¿POR QUIEN VOTO YO?

Septiembre 4, 2008 by vozyvoto

Hoy jueves 4 de septiembre, junto a Gonzalo Feito y Antonia Hernández (de radio Armable), Independientes en Red lanzó el nuevo sitio web www.porquienvotoyo.com, que básicamente se trata de un espacio donde los ciudadanos suben sus preguntas (en formato video) y los candidatos a alcalde las responden (con el mismo formato). Así por ejemplo, el vecino de Estación Central Juan Pérez pregunta frente a la cámara qué proyectos de inversión en áreas verdes tienen en carpeta para su comuna, y a continuación todos los candidatos tienen la posibilidad de explicar sus puntos de vista frente al tema. El que no contesta, sencillamente pierde la tribuna, nada más.

Se trata de una humilde contribución al desarrollo de la POLITICA 2.0 en nuestro país, que se viene a sumar a iniciativas como www.tueliges.cl y www.politicastereo.tv, que apuntan en la misma dirección: Que la conversación política deje de ser un monólogo vertical de arriba hacia abajo, y que se convierta en un verdadero diálogo horizontal, participativo y democrático.

La gracia de este sitio en particular es que es tremendamente sencillo de utilizar. No pide códigos postales ni inscripciones engorrosas. Además, son los propios electores los que ponen el tema de discusión, lo que obviamente contribuye al empoderamiento ciudadano.

Los invito a darse una vuelta. Y si se animan, a postear sus propios videos con preguntas.

UNA SERIE DE EVENTOS DESAFORTUNADOS

Septiembre 2, 2008 by vozyvoto

Como señala el título de esta película, en las últimas semanas hemos sido testigos de una sincronizada comedia de errores por parte de la clase política. Los índices de desprestigio ante la ciudadanía, que ya estaban por los suelos, amenazan ahora con caer a niveles críticos. En todo caso, no parece preocupar seriamente a nadie: La sociedad civil parece hacer su vida en paralelo. Aun así, es posible que las reiteradas expresiones de indignación de los chilenos se estén acumulando en alguna parte. Ojalá se traduzca en oportunidades para nuevos actores antes que la anemia termine por aniquilar moralmente a nuestra cosa pública.

El primer episodio tragicómico lo vimos cuando varios candidatos a alcalde sacaron su enseñanza media en cosa de horas. El rigor académico no puede competir con las expectativas del poder.

Algo después, empezaron a circular los nombres para integrar el primer superpoderoso Consejo de Transparencia. No deja de llamar la atención que los primeros en desfilar en los diarios hayan sido militantes de partidos y ex ministros de la actual administración. Es decir, se pone a los más comprometidos políticamente a fiscalizar a sus camaradas y compañeros. No me atrevería a dudar de su rectitud, pero en la política las percepciones importan: No se puede poner al gato a cuidar la carnicería.

Después del lamentable deceso del diputado Juan Bustos nos encontramos con otro episodio con mal sabor. Recién Chile se vino a enterar que los ciudadanos del distrito de un parlamentario fallecido no tienen absolutamente nada que decir cuando deja este mundo su representante. Por el contrario, son los omnipotentes partidos los encargados de designar (pensé que no les gustaba el concepto) a dedo al reemplazante. Aun así, los socialistas tuvieron ocasión de destacarse con la selección de una figura ligada a la zona, o mejor aún, un rostro joven  de mirada transparente y sed de futuro. Pero no. El elegido entre cuatro paredes fue un experimentado operador de antecedentes sombríos y retórica del siglo pasado.

No estaba frío aun el debate cuando en el Congreso un parlamentario es sorprendido negociando su voto para el proyecto de subsidio al Transantiago. Más allá de la importancia de asegurar beneficios para la propia zona, resulta impresentable que cada diputado o senador llegue a acuerdos especiales que pueden generar diferencias de trato según la habilidad de su muñeca o su capacidad de presión política. Los incentivos son peligrosamente perversos.

Y cuando parecía imposible pedir más, nos informamos del reajuste en la asignación de combustibles en la Cámara. “Necesitamos más plata para seguir cumpliendo nuestra labor legislativa”, dijeron. Lo abominable de la medida radicaba en la abierta discriminación que se abría entre ciudadanos comunes (que se ven obligados a apretarse el cinturón por el alza de las bencinas), y ciudadanos privilegiados (que no tienen necesidad de hacerlo porque deciden sobre sus propios ingresos). Menos mal echaron pié atrás. Se dieron cuenta a tiempo que se les había pasado la mano. Y algunos honestamente así lo reconocieron.

