LAS RAZONES PARA UNA NUEVA CONSTITUCIÓN

noviembre 20, 2014

por Daniel Brieba (publicada en T13 el 19 de noviembre de 2014)

Las razones para una nueva Constitución

Se acerca 2015, y la discusión sobre una nueva Constitución ya ha empezado a calentar motores. El gobierno cuenta con un claro mandato electoral para iniciar conversaciones al respecto. Sin embargo, una cosa es ganar una elección prometiendo (entre otras cosas) iniciar un proceso que lleve a una nueva Constitución, y otra distinta es lograr formar los acuerdos suficientemente amplios, profundos y estables en el tiempo como para llevar dicho proceso a buen puerto.

Por ello, lejos de haber terminado con la elección, el trabajo de convencer a la ciudadanía de la deseabilidad e importancia de una nueva Constitución recién comienza. En este sentido, es importante revisar la plausibilidad del diagnóstico y de los argumentos que se han dado para ello.

Sin pretender abarcar todos los argumentos dados, me parece que en lo esencial los partidarios de una nueva Constitución han dado tres tipos de argumentos a su favor:

a) necesitamos una nueva Constitución porque debemos cambiar de manera fundamental nuestro ‘modelo’ socioeconómico (pasando, por ejemplo, de un Estado ‘subsidiario’ a un Estado ‘social y de derecho’);

b) necesitamos una nueva Constitución porque debemos cambiar las reglas fundamentales de nuestra democracia (por ejemplo, eliminando los súper-quórums, reconociendo derechos y/o autonomías indígenas, o descentralizando territorialmente el poder);

c) necesitamos una nueva Constitución porque sólo así (y acaso sólo si se realiza mediante Asamblea Constituyente) podremos solucionar la crisis de legitimidad y representación que afecta a nuestra política.

En la justificación más típica de la nueva Constitución, los tres argumentos van íntimamente de la mano: se nos dice que porque la dictadura impuso un modelo neoliberal y lo amarró políticamente con mecanismos contramayoritarios y otros dispositivos, dicho modelo no ha podido cambiarse y es por ende la raíz del descontento político y social actual; y por ello, a su vez, se necesita cambiar tanto el modelo económico-social como el político.

Recién ahí podría solucionarse el descontento social rampante. Sin embargo, y si bien dicha interpretación unitaria es posible, no es en ningún caso necesaria: perfectamente se puede estar de acuerdo (o no) con algunos de estos argumentos y no con otros.

Por ejemplo, alguien podría perfectamente estar de acuerdo con b), sin estar de acuerdo con a), o viceversa; o bien de acuerdo con c), sin comprometerse sustantivamente con una posición respecto a a) o b); y así sucesivamente.

Pero en la justificación estándar, los tres puntos parecen ir necesaria e indisolublemente juntos. Ello puede facilitar la narrativa, pero es conceptualmente confuso y políticamente de doble filo, pues tiende a forzar una lógica binaria: o estás con nuestro diagnóstico y por ende con la nueva Constitución, o estás reaccionariamente contra ella y a favor del status quo.

Personalmente, tiendo a pensar que el argumento a) tiene más de retórica que de sustancia, pues la capacidad de una constitución de asegurar mínimos sociales por sí sola es muy limitada; al final del día, son las fuerzas políticas en el Congreso y en el Ejecutivo las que controlan la manija presupuestaria y las herramientas de gestión indispensables para concretizar o no políticas en dicho sentido. A los griegos de poco les sirvió que su Constitución consagrara el derecho al trabajo cuando llegó la crisis económica.

Por su parte, c) descansa sobre supuestos profundamente cuestionables. ¿Quién dice que si mañana tenemos una nueva Constitución, pero los partidos, las prácticas y los protagonistas de la política siguen siendo los mismos de antes, no tendremos los mismos problemas que tenemos ahora?

¿Acaso la crisis de representación no tendrá que ver más con el deterioro organizacional de los partidos, con su falta de prácticas democráticas, con la ausencia de transparencia en su financiamiento y en el de las candidaturas, con las lógicas caudillistas y clientelares que los permean, con la opacidad del lobby, y con la percepción de que nuestra política ha sido capturada por las élites? Pues de ser así, la reforma electoral, la reforma al financiamiento de la política y la reforma a la ley de partidos aparecen bastante más atingentes como antídoto a una crisis de representación que una integral (y muchísimo más larga, incierta y difícil) reforma a la Constitución.

