TOHÁ PERDIÓ UN PAR DE BATALLAS PERO GANÓ LA GUERRA

octubre 22, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 22 de octubre de 2014)

Es cierto que la alcaldesa de Santiago Carolina Tohá perdió algunas de las iniciativas que promovía en la consulta que indagó el parecer de vecinos y usuarios sobre diversos temas comunales. El Cerro Santa Lucía no cambiará finalmente de nombre. También se rechazó la idea de restringir los horarios de funcionamiento de las botillerías. Ambas ideas, supuestamente, eran impulsadas por la propia edil PPD. Sin embargo no tiene mucho sentido quedarse en esas minucias. La municipalidad de Santiago dio un ejemplo de participación democrática que debe ser reconocido por sobre todo. Más de 55 mil personas manifestaron su opinión. Después de la escuálida asistencia a las urnas que vimos en las últimas presidenciales, hay que subrayar los casos en que ocurre lo contrario.

Que los santiaguinos hayan decidido no innovar en algunas materias es parte del juego democrático. Toda autoridad que abre el proceso decisorio a la gente corre un riesgo. Lo corrió Claudio Orrego en su última batalla como alcalde, cuando los peñalolinos le dijeron “No” a su emblemática propuesta de plan regulador. Lo corrió David Cameron la isla británica, al preguntarle a los escoceses si querían quedarse o abandonar el Reino Unido. No lo quiere correr Mariano Rajoy en España, aterrado que los catalanes armen su estado independiente. Por eso algunos prefieren tomar las decisiones entre pocos y a puertas cerradas. Tohá no se quedó solamente con los cabildos, que ya son un avance. En ese sentido dobló la apuesta de su colega de Providencia. No sabemos qué habría ocurrido en esa comuna si la alcaldesa Josefa Errázuriz hubiera plebiscitado la polémica medida que limitó fuertemente el funcionamiento de la actividad nocturna. Sin duda, la resolución habría sido más legítima ante los ojos de la opinión pública.

Los adversarios políticos de Carolina Tohá al interior del concejo se quejaron de falta de transparencia en el proceso. Al parecer, no era muy difícil trampear la participación en la consulta. Uno de los concejales de oposición se jactó de haber votado dos veces (ignoro si eso lo deja peor parado a él o a la alcaldesa). Pero hay que aceptar la crítica: fue un punto débil que hay que resolver para futuros ejercicios electorales.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-10-22&NewsID=291549&BodyID=0&PaginaId=15

MOVERNOS DESDE UN BINOMINAL HACIA UN PROPORCIONAL MODERADO ES UN IMPORTANTE PASO

octubre 21, 2014

por Daniel Brieba (publicada en Ciudad Liberal el 20 de octubre de 2014)

Movernos desde un Binominal hacia un Proporcional Moderado es un importante paso

Como no existe un sistema electoral apropiado a todo lugar y tiempo, es fundamental que una reforma electoral se haga pensando en su pertinencia a las circunstancias específicas del país donde se aplicará: queremos una reforma que ayude a solucionar, en vez de empeorar, los problemas de representación existentes. En este sentido, sugiero que para Chile- con su larga y muy vigente tradición multipartidista- un sistema electoral proporcional de magnitud moderada (similar al actualmente en tramitación) implicaría un paso adelante en calidad democrática. Sugiero que ello es así por cuatro razones que apuntan al corazón de las actuales debilidades de nuestro sistema político, y de las cuales el binominal ha sido importante causa contribuyente.

En primer lugar, un proporcional moderado aumenta la competencia tanto entre listas- rompiendo con el predecible empate uno a uno tan común actualmente-, como al interior de cada una- rompiendo con la dinámica de incumbentes casi indesafiables y por ende acompañados de compañeros de lista débiles. Además, la competencia al interior de cada lista deja de ser una lucha fratricida por obtener el único cupo disponible, ya que el éxito de un compañero contribuye solidariamente a que la lista entera obtenga más escaños. Esto le quita veneno a la competencia entre socios y ayuda a la construcción de alianzas más sólidas.