Es cierto que muchas de las penosas escenas tienen explicación. Pero se ven muy mal ante la opinión pública. Algunas se ven francamente ridículas, como la imagen de un diputado hablando solos en la sala en medio del más completo abandono de sus colegas, o las notas de prensa que sólo ponen énfasis en qué circunscripción les gustaría en caso de perder tal o cual elección, en el 2009, el 2013 o el 2117. ¿No será demasiado como para seguir hablando sólo de eventos desafortunados? ¿No podemos hacerlo un poquito mejor?

“Obama, el sueño americano y el sueño chileno” (por Patricio Navia)

Septiembre 1, 2008 by vozyvoto

Les dejo esta notable y emotiva columna del Pato Navia, testigo del discurso de Obama en la Convención Demócrata de Denver:

“Rara vez uno tiene la oportunidad de presenciar momentos históricos. La percepción de los 80 mil asistentes al discurso de aceptación de Obama en Denver, de los millones de estadounidenses que siguieron el discurso desde sus casas por televisión y los millones que alrededor del mundo siguieron el evento era que estaban siendo testigos de un momento histórico: el primer negro nominado a la presidencia por uno de los dos grandes partidos estadounidenses.
Pero Obama hábilmente, reconociendo lo histórico de la ocasión y a sabiendas que su discurso bien pudiera convertirse en un referente para muchas generaciones futuras, dio vuelta el tablero. “Esta elección no es sobre mi. Es sobre ustedes.”  El político negro se convirtio en politico nacional. El hombre cuya historia y cuyo discurso han inspirado a millones nos recordó que detrás está la genteEl hombre cuya historia representa una reafirmación del sueño americano–sueño tan vilipendeado pero tan inspirador, tan estereotipado pero tan exitosamente repetido, tan difícil de lograr pero tan real para millones de personas–nos recordó que la historia es nuestra y la hacen los pueblos.
Como en una bien ejecutada sinfonía, Obama mezcló dulzura y firmeza, resolución y determinación, compasión y certeros golpes políticos. Al ironizar sobre las acusaciones republicanas respecto a su condición de estrella de la farándula, Obama nos recordó sus orígenes y los orígenes de su familia.  Yo, que me dedico a estudiar esto y que he escuchado demasiado discursos en la vida como para no entender su estructura y no saber que son herramientas políticas, fui seducido por esa invitación a soñar un país y un mundo mejor, por ese llamado a asumir la responsabilidad histórica a que nos enfrentamos como país. Yo, que estuve con Hillary en las primarias, nunca me sentí tan parte de esta nación y tan partícipe del sueño americano. Nunca sentí tanta responsabilidad de dar testimonio de la realidad del sueño americano.
Cuando Obama hablaba de su familia, pensé en mi familia. En mis padres, que hace 21 años se sumaron al sueño americano y emigraron con nosotros, sus cuatro hijos, a Chicago desde un Chile que entonces era un país de enemigos con muy pocas oportunidades para aquellos que no estaban bien conectados. Cuando Obama dijo que llegó a Chicago en un auto cargando todas las pertenencias que entonces tenía al graduarse de Harvard, sentí que su sueño era mi sueño. Y que era el sueño americano.
Cuando Obama hablaba, pensé en mi padre y en mi madre que recién llegados a Chicago y sin saber inglés salían a trabajar todas las mañanas con el entusiasmo de saber que se puede empezar una nueva vida y que si se trabaja arduamente, se abrirán las oportunidades. Cuando Obama hablaba de la educación, pensé en mi hermano chico Benjamín, que todas las mañanas iba conmigo a tomar el bus amarillo que nos llevaba al high school y en su cara de sorpresa, susto y risa, cuando nuestros compañeros de bus dejaban en claro las diferencias culturales y sociales. Cuando Obama habló de la familia, pensé en mis cinco sobrinos, nacidos todos en Estados Unidos. Sus historias no son tan distintas a la de Obama. Cualquiera podría llegar a presidente de Estados Unidos. Pero mejor aún, todos podrán gozar del derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.
La campaña va a ser dura y difícil. Las dudas, los temores y las descalificaciones abundarán. Pero lo que hizo Obama el jueves por la noche en Denver fue inspirador, constituyó una reafirmación del sueño americano y un compromiso con el mundo y con futuras generaciones de estadounidenses a mantener y fortalecer ese sueño de oportunidades, de igualdad de derechos y de valores democráticos.
Sólo en Estados Unidos un hombre nacido en las condiciones de Obama puede llegar democráticamente a la presidencia. El sueño americano, de inclusión social y oportunidades–debilitado en años recientes, insuficientemente amplio y marcado por la discriminación y el racismo–es una causa a defender y un objetivo por el que vale la pena luchar.
Aquellos que, además se sentirnos profundamente partícipes y beneficiaron de este sueño americano, también somos parte de otros países y otras sociedades, podemos ver en Obama una causa de inspiracion. En Chile nos merecemos líderes como Obama, que entiendan que las elecciones son sobre la gente y no sobre ellos mismos. En Chile nos merecemos un sueño chileno de igualdad de oportunidades, derechos y también responsabilidades individuales y colectivas. Los chilenos merecemos un país de oportunidades donde todos tengan igual acceso a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.
El inspirador discurso de Obama confirmó mi profunda y orgullosa pertenencia a esta sociedad americana. Pero también reafirmó mi compromiso con mi otra sociedad, la de Chile, donde el sueño nacional está todavía por construir y donde la igualdad de oportunidades sigue siendo un ideal lejano pero también posible.
En estos últimos años, en Chile hemos avanzado mucho. Somos como el pueblo de Israel que, habiendo cruzado el desierto, está acampando frente a la tierra prometida, donde fluye leche y miel. Muchos han logrado cruzar, algunos temporalmente, y saben que fluye leche y miel.  Pero así como Moisés, el líder que sacó al pueblo de Egipto, no fue capaz de cruzar el río Jordán hasta la tierra prometida, nuestros líderes actuales parecen incapaces de entender y asumir el desafío. Necesitamos un sueño de país, un líder que de la señal para marchar, todos juntos, a construir un país de más derechos, más libertad, más oportunidades. Una sociedad donde todos puedan individual y colectivamente buscar la felicidad.”