¿Significa esto que estoy en contra de una nueva Constitución? En absoluto, pues sí comparto b). En efecto, creo que nos merecemos una Constitución nacida en democracia, fruto de un consenso amplio, y para ello por cierto que requerimos de un debate profundo sobre las reglas que rigen nuestra convivencia.

Qué duda cabe que la deuda democrática de nuestras constituciones recorre como un hilo rojo toda nuestra historia republicana. Las constituciones pueden ser burdos y pobres elementos para lograr igualdad socioeconómica, pero en cambio sí tienen mucho que decir a la hora de materializar la igualdad política; y en ello nuestras instituciones actuales tienen serios déficits.

Por ello, la redistribución del poder político- entre centro y periferia, entre mayorías y minorías, entre hombres y mujeres, entre Ejecutivo y Legislativo, entre el Estado y los ciudadanos- es una tarea pendiente y necesaria para aproximarnos de modo más decidido hacia un ideal de igual ciudadanía.

No obstante, la complejidad y profundidad de los acuerdos que ello requerirá (pues una Constitución es un acuerdo de largo plazo entre la mayoría y la minoría), sugieren que es mejor concebir esta nueva Constitución no como un “arreglo” de corto plazo (y por ende, apurado) para nuestros actuales problemas políticos, sino que como el punto de llegada de un proceso político mucho mayor y sostenido en el tiempo.

Link: http://www.t13.cl/blog/la-imaginacion-democratica/las-razones-para-una-nueva-constitucion

LA BESTIA NEGRA DE BACHELET

noviembre 17, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 17 de noviembre de 2014)

Durante su primer mandato, la implementación del Transantiago fue el peor dolor de cabeza de Michelle Bachelet. Los capitalinos recordamos bien ese amargo trance: colas interminables, angustia social, sensación de indignidad. La falla del metro –la más grande en su historia- trajo a la memoria todos esos fantasmas. Y para peor, otra vez le toca a Bachelet.

El gobierno ya estaba enfrentando un escenario político complicado por la resistencia que han provocado sus propias reformas emblemáticas (tributaria y educacional). A lo anterior se suma un panorama preocupante de desaceleración económica y una creciente sensación de inseguridad ciudadana. Lo único que faltaba era seguir profundizando el descontento con el sistema de transporte público, que ya estaba en la zona roja de la evaluación ciudadana. Ahora la tormenta es perfecta. Después de ver las escenas que se vivieron en la caótica jornada del pasado viernes, no es osado aventurar que el gobierno bajará uno que otro punto más en Santiago.

Entendiendo la magnitud del problema, el Ejecutivo dispuso medidas de contingencia que en general han sido bien evaluadas. Pero éstas sólo mitigan la rabia de tantos. Para aplacar la sed de sangre, se ofreció la cabeza del presidente de Metro. Alguien tenía que tomar la responsabilidad por el desaguisado y el hilo se cortó por lo más delgado. No había mucho más espacio de maniobra. Una de las cosas que más molestan al ciudadano común es la percepción que en política nadie asume costos.

Por supuesto, siempre se puede hacer más. Al igual que en el caso del terremoto de 2010, algunas voces sugirieron que Bachelet se demoró demasiado en exigir la colaboración de los militares para transportar a las hordas de acalorados santiaguinos que deambulaban por el centro como en un apocalipsis zombie. Ignoro si aquella era una buena idea. El punto es otro: estos episodios reviven el escepticismo en la capacidad del gobierno de controlar proactivamente situaciones sociales difíciles.