En segundo lugar, un proporcional moderado baja las barreras de entrada para nuevos actores, gracias al aumento de la magnitud distrital. Por ejemplo, en distritos medianos (de 4 o 5 escaños) listas con aproximadamente un 15%-20% de votación podrán escoger un diputado o senador, en tanto en distritos más grandes (6 a 8 escaños) dicha cifra baja a 10%-14%. Nótese que esto viabiliza a coaliciones de tamaño intermedio, pero no a agrupaciones menores. Así, se evita una fragmentación excesiva del sistema de partidos a la vez que se permite su oxigenación.

En tercer lugar, y gracias a lo anterior, un proporcional moderado permite la flexibilización de las actuales coaliciones, devolviéndole libertad táctica a nuestros partidos para moverse en el espacio ideológico y reconfigurar alianzas en búsqueda de una mejor representación de su electorado. En el binominal, por el contrario, los dos pactos principales son camisas de fuerza para sus partidos, pues salirse unilateralmente de ellos equivale- como en la mafia- a un suicidio político. Así las cosas, un proporcional moderado ayudaría a generar un sistema de partidos más dinámico y responsivo a los cambios de preferencias en la ciudadanía.

Por último, un proporcional moderado debiera permitir un fortalecimiento de los partidos por varias vías, entre las cuales destacan su aumentada presencia territorial (pues podrán presentar candidatos en casi todas partes), el disminuido poder de los incumbentes de transformarse en caudillos autónomos de sus partidos (pues serán menos insustituibles) y el fuerte incentivo puesto a los líderes sociales y locales para competir por dentro de un pacto en vez de correr como independientes. Todo esto ayuda a que los partidos vayan recuperando sus fuertemente deteriorados vínculos con la sociedad y ejerzan así genuinas funciones de representación.

Por otra parte, nótese que un sistema mayoritario uninominal iría en sentido contrario al aquí expuesto: aumentaría la competencia solo al costo de personalizarla en grado extremo, no reduciría barreras de entrada a partidos nuevos (solo a caudillos locales), desterritorializaría a los partidos (pues los pactos serían por omisión) y se mantendría la rigidez de los pactos actuales (pues coalición que se divide, pierde en todos lados). Una política con partidos más débiles, caudillos más fuertes y coaliciones estáticas difícilmente es el remedio que nuestra actual crisis de representación necesita. Por otra parte, puede haber sistemas electorales técnicamente superiores (por ejemplo, un bien pensado mixto compensatorio), pero que no cumplen con el requisito esencial de ser políticamente factibles. Cuando se trata de reformar sistemas electorales, lo perfecto es singularmente enemigo de lo bueno.

Así las cosas, y sin ser la solución para todos los problemas de nuestra política (la ley de partidos y el financiamiento de la política son otras dos áreas cruciales), movernos desde un binominal hacia un proporcional moderado es ciertamente un importante paso en la dirección correcta.

Link: http://ciudadliberal.cl/movernos-desde-un-binominal-hacia-un-proporcional-moderado-es-ciertamente-un-importante-paso-en-la-direccion-correcta/

MONTEVIDEO BIEN VALE UNA DISCULPA

octubre 20, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias el 20 de octubre de 2014)

No vio la roja pero se llevó una tarjeta amarilla. Después de retractarse de sus dichos y ofrecer disculpas públicas al Partido Demócrata Cristiano y al empresariado en general, el embajador chileno en Uruguay Eduardo Contreras (PC) salvó la pega. París bien vale una misa; Montevideo bien vale un acto de contrición. Con esta solución salomónica no se acallarán las voces que pedían su cabeza, pero al menos el Canciller Heraldo Muñoz puede ofrecer este gesto como señal que la amonestación el gobierno fue efectiva. Las personas cometen errores y Contreras reconoció el suyo. Fin de la historia.

