ser una victoria de la ciudadanía”. Y tiene toda la razón. La pregunta es si esos padres que hoy representa mejor la derecha también son parte de la ciudadanía. Un acuerdo que los integre también es en teoría uno mejor que uno que los excluya.

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ESPAÑA Y FELIPE VI: A REVERDECER LOS LAURELES DE LA CORONA

julio 18, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 11 de julio de 2014)

Fue una mañana extraña la del jueves 19 de junio. La noche anterior la selección chilena de fútbol venció por dos goles a cero a su símil español, vigente campeón del mundo, condenándola a regresar más temprano de lo previsto a casa. Mientras me regocijaba leyendo la prensa deportiva desde una cafetería en suelo catalán, la televisión transmitía en directo los actos oficiales de la entronización de Felipe VI, nuevo monarca de España. Quizás fue sólo mi impresión, afectada por la fiebre del mundial, pero pude leer la decepción en la cara de varios de los asistentes al magno evento. No digo que haya sido un funeral, pero el español es un pueblo futbolizado que además cifraba grandes esperanzas en su legendario equipo de estrellas. La marraqueta no estaba crujiente ni en los salones ni en las calles de Madrid. Los medios locales consignaron que las banderas y celebraciones fueron apenas “lo justo”.

Estuve tres semanas recorriendo la península ibérica, desde el país Vasco hasta Andalucía, incluyendo sus ciudades principales. Estas son las reflexiones que pude acumular a partir de editoriales, artículos y conversaciones en terreno sobre el inédito proceso político que se lleva a cabo en la llamada Madre Patria.

SERVICIO DE UTILIDAD PÚBLICA

Juan Carlos I fue un rey útil, piensan los españoles. Su legitimidad dinástica –por el lado Borbón, su abuelo Alfonso XIII fue el último monarca antes del advenimiento de la república en 1931- y su legitimidad institucional –fue el heredero designado del dictador Francisco Franco por disposición constitucional- no eran en ningún caso suficientes para un país que parecía haber olvidado su tradición real. Juan Carlos tuvo que ganarse la más difícil de las legitimidades para un monarca en tiempos modernos: la de ejercicio. Y lo hizo. Muy pocos historiadores o analistas reposados restan méritos a su participación en la transición española. A mediados de los setenta se suponía que el tímido y parco Juan Carlos sería la marioneta perfecta del franquismo. Sin embargo dio importantes pasos hacia la democracia y se consolidó como un gobernante reformista. Como la nuestra, la transición española también fue larga. Su primera parte se completó con la llegada de los socialistas de Felipe González al poder en 1982. Se perfeccionó en 1996 con la alternancia que puso al Partido Popular de José María Aznar a cargo del gobierno. Durante todo este tiempo, Juan Carlos fue un rey casi ejemplar: intervino en momentos claves (resistió la intentona golpista de 1981), entendió su limitado rol en el marco de una monarquía constitucional y supo ganarse el cariño de sus súbditos. Sin embargo, parte del capital político acumulado lo dilapidó en los últimos años. Tuvo que pedir perdón por su inexplicable safari en Botswana (tanto por la demencial crueldad de cazar elefantes por diversión como por hacer viajes de lujo en plena crisis económica) y enfrentó un vendaval de acusaciones de corrupción en las cuales su hija –la infanta Cristina- es protagonista. En resumen, con Juan Carlos a la cabeza la corona española se estaba depreciando aceleradamente. Su abdicación fue interpretada como una jugada oportuna para no poner a su sucesor Felipe en una situación aún más complicada.

EL DESPERTAR REPUBLICANO

Una monarquía que se sostiene en su utilidad política contingente y no en principios trascendentales ni escritos sobre piedra bien puede ser reevaluada cuando los tiempos cambian. Al menos eso piensan varios millones de ciudadanos españoles que estiman que en pleno siglo XXI hay pocas razones que sostengan una institución de estas características, sobre todo cuando es hereditaria. Un dato es revelador: casi el 60% de los mayores de 65 años se declara incondicionalmente monárquico, cifra que baja al 50% en los mayores de 45. De ahí para abajo, los monarquistas son minoría. Entre los 18 y los 30 años, los republicanos obtienen su mayor diferencia a favor. Estas cifras tienen una explicación: los que vieron en acción los buenos tiempos de Juan Carlos y pueden dar testimonio de su contribución política tienen una mejor opinión de la corona. En cambio los que sólo han presenciado la historia de una familia real envuelta en escándalos y aprovechamientos en tiempos de normalidad democrática, no le ven mucho sentido al asunto.