EL ERROR ESTRATÉGICO DE LOS MAPUCHES

Agosto 28, 2008 by vozyvoto

Estimados, transcribo columna de opinión que me acaba de publicar el diario electrónico El Mostrador (www.elmostrador.cl). Nace de las conversaciones que tuve en un programa de TV con el werkén Ricardo Inalef, y busca enfocar el problema desde una perspectiva distinta:

“En 2006, los estudiantes secundarios que aplanaron las calles en demanda de una mejor educación, contaron con la simpatía mayoritaria de los chilenos. Su protesta fue percibida como original, independiente y pacífica. Incluso, muchos “pingüinos” en toma dedicaron su tiempo a remodelar sus alicaídos establecimientos. En cambio, frente a las movilizaciones estudiantiles de 2008, la actitud de la opinión pública cambió drásticamente. Las motivaciones de unos y otros no diferían sustancialmente, pero los segundos cometieron el error de híper ventilarse: intentaron imponer su visión con escupos y jarrones de agua.

El actual episodio de violencia en la Araucanía demuestra que las comunidades mapuches radicalizadas están cometiendo el mismo error estratégico. No han comprendido que las armas y los atentados incendiarios son recursos políticos menos efectivos que la seducción de la opinión pública. Las personas no comulgan con reclamaciones que no surgen de un relato atractivo capaz de sumar voluntades a la causa. Y no estamos hablando sólo de marketing político, sino de la habilidad comunicacional necesaria para obtener los resultados deseados.

El mejor aliado que podría tener el pueblo mapuche es la propia ciudadanía, una vez que haya sido sensibilizada con su drama ancestral. Espantar al espectador con escenas de brutalidad nocturna es la clave de la derrota. No se trata sólo hechos ilegales, sino además profundamente ilegítimos ante las personas comunes y corrientes. La lógica de “todos son mis enemigos” conduce al aislamiento total. La potencia simbólica de la palabra “justicia” se desvanece.

La reivindicación de las tierras de las etnias originarias es un tema complejo, que requiere una especial disposición al diálogo. Si las organizaciones mapuches continúan transmitiendo su resentimiento generacional en cada instancia de discusión, todo lo que se construya estará teñido de odio. Si los representantes del Estado no penetran en la mentalidad de un pueblo que lleva el sentimiento de opresión en la sangre, toda solución caerá en tierra infértil. El desarrollo de empatías es fundamental para el éxito de este proceso.

El camino puede iniciarse también en la propia institucionalidad. En 2005, el líder del Consejo de Todas las Tierras, Aucán Huilcamán, estuvo a punto de competir en las elecciones presidenciales. ¡Qué bien le habría hecho a Chile poner el tema indígena sobre la mesa desde la perspectiva de uno de sus protagonistas! En las próximas municipales, el PPD llevará un número importante de candidatos a alcaldes y concejales de distintos pueblos originarios. No cabe duda que la participación en estos espacios contribuye a generar confianzas entre los distintos mundos.

Llama la atención que, en momento en los cuales nos quejamos ante el desprestigio de la actividad política, no seamos capaces de darnos cuenta que precisamente cuando falla la política arrecia la violencia. Cuando no somos lo suficientemente abiertos para encontrar puntos de acuerdo y generosos para ceder en nuestras posiciones, la deliberación pública degenera en diálogo de sordos. Y en casos como éste, la riqueza de diversidad cultural termina siendo desaprovechada.”