La bestia negra de Bachelet, el transporte público, está de vuelta. Con ella regresan varios fantasmas que la presidenta quisiera exorcizar de una buena vez. Ella y su ministro del ramo han señalado que no escatimarán recursos en resolver los problemas pendientes. En la nuca les respira un Ricardo Lagos Escobar que se reinventa con su obsesión por la planificación urbana y la infraestructura. Porque la desigualdad no se combate sólo interviniendo en los colegios. Se expresa violentamente en las condiciones diarias en las cuales nos desplazamos y regresamos de nuestros lugares de trabajo.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-11-17&PaginaId=39&bodyid=0

LA SEGUNDA PATITA DE MICHELLE

noviembre 16, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Edición Aniversario de Las Últimas Noticias del 13 de noviembre de 2014)

Siete meses han pasado desde que Michelle Bachelet retomó las riendas políticas del país. A esta fecha, ocho años atrás, la presidenta ya cargaba con un pingüinazo y cambio de gabinete a cuestas. En términos de popularidad, sin embargo, se encontraba en un rango muy similar al que habita actualmente. Porque si bien el año ha transcurrido con menos dramatismo y damnificados que aquel 2006, el 2014 no ha sido una taza de leche. Es el año en que la Presidenta ha tensionado el ambiente anunciando ambiciosas transformaciones.  

Es ahora o nunca, parece pensar Bachelet. El primer gobierno le llegó de sorpresa. Su función fue llevar a buen término el prolífico ciclo concertacionista, con el simbolismo de ser la primera mujer gobernante de este rincón del planeta. Su mayor desafío fue sortear la crisis financiera internacional. Y cumplió. Esta vez es distinto: la fueron a buscar a Nueva York para encarnar esos sueños de igualdad que parecían dormidos y que la calle habría despertado en tiempos de Piñera.

Por eso hay que hacer que el retorno valga la pena. La vez pasada, lo mejor del gobierno de Bachelet en términos políticos fue su propia elección como presidenta. Esta vez habrá que hacer un esfuerzo adicional y tirar más carne a la parrilla: nuevos proyectos emblemáticos, más reformas estructurales. De eso se trata el espíritu refundacional que a veces anima el discurso de la Nueva Mayoría: en muchas áreas hay que entrar a picar. Por lo mismo, para la oposición de derecha esta versión de Bachelet es más peligrosa que la anterior. Esta Michelle está decidida a romper un par de huevos para hacer la tortilla.

No se le puede pedir a Bachelet que gobierne como la primera vez. No sabemos todavía si en este caso la segunda parte será buena o mala. Lo que sabemos es que será distinta.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-11-13&PaginaId=26&SupplementId=46&bodyid=0

POR QUÉ BAJA LA POPULARIDAD DE BACHELET

noviembre 10, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 9 de noviembre de 2014)

Por primera vez desde que asumió en marzo pasado, la desaprobación de la Presidenta Bachelet (47%) supera su aprobación (45%). Al menos es lo que indica la encuesta Adimark conocida esta semana. Lo preocupante no es la diferencia entre ambos números –que no es estadísticamente significativa- sino la progresiva tendencia a la baja. La evaluación favorable de la conducción gubernamental viene cayendo desde hace algunos meses. Algo habrá que hacer para revertir dicha tendencia. Pero para saber qué hacer, primero hay que interpretar las razones del descontento.

Una alternativa es culpar a la situación económica. En efecto, las autoridades han reconocido que la cosa no anda tan bien como quisieran y que hay que tomar medidas para estimular la inversión y el consumo. Los escenarios de crisis no siempre son sinónimo de baja aprobación presidencial. En su anterior mandato, la propia Michelle Bachelet se disparó en términos de popularidad cuando la economía empezó a portarse mal. La gente premió la gestión de su equipo de finanzas para navegar las aguas turbulentas sin naufragar. Ella transmitió protección ante la vulnerabilidad.

Quizás ése es el verdadero problema hoy. Todas las grandes reformas introducen incertidumbre en el ambiente. La tributaria y la educacional no son la excepción. Pueden ser buenas reformas, pero los seres humanos reaccionamos con algo de escepticismo y miedo ante importantes cambios en las reglas del juego. El rol de la autoridad es entender y acompañar ese sentimiento, proyectando seguridad y protección, sin descalificar las aprehensiones. Dicho de otra manera, la percepción de la ciudadanía no se juega necesariamente en la evaluación de los números de la economía sino en la manera en que se enfrentan políticamente.

Por eso también es complicado que aumente la sensación de inseguridad ciudadana en las calles. La narrativa del miedo debilita la imagen de la autoridad porque se la percibe débil. La figura maternal y protectora de la Presidenta se resiente si se instala la idea de que Chile es un despelote.