Sin embargo en el caso español hay un ingrediente adicional. La bandera republicana –que pude ver ondear sin distinción en los balcones de Bilbao, Pamplona, Girona, Valencia, Cádiz o Madrid- no es neutral en su simbología histórica. Para la izquierda, es el recuerdo vivo de la utópica década de los treinta que acabó de un brutal zarpazo con la Guerra Civil. Ser republicano, entonces, puede significar dos cosas en la España contemporánea: por una parte, aspirar a vivir en un sistema político democrático y civil sin reyes ni reinas como poderes tutelares; por la otra, alimentar la mítica remembranza de la izquierda y su corta república socialista. Es una asociación mental problemática para la causa, que recuerda la estrategia que la derecha chilena usa contra los partidarios de una asamblea constituyente al denominarlos genéricamente como chavistas. Pero aunque sea cierto que la familia republicana va liderada por la izquierda española, es un lote diverso. Los une un sentimiento de repulsión a una serie de privilegios que consideran injustos y anacrónicos. Por ejemplo, les molesta que Juan Carlos tenga en la actualidad un fuero especial que restringe su responsabilidad judicial. Y al igual que los simpatizantes de la asamblea constituyente en Chile, los republicanos tampoco están todos claros y contestes en la definición de la alternativa institucional concreta a la monarquía constitucional: ¿Se debe conservar la figura del Jefe de Estado haciéndolo electivo? ¿Basta con el Jefe de Gobierno? ¿Presidencialismo o Parlamentarismo? No se sabe.

EL DESAFÍO DE FELIPE

El nuevo rey no ignora el escenario y tampoco se hace el desentendido. Dentro de los márgenes de lo políticamente correcto, ha reconocido los problemas que hereda: una monarquía desprestigiada, una hermana imputada por fraude al fisco, una crisis política que se suma a la económica, un ánimo colectivo poco estimulante. Sus primeros pasos han sido fríamente calculados. Para ponerse a tono con los tiempos, optó por una coronación sobria antes que fastuosa. A diferencia de su padre treinta años antes, prescindió de todas las bendiciones eclesiásticas y reafirmó su compromiso con la laicidad del estado. En un guiño a las comunidades autónomas con afanes independentistas, Felipe VI terminó su discurso de posesión agradeciendo en euskera, catalán y gallego. También tuvo sonoras palabras para reivindicar el estándar ético que debe guiar el comportamiento de la realeza (la infanta Cristina, dicho sea de paso, está exiliada de los actos oficiales desde hace buen rato). Por cierto, el vaso siempre se puede ver medio vacío: Felipe VI juró como nuevo rey enfundado en uniforme militar en lugar de atuendo civil, su primera visita oficial fue al Vaticano a besar la mano del Papa, evitó referirse a su territorio como un estado plurinacional (de hecho habló de las “otras lenguas de España” en lugar de llamarlas por su nombre), y no fue explícito en la condena de los actos de corrupción que atosigan a su familia. Pero no se puede pedir todo de una sola vez, piensan los reformistas. El nuevo rey se ha propuesto encarnar una monarquía renovada para los difíciles días por venir. La clave del éxito, según los analistas, está en caminar por la delgada cuerda que le exige dos actitudes que parecen contradictorias: por una parte, mantener la neutralidad política y “reinar sin gobernar” como reza el aforismo; por la otra, tener la audacia de terciar en disputas sensibles que validen la utilidad de su cargo. Nada sencillo.