“El Político” (Héctor Soto)

Agosto 25, 2008 by vozyvoto

Sintonizando con la clásica conferencia de Max Weber sobre “El Político y el Científico”, y el debate que existe entre POLITICS y POLICY (la “política” y las “políticas públicas”), les dejo esta ilustrativa columna de opinión de Héctor Soto publicada en la última revista Capital:

“Para el cinismo de esta época, el único político que debería cantar victoria es aquel que habiéndolo hecho mal es reconocido, aplaudido, reelegido o coronado como gran estadista una y otra vez. No tendría gran mérito hacerlo bien y ser apreciado por la ciudadanía en función de los resultados. La gracia por la inversa estaría menos en ser que en parecer.

Alan García podría entregar experiencias interesantes a este respecto. A pesar de haber hecho uno de los peores gobiernos de la historia del Perú, García volvió al Palacio Quemado hace dos años y, para que se vea que en la política no todo está escrito para siempre, ahora está haciendo un gobierno que ha inducido a muchos observadores a hablar con entusiasmo de un supuesto “milagro peruano”.

Su caso es también notable porque es el único político del Apra que ha llevado dos veces a su partido al poder. Es cierto que la segunda lo pudo hacer porque su candidatura representó el mal menor para el centro y la derecha peruanos. La otra alternativa era Ollanta Humala. Pero sería una pequeñez no reconocer que el presidente tiene conexiones fuertes con el Perú profundo, que es un político de muchos recursos, que a veces puede ser un encantador de serpientes y que si de algo sabe –y sabe mucho– es de política. De política entendida no como la ciencia del diseño e implementación de políticas públicas eficientes, sino como ese arte un poco oscuro que consiste en tocar, con la astucia de los zorros pero también con la convicción de los misioneros, la tecla justa en el momento preciso.

A lo mejor no tenemos a alguien así en la política chilena. Pero a lo mejor ese alguien es ni más ni menos que Patricio Aylwin. El ex presidente sabe poco, muy poco, de economía, pero nadie en Chile podría darle lecciones de política. Es más: en este plano la cátedra la imparte él. No hay político en nuestro país que puede decir que jugó un rol tan decisivo como el suyo en los dos momentos que dividieron las aguas de la historia chilena del siglo XX. Uno fue el derrumbe del sistema político en 1973. El otro, la recuperación de la democracia el año 1989.

Un político que logra estar en la línea de fuego de ambos acontecimientos no es sólo alguien con buena elasticidad muscular y política. También es alguien que se las ingenia o tiene el talento natural para estar donde debe estar. En este caso específico, para estar al lado de las mayorías y tener un cuento cívico, un discurso le dicen ahora, verosímil y convincente. Tan convincente, de hecho, que el primer convencido es sin duda el propio ex presidente.

En este talento, por más que la ciencia política se devane los sesos y por más que las tecnocracias crean que el buen gobierno se reduce a un aséptico asunto de concepción de políticas públicas bien orientadas y sensatas, los políticos son insustituibles. Necesarios e insustituibles.

Invitados de piedra a la escena pública, por lo general despreciados, especialistas en todo y al mismo tiempo en nada, turbios a la hora de la maquinación o el complot pero diáfanos en los pocos momentos de encuentro de los países con la Historia, los políticos de envergadura, los estadistas, no sólo saben poner la vela donde sopla el viento y encarnar las aspiraciones colectivas en un momento dado. También saben darle un sentido colectivo, una urgencia épica, a las causas que abrazan. Y por eso se ganan el derecho a situarse al centro en la foto colectiva.

¿Cuánto de política, entendida en estos términos, sabrán los próximos candidatos presidenciales? Respecto de Lagos, obviamente, la pregunta está de más. El ex presidente, hay que reconocerlo, lo hizo bien en estos dominios. Su gobierno fue una lección respecto de que -más allá de las prioridades y agendas de una administración- el ejercicio del poder supone un ethos y una cierta majestad pública que no viene incluida en el cargo de presidente. A Lagos le fallaron las políticas públicas –la redistribución, la energía, el Transantiago, la educación– pero la política no le falló.

El caso de Insulza es más dudoso porque, sin desmerecer su enorme experiencia de gobierno, el riesgo en que constantemente está incurriendo el ex ministro es entender la política como pura negociación. Sin duda que es eso. Y sin duda también que es algo más.