Finalmente, se ha observado un importante descenso en la popularidad de Bachelet en los sectores socioeconómicos más bajos. Al adoptar el libreto del llamado movimiento social, la Nueva Mayoría “clase-medianizó” la agenda. A fin de cuentas, anhelos como los de carreras universitarias gratuitas no son precisamente los que les quitan el sueño a los más pobres del país. Ellos tienen otras urgencias. Chile aun no derrota la pobreza. En este segmento se encuentra el apoyo más incondicional de la Presidenta. Si no quiere seguir alejándose de ellos, debe volver a hablarles a la cara sobre sus temas y sus carencias.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-11-09&PaginaId=13&bodyid=0

ARENAS EN EL PAÍS DE LOS EMPRESARIOS

noviembre 4, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 30 de octubre de 2014)

Se le veía algo incómodo al ministro. No estaba en su salsa, como se dice. El ChileDay suele ser el paseo de curso de los empresarios. Y Alberto Arenas no es muy querido en ese lote. Pero le hizo empeño. Su alocución final fue enternecedora: les pidió mantener en Santiago el clima de cordialidad y diálogo respetuoso que habían logrado cultivar en Londres. En otras palabras, les pidió que siguieran siendo amigos y que no volvieran a hacerle bullying una vez pisado territorio nacional.

Arenas apenas cambió el libreto gubernamental para no desafinar en un evento que tiene por objeto atraer inversión extranjera –además de solazar a los visitantes, por cierto. En su intervención central se refirió especialmente a la importancia de las alianzas público-privadas, lo que no suele ser tema en la agenda de transformaciones del gobierno. Al mismo tiempo, insistió en la capacidad de las instituciones chilenas de combinar crecimiento económico con una progresiva reducción de la desigualdad. El ministro trató de transmitirle a la audiencia local que a nuestro país le había llegado a la hora de adoptar un capitalismo inclusivo y sustentable. Es decir, que ya no éramos un paraíso tributario ni un conejillo de Indias para experimentos neoliberales. En eso fue keynesianamente honesto: subrayó la necesidad de ajustar la carga tributaria a niveles OECD, de inyectar recursos públicos en ritmos contracíclicos, de fortalecer las regulaciones financieras y darle músculo a las superintendencias.

Pero la luna de miel duró menos de lo que dura el verano británico. El prestigioso medio The Financial Times no le compró al ministro Arenas y señaló que nuestra economía encarnaba la típica mediocridad del escenario global, básicamente porque nuestras expectativas de crecimiento eran bajitas en comparación a lo que hicimos en otros lustros. Los empresarios –y la derecha política, por cierto- aprovecharon la oportunidad para volver a columpiar al gobierno de Michelle Bachelet y particularmente al encargado de las finanzas públicas.

Mi impresión es que ha llegado el momento de reconocer que esta administración no posee una bala de plata para conseguir todos los objetivos a la vez y tiene que transparentar por cuál de ellos va a optar. Digamos las cosas como son: el crecimiento económico no es meta prioritaria en el relato político de la Nueva Mayoría; este gobierno tiene como norte reducir la desigualdad. Lo segundo es más relevante que lo primero. No es un juicio de valor, sino una descripción de su configuración ideológica. Evidentemente, si se puede reducir la desigualdad y al mismo tiempo generar las condiciones para que todos seamos más ricos, genial. Pero si eso no resulta y a consecuencia del bajo crecimiento todos nos volvemos un poco más pobres pero más iguales, bienvenida sea esa segunda opción. Si esto es correcto, ésta es la primera administración auténticamente socialista en décadas.

El ministro Arenas se desgasta explicando que la culpa de tener una economía a media máquina la tienen los factores externos. Puede que tenga razón, pero ése no es el meollo del asunto. El corazón de la discusión –y Arenas bien lo sabe- está en otra parte: podemos ser mediocres a la hora de crecer, pero por mandato político debemos ser exitosos en construir una sociedad más igualitaria.

La derecha y la vieja Concertación apostaron a una combinación de crecimiento y políticas públicas focalizadas. Fue un consenso que le dio a Chile años de prosperidad envidiable en el barrio. Los ricos se hicieron más ricos. Pero no era un problema, moralmente hablando, porque al mismo tiempo reducíamos sistemáticamente el número de compatriotas viviendo bajo la línea de la pobreza. En términos grueso, la mano invisible funcionó.