EL DESAFÍO DE ESPAÑA

Dos cosas me llamaron profundamente la atención en mi recorrido. Primero, la fuerza con la cual se sostienen los anhelos separatistas en el país Vasco y Cataluña. En la bellísima San Sebastián –o Donostia en lengua euskera- vi el partido de España contra Holanda con la enorme mayoría de los parroquianos locales vitoreando cada gol naranja. Los afiches que anunciaban los partidos del mundial evitaban colocar la bandera española. Sobre un espacio en blanco sólo aparecía escuetamente escrito “La Roja”. Tampoco corrí peligro gritando con el alma los goles de Vargas y Aránguiz algunos días después: la Costa Brava también se inclinaba por Chile. En Barcelona fui profusamente abordado por activistas del referéndum que se planea para noviembre de este año. La idea es consultar a los habitantes de Cataluña si acaso les parece una buena idea emanciparse de España y convertirse en un nuevo estado soberano europeo. No es vinculante, reconocen, pero servirá para meter presión, esperan. Aprovecho de mencionar que recién me topé con el merchandising real en Madrid. Ni Bilbao ni Barcelona me sirvieron para encontrar chapitas de la estupenda Letizia. La coronación –como la eliminación de España del mundial- les pasó por el lado.

Lo segundo que traigo a colación es la monotemática –y amarga- conversación sobre la crisis, especialmente en la capital. El gobierno de Mariano Rajoy insiste que el avión de la economía está finalmente despegando. El “paro” –nivel de cesantía- se mantiene en torno al 25%. Esa cifra aumenta dramáticamente en los jóvenes. La calle no parece creerle a las cuentas alegres del oficialismo, que incluso plantea una reforma para disminuir la carga tributaria. El gobierno de Rajoy también hace noticia en las últimas semanas por la modificación de la permisiva ley de aborto que pasó Rodríguez Zapatero en su mandato. No es común que la derecha revierta estos procesos una vez que los ha perdido -¿se imagina usted a la UDI pidiendo la revocación del divorcio en la actualidad?- pero el Partido Popular español tiene una fuerte base conservadora que hace sentir su influencia. Rajoy no es un tipo popular. El problema es que el PSOE agotó sus chances, especialmente después de haber metido a España en el atolladero en que se encuentra. Ambos partidos viven una crisis de liderazgos que anticipa un fuerte recambio generacional después de una larga hegemonía de la cohorte de los González y los Aznar. Es interesante que Felipe VI haya repetido ese concepto hasta el cansancio en su discurso inaugural. El nuevo rey tiene 46 años y es el símbolo de una generación que reclama el bastón de mando en la política y la empresa española.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2014/07/11/080731-espana-y-felipe-vi-a-reverdecer-los-laureles

PIÑERA RECARGADO

julio 14, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 13 de julio de 2014)

Estuvo bravo Piñera en Madrid. Dijo que las reformas de Bachelet iban contra la filosofía de la libertad y fustigó al gobierno por echar a perder los buenos números que teníamos en materia de empleo. En La Moneda no cayeron nada de bien sus comentarios. El código de etiqueta de la decencia republicana impone sobre los ex presidentes un voto de compostura en las opiniones que se vierten sobre el estado del país. La verdad es que en ningún trabajo del mundo se ve muy decoroso salir a criticar al sucesor.

El senador Lagos Weber comentó vía Twitter que no recordaba  otro ex presidente que haya osado criticar al gobierno de turno. Tiene mala memoria. Eduardo Frei dijo que Chile “estaba al borde de la ingobernabilidad” en una serie de entrevistas en Buenos Aires en pleno gobierno de Piñera. Si bien es cierto que Frei era además un senador democráticamente electo –lo que según algunos le habría permitido recuperar el megáfono- en Chile se estila que nuestros ex gobernantes mantienen para siempre ese estatus, que conlleva honores y privilegios pero también responsabilidades políticas. Quizás sea demasiado pedirle a los ex presidentes que se guarden sus opiniones cuando quieren seguir siendo actores de la contingencia. A fin de cuentas la libertad de expresión vale más que la amistad cívica. En cualquier caso, ley pareja no es dura. El doble estándar lo emponzoña todo. Los que reclamaron por la salida de libreto de Frei no pueden defender ahora a Piñera y lo que callaron entonces no pueden llorar ahora.

Porque Piñera no se va a callar. Sus filudas opiniones tienen intencionalidad: está notificando a su sector que sigue vigente. De hecho trató de monitorear desde el extranjero la negociación para reformar el paquete tributario del gobierno. Pero quedó fuera de juego. Allamand y compañía ganaron el quien vive. Los partidos de la Alianza dijeron presente y de pronto la estrategia negacionista del ex presidente se quedó sin piso. Porque a eso estaba apostando Piñera: a contradecir al oficialismo en cada debate relevante. Para eso escribe sendas cartas en los diarios y sus ex ministros se despliegan en los medios. También se entiende mejor que sus leales parlamentarios de Amplitud no hayan participado del acuerdo que se firmó para introducir cambios conversados a la reforma tributaria.