Queda el nombre de Piñera. Está claro que es un político de inteligencia amplia y que fue un gran senador. Pero hasta ahora, estando bien rankeado en las encuestas, no ha logrado desplegar ante el país su proyecto político y los alcances de su relato. Tampoco ha logrado poner su liderazgo a las alturas del futuro. Su gente, en todo caso, dice que la campaña todavía no comienza. El tiempo sin embargo ya está corriendo y en esto los ciclos son distintos. Como lo saben Frei y Bachelet, una cosa es llegar a la presidencia y otra un tanto distinta es entrar a la Historia.”

“El fin de la Odisea” (Leonidas Montes)

Agosto 22, 2008 by vozyvoto

Estimados, reproduzco a continuación columna de opinión del Decano de la Escuela de Gobierno de la Universidad Adolfó Ibáñez, publicada ayer jueves en La Segunda. Está muy buena la analogía mítica - literaria:

“Homero nos narra, en la Ilíada y la Odisea, las andanzas de Ulises. Todo partió con la épica lucha de diez años contra Troya. Después de la victoria, sigue la Odisea: el regreso de Ulises a su hogar en Itaca. Es una larga aventura navegando por el Mediterráneo. Esta etapa también duró diez años. Después de todo, Ulises, cansado y más viejo tras sus asombrosas peripecias durante veinte años, logró volver junto a su querida Penélope.


La historia de la Concertación tiene algunas similitudes con la trama homérica. Ha sido un largo y aventurado viaje de casi veinte años. Y podemos distinguir dos períodos de diez años: la Ilíada (Aylwin, Frei) y la Odisea (Lagos, Bachelet).


La Ilíada de la Concertación se inicia con la recuperación de la democracia. Las elecciones le dieron 55% a Patricio Aylwin. La alegría y el entusiasmo llegaron a las playas de Troya. Era la joven, prometedora y colorida imagen
del arco iris. La Concertación iniciaba una larga batalla de reconstrucción de la democracia. Fue una verdadera lucha, llena de esperanzas y dificultades (sólo recuerde el boinazo del 93).


En ese entonces existía una épica, un sentido de lucha en este proceso de democratización. Había una inspiración tras la carta de navegación de la Concertación. La figura de Patricio Aylwin es un fiel reflejo de ello. Lo siguió Eduardo Frei. Pero quizá después de 10 años de lucha, llegamos al fin de la Ilíada de la Concertación. Eso sí, no se necesitó de un caballo de Troya. Pinochet fue detenido en Inglaterra. Este episodio puede considerarse un punto de quiebre. Incluso algunos plantearon que al fin se había cumplido la transición.


Así comienza la segunda etapa, la Odisea: el largo viaje de regreso. Es el período de las aventuras de Ulises navegando por aguas turbulentas. Aquí surgen algunos inconvenientes. Ricardo Lagos fue elegido después de una peligrosa tormenta. Durante su gobierno se escucharon algunos cantos de sirenas. Y pasamos, casi en estado bipolar, de un
Lagos autoritario a una Bachelet acogedora. Este cambio de marea ocasionó nuevas amenazas a la travesía. Desde las profundidades surgieron los cíclopes políticos. Estos monstruos mitológicos fueron bautizados como díscolos. Y en lo poco que queda, las aguas se ven crispadas y revueltas.


Se ha debatido si en la Concertación existen dos
almas. La respuesta políticamente correcta es decir que dentro de la coalición gobernante existen varias. Lo cierto es que este gobierno se ha debatido entre sus dos almas. Una entiende el mercado, y lo valora. Otra no lo entiende, y desconfía. Un sector progresivo cree en la iniciativa individual. Otro, en la mano dura de un poderoso Estado fiscalizador. Nos debatimos en esta dualidad irreconciliable. Y así el bote de la Concertación navega, con inesperados giros de timón, de un lado para otro.


A casi un año de las próximas elecciones presidenciales, después de casi veinte de navegación, la metáfora de la épica de Ulises parece pertinente. La Concertación termina su larga travesía. La revista The Economist ya mencionó un giro
del péndulo político hacia la derecha en Latinoamérica. Y Chile fue citado como ejemplo. La fatiga después del viaje es evidente.


Pero esta última etapa ha sido también dolorosa para la Concertación. Al terminar con el histórico subsidio electoral a la DC, Pepe Auth dio una poderosa señal de bienvenida al cruel mercado de la política. Ya casi no quedan figuras
como la de un emblemático Edgardo Boeninger, símbolo moral de esa épica de recuperación de la democracia.


En lo que queda de esta navegación, muchos miembros de aquella homérica Concertación hoy reman para su lado. Ya no existe una épica en la Concertación que los una. Más bien parece el síndrome
del desembarco. Y quién sabe si Penélope se encontrará tejiendo.