Ese consenso se perdió. El océano insondable de la clase media exigió que los de arriba no siguieran subiendo. Se instaló la narrativa de los derechos universales. De los pobres e indigentes –que todavía quedan- ya no se acuerda casi nadie. Ninguna de las grandes demandas sociales del último tiempo los tiene a ellos por protagonistas. La reforma educacional contribuirá sin duda a detener el venenoso proceso de segregación de la sociedad chilena, pero es poco probable que ayude a los que menos tienen. La selección, el lucro y el copago son la marca del modelo particular-subvencionado, no del municipal.

En conclusión, no tiene mucho sentido que Arenas siga esforzándose en el malabarismo retórico. A los gobiernos de derecha se les pide alto crecimiento, bajo desempleo y mano dura contra la delincuencia. A los de izquierda se les pide que al finalizar entreguen un país menos desigual que el que encontraron. El bullying de los empresarios debería resbalarle al ministro. No está en su puesto para caerles bien, sino eventualmente para evitar que se sigan haciendo más ricos. Es duro reconocerlo, pero es una tesis enteramente plausible.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2014/10/30/101020-arenas-en-el-pais-de-los-empresarios

EN DEFENSA DE LA CONFEPA

noviembre 2, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 2 de noviembre de 2014)

Existen dos maneras de ganar un debate político. Una es demostrar que los argumentos propios son mejores que los contrarios. La otra es minar la credibilidad del adversario. Ésta estrategia parecen haber adoptado algunos dirigentes estudiantiles respecto de la Confederación de Padres y Apoderados, sus rivales en la discusión por la reforma educacional. La Confepa, como se le conoce, habría incluido en su listado de adherentes a algunos colegios que jamás se suscribieron. Trampeando su verdadera convocatoria, la Confepa sería menos representativa de lo que dice ser.

Es un punto válido. Muchas organizaciones se suben por el chorro y dicen representar a más gente de la que realmente representan. Eso no es bueno. De hecho, no es muy distinto a lo que decía la derecha respecto de las movilizaciones estudiantiles del 2011 y sus voceros: que la Confech sólo hablaba por una porción de los universitarios, que las mismas federaciones estudiantiles eran elegidas con escasísima participación, o que las asambleas donde se decidía salir a la calle estaban precocinadas. Todas estas acusaciones eran –y son- parcialmente ciertas. Pero no sirvieron ni para hacerle cosquillas al movimiento, que tenía una narrativa política potente y distintiva.

Desde la izquierda también ironizan que la Confepa es un apéndice de la UDI, financiada y montada por el gremialismo como caballito de batalla contra el proyecto emblemático del gobierno. En efecto, en las reuniones de la Confepa es posible divisar uno que otro parlamentario de derecha e incluso democratacristianos. ¿Es ése un problema? No necesariamente. Varias federaciones estudiantiles están dirigidas por jóvenes militantes partidarios. En mis tiempos universitarios, era impensable asistir a una Confech que no estuviera digitada por operadores de los partidos tradicionales. Aunque ciertamente más solapada, la asociación entre la derecha y la Confepa es igualmente válida.

Todo lo anterior sin mencionar la caricatura que se ha hecho de estos padres y apoderados: una nueva clase media arribista, aspiracional y egoísta. Pero concentrarse en el puñado de colegios que nunca firmó el acta de incorporación, en sus lazos políticos o en el carácter moral de sus integrantes no es la mejor forma de hacerse cargo de los argumentos de la Confepa. En efecto, muchos de ellos “no se quieren mezclar” y se resisten a que el Estado los obligue. Es una posición controvertida que apunta al corazón de nuestros problemas de integración social. Pero también refleja instintos de protección filial y percepción de logro que no son fáciles de despachar. Los que quieran ganarle este verdadero debate cultural a la Confepa deberían tomar en serio estas consideraciones antes de optar por la estrategia de restarles legitimidad.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-11-02&NewsID=292414&BodyID=0&PaginaId=13

BULLYING A LA DC

octubre 26, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 26 de octubre de 2014)

“Los hechos ocurridos son muy preocupantes… la relación se ha ido deteriorando” dijo el jefe de bancada de los diputados DC, Matías Walker. Su hermano mayor, el senador y presidente democratacristiano Ignacio Walker refrendó la sensación ambiente: “No ha sido una buena semana”. Vaya que no lo fue.