¿Estará haciendo lo correcto Sebastián Piñera si de volver a La Moneda se trata? El sentido común parecía indicar otra cosa: sumergirse un tiempo, evitar el pugilismo y esperar que sus números subieran solitos. Pero pedirle eso al personaje es poco realista. No hay ninguna pista que indique que haya superado su incontinencia o que haya tomado nota de sus limitaciones políticas. De hecho a Piñera le conviene que RN y la UDI tengan dificultades para rearmarse institucionalmente. Mientras menos capaces sean de operar con voluntad propia y más ineficientes sean en proyectar liderazgos alternativos, más posibilidades para este corredor solitario de ser (nuevamente) ungido como única esperanza para recuperar el poder.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-07-13&NewsID=281854&BodyID=0&PaginaId=13

MEME PROHIBIDO

julio 12, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 12 de julio de 2014)

Las autoridades son personajes públicos que por la naturaleza de sus cargos están más expuestos al juicio que el resto de los ciudadanos. La pregunta relevante es si acaso ese costo debe ser estoicamente asumido por los protagonistas o si por el contrario esta vulnerabilidad amerita una mayor protección legal para ellos. El diputado DC Jorge Sabag, junto a otra media docena de colegas, pensó que la segunda respuesta era la correcta. Quisieron aumentar las penas para quienes insultaran a autoridades en internet, incluyendo a quienes difundieran “memes” o bromas gráficas de políticos. Salieron trasquilados: las redes sociales los subieron al columpio sin misericordia. Y merecido se lo tienen.

Distingamos primero la paja del grano. Tanto Bachelet como Piñera fueron escupidos por trastornados que creyeron estar haciendo un punto político. Es razonable que agresores como éstos reciban una sanción proporcional. De la misma manera debiera penarse al que amenaza en forma seria y creíble. Lo que no queda claro es por qué las autoridades deben gozar en este asunto de una protección adicional a la que disfruta el resto de los mortales. Aludir a la “dignidad del cargo” es insuficiente. La función parlamentaria, por ejemplo, ya ostenta una serie de privilegios y no necesita más. Es una señal de sana horizontalidad que su dignidad esté equiparada a la dignidad del ciudadano común y corriente.

Sin embargo el punto más comentado de la llamada #LeyCTM fue la pretensión original de sancionar las ofensas verbales proferidas en la web. Es cierto que las redes sociales, blogs y sitios de comentarios abiertos son campo fértil para mucha gente que prefiere insultar antes que desarrollar un argumento. Son personajes tristísimos que quizás debieran recibir una sanción social de sus pares en la red. Pero entregarle más poder punitivo a los gobernantes en un área tan sensible como la libertad de expresión revela una debilidad típicamente autoritaria. Es paradójico que sus autores hayan querido “adecuar las normas existentes del Código Penal a las nuevas condiciones sociales” producidas por la proliferación de nuevas tecnologías y medios de comunicación alternativos. Son justamente las nuevas condiciones sociales las que hacen absolutamente insostenible la censura y la mordaza. La plaza pública digital es un territorio anti-autoritario abierto que enseña a fortalecer la tolerancia ante las barbaridades que podemos encontrar. Haber pensado en restringir la creatividad espontánea de los memes da cuenta de lo perdidos que estaban nuestros legisladores. Por lo demás, el humor, la parodia y el sarcasmo pueden constituir una elegante, ingeniosa y efectiva manera de transmitir una idea. Inmunizar a los parlamentarios de ese espacio de potencial crítica es sencillamente dictatorial.

El broche de oro lo puso el propio diputado Sabag. Al retirar el proyecto –transformándose él mismo en fuente inspiradora de una interminable cadena de memes- les echó la culpa a sus asesores por la mala redacción y dijo que no había alcanzado a leerlo antes de ingresarlo. Un ejemplo de irresponsabilidad por partida doble: negligencia en el trabajo legislativo para el cual fue elegido e incapacidad de asumir la responsabilidad política por su equipo. El atenuante es que atinó a tiempo (o hicieron que atinara, que es probable). Con crueldad quirúrgica, su colega Giorgio Jackson usó el caso para recordó su iniciativa de bajar la dieta parlamentaria. Después de estos episodios dan ganas de estar de acuerdo con él.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-07-12&NewsID=281826&BodyID=0&PaginaId=14