“¿Una nueva derecha en América Latina?” (Raúl Ferro)

Agosto 20, 2008 by vozyvoto

Estimados, paso a reproducir columna de opinión que llegó a mis manos (gentileza de Gonzalo Bustamante), que si no me equivoco proviene de la hermana república argentina, más específicamente del sitio web de CADAL (Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina):

“La activa agenda sudamericana del candidato de centro derecha a la presidencia de Chile, Sebastián Piñera, ha dado mucho que hablar. Primero, en su gira al Perú, por la molestia que causó en la cancillería chilena, que enfrenta un diferendo limítrofe con su vecino del norte que fue recientemente presentado en la Corte Internacional de La Haya. Ahora, su gira a Colombia y Ecuador, en la que no disimuló en absoluto su admiración por el estilo de gobierno de Álvaro Uribe.

A esta agenda se suma una cena que lo reunirá con el Jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, y con el alcalde de Lima, Luis Castañeda, quien se perfila como uno de los candidatos más fuertes para las próximas elecciones presidenciales peruanas, que se celebrarán en el 2011.

La hiperkinesia viajera de Piñera tiene dos lecturas. La primera, y más obvia, es la importancia que el candidato –que actualmente encabeza las intenciones de voto, aunque aun falta un año y medio para las elecciones— le está dando una gran importancia a las relaciones con los países vecinos con vistas a un eventual triunfo a fines del 2009. Una dimensión regional que ninguno de los cuatro presidentes de la Concertación mostró durante sus respectivas campañas.

La otra lectura, más especulativa, se refiere al acercamiento de Piñera a sus pares ideológicos. Esto es especialmente cierto en los casos de Uribe, Macri y Castañeda. Es interesante que esto suceda.

Hace algún tiempo comentábamos en esta columna sobre la falta de contrapeso de la centroderecha latinoamericana frente al alud de gobiernos de izquierda que se desplegó por el continente en el último ciclo electoral. Las propuestas de la centroderecha eran excesivamente conservadoras, imbuidas en muchos casos de contenido religioso y muy alejadas de la realidad de la sociedad latinoamericana de hoy. Ello, frente a una centro izquierda que, salvo contadas excepciones, había adoptado en América Latina y el mundo una parte importante de la propuesta económica de la centro derecha. Sólo en México, con el PAN, y en Colombia, con Uribe, la centro derecha mantenía el liderazgo y el protagonismo.

La consolidación de Piñera como candidato en Chile, los éxitos de Uribe en la pacificación y el crecimiento económico en Colombia y la proyección como líder político de Castañeda desde la alcaldía de Lima, están creando una masa crítica interesante que podría significar el fortalecimiento de la centro derecha en Sudamérica, con una propuesta más liberal y cercana a la realidad de la gente.

Si esto sucede, sería beneficioso para la democracia en la región. América Latina necesita avanzar hacia la consolidación de bloques con peso específico suficiente que puedan enriquecer el debate y las propuestas para la sociedad. En ese sentido, la centro izquierda ha hecho hasta ahora un mejor trabajo que la centro derecha, paradójicamente acercándose al centro. Es hora que la centro derecha haga lo mismo.

Por supuesto que la nueva ola que parece encarnar Piñera tiene muchas imperfecciones aun. Por un lado, la fascinación que genera Uribe es un arma de doble filo. Sus éxitos innegables no deben hacer olvidar que su gestión no ha sido muy loable en lo que se refiere a fortalecimiento y desarrollo institucional. Todo lo contrario. Su personalismo es a veces preocupante.

El otro riesgo es que esta nueva centro derecha, muy inspirada en la eficiencia y los tecnicismos de la administración privada, subestime las dificultades de la administración de la cosa pública. La capacidad de gestión pura y dura, con su poca inclinación a la paciencia, no es suficiente y hasta puede ser contraproducente. Pero aquí hay algunas luces. La gestión de Castañeda en una ciudad tremendamente compleja como Lima ha mostrado tanto capacidad técnica como criterio político. Es un buen comienzo.”

DOLORES ARGENTINA

Agosto 18, 2008 by vozyvoto

Tal como lo hicimos con Obama hace unas semanas, les dejo este video promocional de la campaña de Cristina Fernández en Argentina para encender los corazones al iniciar la semana. Claro, la señora ha perdido peso específico ultimamente, pero aun así vale la pena fijarse en el mensaje, bastante parecido al que transmitió Bachelet en 2005. En lugar de la banda, los argentinos ocupan el sillón.