Partió con la Cancillería confirmando en su puesto al comunista Eduardo Contreras, embajador en Uruguay. En una entrevista que dio la vuelta al continente, Contreras se refirió en términos muy poco amistosos a sus socios de la DC, metiendo el dedo en la vieja llaga del apoyo al golpe de 1973. Como era de esperarse, los portavoces falangistas hicieron sentir su molestia y más de alguno exigió la salida del embajador. No les concedieron el favor.

Días después, varios de sus diputados votaron en contra de la indicación que sancionaba con cárcel a quienes lucraran con la educación. Razonablemente, a varios les pareció algo excesiva la pena. Pero su colega –otra vez comunista- Karol Cariola les sacó la foto y publicó en su cuenta de Twitter la lista de todos los que abandonaron la ortodoxia de la Nueva Mayoría, agregando que le daban vergüenza. Como también era previsible, fueron crucificados por “traidores” en las redes sociales.

Luego vino el turno del escasamente sutil Fidel Espinoza. El diputado PS subió a la red una foto de hace 20 años donde aparecía el timonel de la DC junto al entonces comandante en Jefe del Ejército Augusto Pinochet. La transformó en un meme, agregando la leyenda “Ignacito, cuando yo no esté, usted debe seguir con el modelo”. A lo que un jovencísimo y risueño Walker supuestamente respondía “Sí Tata”. Es decir, odioso por donde se le mire. Asociar a un aliado político con Pinochet es evidente juego sucio. Pero no faltan los que enganchan.

Mala semana para la DC. Pero eso es un detalle. Lo complejo es que la dinámica de resolución de diferencias está resultando demasiado áspera y este gobierno está recién comenzando. A la distancia ideológica que separa a la izquierda oficialista de la DC ahora hay que sumarle una continua dificultad para relacionarse civilizadamente. El embajador Contreras no mintió, pero perdió el tino y la fraternidad. La diputada Cariola no publicó datos secretos, pero la forma y el tono en que lo hizo dañan las confianzas internas. El diputado Espinoza tendrá sus razones para creer que la DC sigue anclada a la política de los acuerdos, pero su matonaje es inadmisible entre socios que se respetan. Hay varios al interior de la Nueva Mayoría que preferirían seguir adelante sin la Falange. Pero Bachelet y otros tantos –como la senadora Isabel Allende- saben que sin la DC las posibilidades de éxito programático y electoral se reducen dramáticamente. Hace falta un consejo de curso para ponerle atajo al bullying.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-10-26&NewsID=291851&BodyID=0&PaginaId=14

TOHÁ PERDIÓ UN PAR DE BATALLAS PERO GANÓ LA GUERRA

octubre 22, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 22 de octubre de 2014)

Es cierto que la alcaldesa de Santiago Carolina Tohá perdió algunas de las iniciativas que promovía en la consulta que indagó el parecer de vecinos y usuarios sobre diversos temas comunales. El Cerro Santa Lucía no cambiará finalmente de nombre. También se rechazó la idea de restringir los horarios de funcionamiento de las botillerías. Ambas ideas, supuestamente, eran impulsadas por la propia edil PPD. Sin embargo no tiene mucho sentido quedarse en esas minucias. La municipalidad de Santiago dio un ejemplo de participación democrática que debe ser reconocido por sobre todo. Más de 55 mil personas manifestaron su opinión. Después de la escuálida asistencia a las urnas que vimos en las últimas presidenciales, hay que subrayar los casos en que ocurre lo contrario.

Que los santiaguinos hayan decidido no innovar en algunas materias es parte del juego democrático. Toda autoridad que abre el proceso decisorio a la gente corre un riesgo. Lo corrió Claudio Orrego en su última batalla como alcalde, cuando los peñalolinos le dijeron “No” a su emblemática propuesta de plan regulador. Lo corrió David Cameron la isla británica, al preguntarle a los escoceses si querían quedarse o abandonar el Reino Unido. No lo quiere correr Mariano Rajoy en España, aterrado que los catalanes armen su estado independiente. Por eso algunos prefieren tomar las decisiones entre pocos y a puertas cerradas. Tohá no se quedó solamente con los cabildos, que ya son un avance. En ese sentido dobló la apuesta de su colega de Providencia. No sabemos qué habría ocurrido en esa comuna si la alcaldesa Josefa Errázuriz hubiera plebiscitado la polémica medida que limitó fuertemente el funcionamiento de la actividad nocturna. Sin duda, la resolución habría sido más legítima ante los ojos de la opinión pública.