AMPLITUD TIENE LAS LLAVES

julio 6, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 6 de julio de 2014) 

Allamand sugirió una vez, hace muchos años, que RN tenía las “llaves de la transición”. Lo que quería decir el entonces líder de la derecha liberal era que la única posibilidad de construir grandes acuerdos útiles para Chile pasaba por un entendimiento entre la mayoría concertacionista y el grupo moderado de RN que él representaba. Con la UDI de los noventa no se podía contar: siempre estarían en contra de todo. Tiempo después el escenario cambió. La llegada de Lagos a La Moneda y el ascenso del lavinismo le dieron un poder insospechado al gremialismo. Los dirigentes de la UDI, principalmente Longueira, reclamaron entonces la custodia de las llaves de los grandes acuerdos políticos. En pleno 2014, esas llaves ya no las tiene ninguno de los viejos socios de la Alianza. A juzgar por el acuerdo que se selló esta semana para modificar el porfiado sistema binominal, el actor bisagra que puede hacer la diferencia se llama Amplitud.

A diferencia de la UDI y RN, Amplitud es un pueblo chico. Un senador y tres diputados, apenas. Ni siquiera son un partido con todas las de la ley. Son un movimiento de renegados que quieren alejarse del conservadurismo de la derecha tradicional. Se declaran de oposición, pero constructiva. Hacen de esa manera una distinción entre ellos y el tronco de donde provienen. Inteligentemente se comparan con el PRO de Marco Enríquez y la Fuerza Pública de Andrés Velasco. Es decir, alimentan la sensación de que se puede ser opositor sin estar en la derecha que encuentra todo malo.

Como era previsible, a la nueva directiva de RN no le gustó para nada que los parlamentarios de Amplitud llegaran a un acuerdo con el gobierno a sus espaldas. Acusan al ministro de Interior de llevar conversaciones paralelas. Si bien es cierto que un acuerdo con RN le habría dado aún mayor base política al entendimiento, con esta jugada Peñailillo notifica a la derecha que nadie es imprescindible. En un panorama líquido como el chileno, las llaves no tienen nombre (de hecho, acuerdos similares firmó el gobierno con los diputados independientes Sepúlveda, Jackson y Mirosevic). Amplitud también envía un recado: sus votos son pocos pero decisivos. Y justifica la escisión: no tiene sentido irse de un partido para seguir haciendo lo mismo.

Más allá, hablando sola, sigue la UDI. Sacó un nuevo panfleto haciendo alusión a la idea de aumentar parlamentarios: “Estamos bien en la Cámara los 120”. A primera vista es simpático. Pero no lo es tanto. Los mineros no se encontraban tan cómodos como los inquilinos del Congreso y lo único que querían era salir de ese hoyo negro. El mensaje suena además bastante excluyente, como si no quisieran que más manos se unieran a la construcción democrática. Pero en rigor la UDI no habla sola: le habla al elector duro de su sector y le recuerda que sólo existe un auténtico defensor del modelo político y económico en tiempos en los cuales el rancho es apedreado. Ya no le interesan las llaves sino los candados.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-07-06&NewsID=281322&BodyID=0&PaginaId=12

¿ES JUSTA LA SELECCIÓN ESCOLAR?

julio 3, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 27 de junio de 2014)

Hace algunas semanas, siete centros de pensamiento de la derecha chilena suscribieron una columna criticando los pilares centrales de la reforma educacional que propone Michelle Bachelet. Me quiero concentrar en sólo uno de ellos: la posibilidad que los establecimientos seleccionen a sus alumnos. Como expresan los firmantes, la selección por criterios académicos está permitida en Chile a partir de séptimo básico. Ello les parece una buena idea, pues sería “una forma de dar mejores alternativas de educación a alumnos especialmente esforzados o con talentos específicos (música, ciencia, deportes, etcétera)”. El artículo no profundiza en otros criterios a través de los cuales también –en la práctica- se selecciona. Por un lado, la capacidad de pago de los padres funciona como filtro en los colegios particular-pagados y subvencionados con financiamiento compartido. Por otro lado, como ha sugerido la jerarquía eclesiástica, los proyectos educativos deberían reservarse el derecho de admitir a quienes comparten su línea editorial. Aquí operaría un tipo de selección por motivos religiosos. ¿Es justa la selección por alguna de estas razones?