CARTA A MI GENERACIÓN

Agosto 12, 2008 by vozyvoto

En el marco del Día Internacional de la Juventud, la comunidad online “Chile con Todos” (www.chilecontodos.cl) me publicó la siguiente columna, que comparto con ustedes a continuación:

Llegué al mundo en la primavera de 1979, y asumo, como todos, que formo parte de una generación. Con frecuencia me pregunto cuáles serán los rasgos distintivos de la mía. Parafraseando a Doris Lessing, no somos los jóvenes idealistas de los sesenta, no vivimos la maldad de los setenta ni la fría codicia de los ochenta. Somos, en cambio, los vástagos de un régimen militar por nacimiento e hijos de la democracia por adopción. No sabemos realmente de qué hablamos cuando condenamos o justificamos el golpe, y éramos todavía púberes (sino apenas unos niños) cuando llegó “la alegría”. Nuestros temores y nuestros regocijos están todavía a la vuelta de la esquina de los recuerdos. Nuestra adolescencia quedó atrás, nuestra juventud todavía no ha caducado. Y como a muchos otros de mi generación, me intriga descubrir si compartimos un ADN común o somos fragmentos irreconocibles a la deriva histórica de los tiempos. Me intriga descubrir el sentido y la misión de los nuestros, si es que existe. ¿Cuál es nuestra lucha, cuál nuestra causa, cuál nuestro desvelo? ¿Cuál, en una sola frase, es el sueño de nuestra generación? ¿Peleamos por un mundo más justo, por la paz entre los pueblos, por las libertades ciudadanas? ¿Dónde estamos acostumbrados a trazar la línea que marca el fin de la indiferencia y el comienzo del compromiso? ¿Cuánto espíritu comunitario resultó damnificado para afirmar nuestra individualidad?

 Recuerdo una conversación que tuve con Mauricio Rojas, el diputado chileno del parlamento sueco que suele visitarnos para contar su espeluznante historia de reconversión del marxismo al liberalismo. Él, como muchos otros, fue un soldado de la izquierda en el período más ideológico que ha transitado Chile. A los 20 años le dijeron que sobre los hombros de su generación recaía la responsabilidad de torcer el curso de la humanidad sobre la tierra, de reescribir la historia, de construir un Hombre nuevo. Una responsabilidad mesiánica, tejida entre la profecía y el trabajo colectivo. Y mientras nos ponemos de acuerdo en lo autodestructiva, alienante y falaz que resultó esa causa, no puedo dejar de envidiar sanamente la mística y el romanticismo que destila su voz.

 Los hombres no deciden qué tiempos habitarán la tierra. Sólo deciden qué hacer en su propio tiempo. No tiene sentido lamentarnos por no haber participado en cruzadas épicas de otras épocas. Lo que sí podemos lamentar es el desperdicio de nuestras propias horas y días jóvenes en las redes de la apatía y el hedonismo. Que se me entienda bien: No acuso a mis pares de nihilismo. Muchos de ellos contribuyen silenciosamente a cambiar el mundo, y dedican lo mejor de sus esfuerzos a mejorar la calidad de vida de las personas. Con orgullo puedo decir que fue mi generación la que penetró en los campamentos, sin sotana ni Estado, a combatir la pobreza en sus reductos más inexpugnables. Son miles y miles de jóvenes los que hoy participan activamente en proyectos sociales cada vez más grandes y mejor organizados. El voluntariado ha reemplazado hoy en día lo que alguna vez fue la militancia activa en política. Esta última, qué duda cabe, ha caído en desgracia. Y la culpa no es sólo de la actual clase dirigente que se resiste a compartir el poder, también es de los tiempos que corren. Ha sido una transición cómoda para la mayoría de nosotros, aunque es sabido que los períodos más abúlicos son casi siempre los de mayor estabilidad. Y la estabilidad es deseable, por supuesto. La vida diaria es mejor sin violencia ideológica, sectaria e irracional. Pero cosa distinta es no sentir ningún tipo de responsabilidad en la construcción de lo público. Gozamos de demasiados beneficios que en su momento costaron sangre y sudor, pero para nosotros son datos dados, y a veces olvidamos que muchos valores merecen nuestra defensa permanente y entusiasta. La emergencia funciona como el mejor de los incentivos a la participación. En todo caso, no somos tan ingenuos para creer que es toda la juventud la que históricamente se ha movilizado para generar los cambios. En la práctica se trata casi siempre de un puñado de quijotes armados de convicción, que arrastran al resto y marcan la pauta a seguir.