Los adversarios políticos de Carolina Tohá al interior del concejo se quejaron de falta de transparencia en el proceso. Al parecer, no era muy difícil trampear la participación en la consulta. Uno de los concejales de oposición se jactó de haber votado dos veces (ignoro si eso lo deja peor parado a él o a la alcaldesa). Pero hay que aceptar la crítica: fue un punto débil que hay que resolver para futuros ejercicios electorales.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-10-22&NewsID=291549&BodyID=0&PaginaId=15

MOVERNOS DESDE UN BINOMINAL HACIA UN PROPORCIONAL MODERADO ES UN IMPORTANTE PASO

octubre 21, 2014

por Daniel Brieba (publicada en Ciudad Liberal el 20 de octubre de 2014)

Movernos desde un Binominal hacia un Proporcional Moderado es un importante paso

Como no existe un sistema electoral apropiado a todo lugar y tiempo, es fundamental que una reforma electoral se haga pensando en su pertinencia a las circunstancias específicas del país donde se aplicará: queremos una reforma que ayude a solucionar, en vez de empeorar, los problemas de representación existentes. En este sentido, sugiero que para Chile- con su larga y muy vigente tradición multipartidista- un sistema electoral proporcional de magnitud moderada (similar al actualmente en tramitación) implicaría un paso adelante en calidad democrática. Sugiero que ello es así por cuatro razones que apuntan al corazón de las actuales debilidades de nuestro sistema político, y de las cuales el binominal ha sido importante causa contribuyente.

En primer lugar, un proporcional moderado aumenta la competencia tanto entre listas- rompiendo con el predecible empate uno a uno tan común actualmente-, como al interior de cada una- rompiendo con la dinámica de incumbentes casi indesafiables y por ende acompañados de compañeros de lista débiles. Además, la competencia al interior de cada lista deja de ser una lucha fratricida por obtener el único cupo disponible, ya que el éxito de un compañero contribuye solidariamente a que la lista entera obtenga más escaños. Esto le quita veneno a la competencia entre socios y ayuda a la construcción de alianzas más sólidas.

En segundo lugar, un proporcional moderado baja las barreras de entrada para nuevos actores, gracias al aumento de la magnitud distrital. Por ejemplo, en distritos medianos (de 4 o 5 escaños) listas con aproximadamente un 15%-20% de votación podrán escoger un diputado o senador, en tanto en distritos más grandes (6 a 8 escaños) dicha cifra baja a 10%-14%. Nótese que esto viabiliza a coaliciones de tamaño intermedio, pero no a agrupaciones menores. Así, se evita una fragmentación excesiva del sistema de partidos a la vez que se permite su oxigenación.

En tercer lugar, y gracias a lo anterior, un proporcional moderado permite la flexibilización de las actuales coaliciones, devolviéndole libertad táctica a nuestros partidos para moverse en el espacio ideológico y reconfigurar alianzas en búsqueda de una mejor representación de su electorado. En el binominal, por el contrario, los dos pactos principales son camisas de fuerza para sus partidos, pues salirse unilateralmente de ellos equivale- como en la mafia- a un suicidio político. Así las cosas, un proporcional moderado ayudaría a generar un sistema de partidos más dinámico y responsivo a los cambios de preferencias en la ciudadanía.

Por último, un proporcional moderado debiera permitir un fortalecimiento de los partidos por varias vías, entre las cuales destacan su aumentada presencia territorial (pues podrán presentar candidatos en casi todas partes), el disminuido poder de los incumbentes de transformarse en caudillos autónomos de sus partidos (pues serán menos insustituibles) y el fuerte incentivo puesto a los líderes sociales y locales para competir por dentro de un pacto en vez de correr como independientes. Todo esto ayuda a que los partidos vayan recuperando sus fuertemente deteriorados vínculos con la sociedad y ejerzan así genuinas funciones de representación.