La intuición meritocrática nos lleva a contestar afirmativamente: la selección por rendimiento permite identificar buenos prospectos que en teoría podrán desplegar mejor sus capacidades en entornos más competitivos. Es, sin ir más lejos, la historia que la UDI trató de contar acerca de Laurence Golborne: un niño que destacó en su liceo maipucino y accedió –como premio a su esfuerzo- a un establecimiento capitalino emblemático. Allí compartiría aula con otros igualmente talentosos. Para la filosofía del mérito, el cielo es el límite: privar a los Golbornes de Chile de la posibilidad de abandonar la mediocridad del origen en busca de mayores desafíos es sinónimo de cortarles las piernas.

Es una teoría atractiva para todos quienes tenemos respeto por la libertad de las personas y creemos que una sana competencia es capaz de pulir nuestras capacidades. Pero presenta dos problemas que sería deshonesto soslayar. Primero, uno de justicia. Los niños que obtienen buen rendimiento académico no se lo deben todo a su esfuerzo. Parte importante se la deben al contexto en el cual nacieron y se criaron. Llamémosle capital cultural heredado. Un niño que crece en una habitación con libros ya tiene un acercamiento distinto al conocimiento que uno que jamás tuvo acceso a esos recursos familiares. Por lo tanto, lo que hace un establecimiento al seleccionar por rendimiento académico no es necesariamente premiar al niño talentoso o esforzado. La realidad es que aprovecha otra información que no tiene mucho ver con el mérito sino con las favorables condiciones del seleccionado. La segunda consideración es más bien utilitaria. El spot de Golborne no decía nada sobre sus compañeros de liceo que se quedaron en Maipú. Según entiendo, hay argumentos que sobre base empírica sostienen que lo mejor en términos educativos es que los mateos no abandonen su lugar de origen. El resto del curso ganaría mucho teniéndolos cerca. El dilema ético es cuánto sacrificio le estamos pidiendo a los pocos mateos de Chile en beneficio de la mayoría que no lo es. El caso de los colegios que identifican talentos especiales es un buen ejemplo: Billy Elliot jamás habría llegado a ser el gran bailarín en el que –suponemos- se convirtió, si se hubiera quedado en una pequeña ciudad minera de Durham en lugar de embarcarse a Londres a codearse con los mejores. Por todo lo anterior, no debería sorprendernos que en este punto la derecha y la dirigencia del Instituto Nacional tengan un margen de acuerdo.

La selección por capacidad de pago presenta otros tantos problemas. Es una obviedad mastodóntica que segrega socialmente. La pregunta es si acaso los niños de Chile deben atenerse a la suerte financiera de sus padres a la hora de construir su propio futuro. El objetivo del gobierno al eliminar el copago es justamente erradicar una fuente de selección que parece injusta: seleccionar por plata suena peor que seleccionar por notas. Por cierto, sabemos que los padres están dispuestos a todo por favorecer las condiciones de partida de sus hijos. Haciéndose cargo de ese impulso perpetuador de la herencia, la derecha defiende la libertad de los padres de poner más dinero sobre la mesa para mejorar la educación de sus hijos. Pero como dice Fernando Atria, “proteger el derecho de los padres a aportar es (proteger la libertad) de los establecimientos de excluir al que no puede aportar”. Estaremos de acuerdo que defender lo segundo es defender una selección que no tiene ninguna relación con el mérito. El zapato chino para el gobierno es que, si quiere ser coherente con su teoría, su reforma debiera incluir a los colegios particular-pagados. Así se lo ha exigido la izquierda extra-Nueva Mayoría. Pero es extremadamente poco probable que alguien se atreva a meterse en el gallinero de la elite chilena, donde por cierto estudian los hijos de casi toda la clase política incluidos los gestores de la reforma.