 

Por ahí escuché que la causa de nuestros tiempos es que cada uno tenga derecho a pelear su causa. Pero ¿estamos realmente dispuestos a dar la vida para que el del lado diga lo que tiene que decir? Es la causa de la diversidad, dicen otros. Podría ser la causa del pluralismo: La ausencia de proyectos absolutos o totalitarios ha educado a nuestra generación en un clima de tolerancia que admite poca comparación histórica. El aprecio a la diversidad es un rasgo generacional que vale la pena profundizar. Implica que nuestras múltiples luchas paralelas pueden coexistir en paz. Y más importante aún, es indicio de nuestro respeto a la dignidad del ser humano, sin importar su condición sexual, país de origen o militancia política. Nuestra revolución transita por esa vía, que aunque poco sensacionalista, es tan noble como aquella que se convocó en nombre de la libertad o la igualdad.

Pero si tenemos algo entre manos, ¿qué nos impide plasmar esa nueva forma de entender el mundo en nuestro propio país? ¿Por qué seguimos de brazos cruzados esperando que sean otros los que actúen? Si tenemos la capacidad de mirarnos a la cara sin rencor ni resentimiento, sin mochilas afectivas que nos aten a la dicotomía de los “buenos” y los “malos”, si confiamos en transformar a Chile en un país de hermanos desterrando el odio y la mediocridad ¿Qué esperamos para hacernos cargo? ¿Cuánto tiempo dejaremos pasar antes de transformarnos en protagonistas de nuestro propio tiempo? Seamos, como canta Pedro Aznar, una brisa ligera que se vuelva huracán.

 

 

 

 

ELECCIONES MUNICIPALES ¿MÁS DE LO MISMO?

Agosto 8, 2008 by vozyvoto

En su edición pasada, Revista Capital inauguró la sección “Cara & Sello”, que básicamente consiste en un debate entre integrantes de Independientes en Red. En la oprtunidad contrastaron sus visiones sobre la supuesta crisis económica los economistas Axel Christensen y José Ramón Valente. En la edición que salió hoy (del 8 al 21 de agosto) fue el turno de los abogados sub 30  Juan José Ossa y quien escribe. El tema: Las municipales 2008. A continuación reproduzco mi columna:

Las elecciones que se avecinan no constituirán hito alguno en el derrotero democrático de Chile. No existe un relato en torno al poder local, no se avanza en renovación y tampoco generará efectos determinantes en la presidencial del próximo año. Los comicios de octubre representan más, y mucho más, de lo mismo. Nunca habíamos tenido tantos candidatos a alcaldes y concejales. Pero pocas veces tan poca sintonía con los aspirantes a los cargos públicos.

¿Qué discurso innovador están desarrollando los partidos en relación al modelo de administración comunal? Ninguno. Ya ni de los presupuestos participativos se acuerdan. Tampoco hemos escuchado nada en relación a los indicadores de gestión, a la flexibilidad de la planta municipal o a la participación vinculante de los vecinos en las decisiones, temas dormidos desde hace un buen tiempo en el Congreso. En vez de encandilarse con el estilo Uribe, la Alianza podría seguir con mayor seriedad la experiencia de renovación del Partido Conservador inglés y su vocación localista. Si así lo hiciera, podría ganar una batalla en la cual la Concertación, por su genética centralista, no puede dar la pelea.

Continuemos analizando los esfuerzos por presentar “rostros nuevos”. Descontando a la mayoría de alcaldes que van por otro período (ya que el proyecto que limita su reelección también duerme), las novedades son pocas. Muchos hijos de, hermanos de, señoras y maridos de, junto a un equipo de viejos estandartes reciclados. Las pocas caras jóvenes son disciplinados militantes de las juventudes políticas dispuestos a asumir el servicio militar. El mundo independiente sigue enfrentando fuertes barreras a la entrada en una elección que por su naturaleza debería abrirse a los movimientos y liderazgos locales.

Finalmente, reconocer que la presidencialización de las elecciones municipales es un hecho insoslayable no es lo mismo que atribuirle la capacidad de definir la carrera a La Moneda. A diferencia de las municipales 2004, el candidato de la oposición no es un alcalde emblemático, el escenario económico tiende a complicarse y no se vislumbra ningún salvavidas concertacionista capaz de revertir la decadencia espiritual de la coalición. Que la Concertación gane las elecciones de octubre no asegura absolutamente nada para el próximo año.

Algunos dirán que me olvido de la crisis de las dos listas, o que paso de largo frente a los informes de Contraloría, o que no tomo en cuenta la curiosa alternativa que aglutina zaldivaristas, regionalistas y ecologistas, más uno que otro chileprimerista en busca de cupo. Como dijo un ex presidente, no es más que hojarasca que se lleva el viento. Las coaliciones siguen unidas mientras persiste su voluntad de conservar el poder, los caudillos ponen siempre a prueba la fortaleza de las instituciones y los desterrados que se visten con nuevos ropajes son fácilmente identificables por la ciudadanía. En esta elección municipal, para desgracia de la calidad de nuestra política, no hay nada nuevo bajo el sol.