Por otra parte, nótese que un sistema mayoritario uninominal iría en sentido contrario al aquí expuesto: aumentaría la competencia solo al costo de personalizarla en grado extremo, no reduciría barreras de entrada a partidos nuevos (solo a caudillos locales), desterritorializaría a los partidos (pues los pactos serían por omisión) y se mantendría la rigidez de los pactos actuales (pues coalición que se divide, pierde en todos lados). Una política con partidos más débiles, caudillos más fuertes y coaliciones estáticas difícilmente es el remedio que nuestra actual crisis de representación necesita. Por otra parte, puede haber sistemas electorales técnicamente superiores (por ejemplo, un bien pensado mixto compensatorio), pero que no cumplen con el requisito esencial de ser políticamente factibles. Cuando se trata de reformar sistemas electorales, lo perfecto es singularmente enemigo de lo bueno.

Así las cosas, y sin ser la solución para todos los problemas de nuestra política (la ley de partidos y el financiamiento de la política son otras dos áreas cruciales), movernos desde un binominal hacia un proporcional moderado es ciertamente un importante paso en la dirección correcta.

Link: http://ciudadliberal.cl/movernos-desde-un-binominal-hacia-un-proporcional-moderado-es-ciertamente-un-importante-paso-en-la-direccion-correcta/

MONTEVIDEO BIEN VALE UNA DISCULPA

octubre 20, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias el 20 de octubre de 2014)

No vio la roja pero se llevó una tarjeta amarilla. Después de retractarse de sus dichos y ofrecer disculpas públicas al Partido Demócrata Cristiano y al empresariado en general, el embajador chileno en Uruguay Eduardo Contreras (PC) salvó la pega. París bien vale una misa; Montevideo bien vale un acto de contrición. Con esta solución salomónica no se acallarán las voces que pedían su cabeza, pero al menos el Canciller Heraldo Muñoz puede ofrecer este gesto como señal que la amonestación el gobierno fue efectiva. Las personas cometen errores y Contreras reconoció el suyo. Fin de la historia.

No fueron días fáciles para el Partido Comunista. Contreras es un militante de alto perfil. Su infatigable labor en tribunales representando familiares de víctimas de la dictadura es reconocida y valorada. Fue uno de los primeros en ir tras el mismísimo Augusto Pinochet. Habría sido lamentable tener que cesarlo en funciones después de haber esperado tanto tiempo para ingresar a una repartija gubernamental. El PC se la jugó para que Contreras siguiera en su cargo diplomático. Esa cuenta de ahorro no es infinita. La tarjeta amarilla no sólo condiciona al embajador sino también a su partido. Ahora es la DC la que queda con una a su favor.

Esto no quiere decir que los argumentos esgrimidos por dirigentes comunistas hayan sido buenos. No lo fueron. Varios señalaron que Contreras no había dicho “ninguna mentira” al aludir al apoyo democratacristiano al golpe del ’73 y a la responsabilidad de la “derecha empresarial” en los bombazos del metro. La primera es una tesis controvertida que en rigor historiográfico puede ser verdad, pero los embajadores no gozan de libertad de cátedra en ese ámbito. Está fresco el recuerdo de Miguel Otero, embajador en Argentina en tiempos de Piñera, que debió dejar su puesto por teorizar que “fueron pocos los que sintieron la dictadura”. El pecado de Otero no fue cuantitativo. Da lo mismo si lo que dijo es o no es mentira, numéricamente hablando. Su error fue político y el de Contreras también.

La segunda idea no tiene absolutamente ninguna base más que una asociación traumática paranoide entre desestabilización violenta y acción de grupos económicos que se oponen a las reformas. Por lo mismo el fiscal del caso invitó a Contreras –quien dijo no abrigar “ninguna duda” al respecto- a poner sus antecedentes a disposición de la justicia. Seguramente no los tiene porque su tesis se origina en la incapacidad dogmática de aceptar una realidad distinta a la que se tiene preconcebida. La misma incapacidad dogmática que sus compañeros han mostrado al no poder aceptar, ni con toda la evidencia sobre la mesa, que una conocida universidad ligada al Partido Comunista lucró de la misma manera que varias otras universidades escrutadas. Menos mal que Contreras advirtió, como célebremente lo hizo Carlitos Caszely, que sus dichos no representaban su pensamiento. De lo contrario sería preocupante.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-10-20&NewsID=291380&BodyID=0&PaginaId=37


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