Finalmente, está la selección que promueve la Iglesia. Ésta insiste en la importancia que los padres escojan entre una diversidad de alternativas que honre el carácter pluralista de la sociedad. El problema, una vez más, es que los sujetos aceptados o rechazados –los niños- no tienen nada que ver con el criterio utilizado. Como insiste hasta el cansancio Richard Dawkins, no existen los niños católicos, los niños evangélicos o los niños ateos. Hasta que tengan edad suficiente para pensar por sí mismos, son sólo niños de padres católicos, evangélicos o ateos. Por tanto es una selección que tampoco apela a sus méritos, preferencias, talentos o esfuerzos. Por si fuera poco, seleccionar sobre base religiosa en una estructura educativa que se financiará enteramente con recursos públicos (una vez terminado el copago) en un país nominalmente laico es otra dificultad evidente. Esto no significa, como ha señalado el ministro Eyzaguirre, que no puedan seguir funcionando colegios de orientación religiosa con fondos del estado. Sólo significa que si reciben dichos fondos no podrán dejar afuera a los niños que no pueden acreditar bautismo ni matrimonio religioso de los papás.

En resumen, la selección es un tipo de discriminación –uso el término en sentido neutro- que presenta muchas complejidades normativas. Nuestras intuiciones meritocráticas son importantes: percibimos que es justo garantizar oportunidades a quienes destacan cualquiera sea su origen y aceptamos tener una elite intelectual que se haya ganado ese lugar a punta de esfuerzo. Lo que debiéramos hacer es mirar con más cuidado si acaso es realmente el mérito individual es que opera cada vez que se discrimina en nombre de las notas, la plata o la fe.

EL INCÓMODO REGALO BOLIVIANO

julio 1, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 29 de junio de 2014)

Tiene bastante razón el canciller chileno Heraldo Muñoz: el regalito del gobierno boliviano a las delegaciones presentes en el G77 envuelve una inequívoca señal “inamistosa” hacia nuestro país. Que el artefacto en cuestión marque la hora al revés no tiene ninguna relevancia para estos efectos. Bolivia acaba de instalar sendos relojes en sus oficinas públicas donde las manecillas se mueven hacia la izquierda en lugar de hacia la derecha. Según ellos, se trata de un símbolo de rebeldía sureña ante los patrones culturales que impone el norte del planeta. Es un gesto político curioso. Algunos lo consideran una ridiculez o un infantilismo. Otros lo miran como una bonita afirmación identitaria. Como sea, encarna el anhelo refundacional que caracteriza al eje bolivariano del continente. Al menos han tenido la delicadeza democrática de permitirles a los ciudadanos altiplánicos la libertad de conservar sus relojes convencionales.

Pero Heraldo no dispara contra la forma como nuestros vecinos miden el paso del tiempo. El reloj obsequiado por la diplomacia de Evo Morales viene incrustado en un trozo de madera con los contornos del territorio boliviano. Y ahí, como un apéndice cayéndose al océano pacífico, está incluida la región de Antofagasta. Es decir, el regalo de Bolivia abusa de una triquiñuela cartográfica haciendo pasar por propio un pedazo de tierra que es (al menos por ahora) legalmente ajeno. Esto no debería sorprendernos demasiado. Muchos países lo hacen como una forma de reivindicar lo que ellos creen es un derecho histórico. Lo que le molesta especialmente a Chile es que sus pares bolivianos estén haciendo un provocativo lobby en una instancia donde supuestamente no lo harían.

Esto del lobby en los foros multilaterales está siendo medio traumático para Chile. Después de la experiencia con Perú en La Haya, muchos se quedaron con la sensación de que el estado chileno pudo jugar mejor sus cartas en el plano de las relaciones públicas, donde los peruanos nos habrían sacado mucha ventaja. La verdad es que no hay forma de medir ni de comprobar que las estrategias comunicaciones se traduzcan en fallos judiciales. Bien puede ser un mito al cual nos hemos acostumbrado en la necesidad de encontrar culpables y explicaciones a nuestras frustraciones diplomáticas.

Sin perjuicio de lo anterior, esta vez Chile quiere cerrar el flanco político. Es mejor que sobra a que falte, parece ser la consigna. Para eso la cancillería ha elaborado un folleto con los argumentos chilenos frente a la pretensión boliviana. La idea es que nuestros representantes y embajadores a lo largo y ancho del globo lo vayan socializando como el evangelio. Evo, por su parte, recuerda a los chilenos que su rollo no era con Piñera sino con La Moneda, fuese quien fuese su ocupante. El asunto del reloj subversivo con protuberancias territoriales es un canapé de la contienda que se viene.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-06-29&NewsID=280812&BodyID=0&PaginaId=28


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