No fueron días fáciles para el Partido Comunista. Contreras es un militante de alto perfil. Su infatigable labor en tribunales representando familiares de víctimas de la dictadura es reconocida y valorada. Fue uno de los primeros en ir tras el mismísimo Augusto Pinochet. Habría sido lamentable tener que cesarlo en funciones después de haber esperado tanto tiempo para ingresar a una repartija gubernamental. El PC se la jugó para que Contreras siguiera en su cargo diplomático. Esa cuenta de ahorro no es infinita. La tarjeta amarilla no sólo condiciona al embajador sino también a su partido. Ahora es la DC la que queda con una a su favor.

Esto no quiere decir que los argumentos esgrimidos por dirigentes comunistas hayan sido buenos. No lo fueron. Varios señalaron que Contreras no había dicho “ninguna mentira” al aludir al apoyo democratacristiano al golpe del ’73 y a la responsabilidad de la “derecha empresarial” en los bombazos del metro. La primera es una tesis controvertida que en rigor historiográfico puede ser verdad, pero los embajadores no gozan de libertad de cátedra en ese ámbito. Está fresco el recuerdo de Miguel Otero, embajador en Argentina en tiempos de Piñera, que debió dejar su puesto por teorizar que “fueron pocos los que sintieron la dictadura”. El pecado de Otero no fue cuantitativo. Da lo mismo si lo que dijo es o no es mentira, numéricamente hablando. Su error fue político y el de Contreras también.

La segunda idea no tiene absolutamente ninguna base más que una asociación traumática paranoide entre desestabilización violenta y acción de grupos económicos que se oponen a las reformas. Por lo mismo el fiscal del caso invitó a Contreras –quien dijo no abrigar “ninguna duda” al respecto- a poner sus antecedentes a disposición de la justicia. Seguramente no los tiene porque su tesis se origina en la incapacidad dogmática de aceptar una realidad distinta a la que se tiene preconcebida. La misma incapacidad dogmática que sus compañeros han mostrado al no poder aceptar, ni con toda la evidencia sobre la mesa, que una conocida universidad ligada al Partido Comunista lucró de la misma manera que varias otras universidades escrutadas. Menos mal que Contreras advirtió, como célebremente lo hizo Carlitos Caszely, que sus dichos no representaban su pensamiento. De lo contrario sería preocupante.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-10-20&NewsID=291380&BodyID=0&PaginaId=37

LA REFORMA EDUCACIONAL Y LA IGLESIA

octubre 17, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 17 de octubre de 2014)

La reforma educacional que pretende el gobierno no sólo se ha encontrado con la obvia resistencia de la oposición. Varias organizaciones de apoderados de colegios particular subvencionados se han manifestado escépticas y preocupadas por los efectos del plan en la educación de sus pupilos. Sumemos a los jóvenes de liceos emblemáticos, que han puesto el grito en el cielo al enterarse de cambio en las reglas del juego. Y está finalmente la siempre influyente Iglesia Católica, de larga tradición educando generaciones de chilenos y con lazos políticos imposibles de soslayar. De todos los actores mencionados, es probable que sea la institución del cardenal Ezzati la pieza más delicada del puzzle. ¿Qué es lo que está en juego en este debate y cuáles son las posibles vías de solución?

Los colegios religiosos han usado históricamente el mecanismo de selección para filtrar a sus miembros de acuerdo a los lineamientos de su proyecto educativo. Esa es la razón por la cual suelen investigar el estatus conyugal de los padres antes de aceptar un nuevo alumno, por ejemplo. Les interesa saber si la niña o el niño es material adecuado para un establecimiento que defiende una particular visión del mundo. En cierto sentido, es lo que permite que las sociedades expresen su pluralidad de concepciones del bien, combinando libertad de enseñanza con libertad religiosa o de conciencia.

Hasta aquí todo bien. El asunto se complejiza cuando el estado asume un rol garante de la educación a través del financiamiento íntegro del sistema particular-subvencionado además del estrictamente público. La pregunta relevante es si acaso los establecimientos educacionales religiosos pueden conservar el derecho a seleccionar cuando la educación es proveída con recursos públicos.

El problema, en principio, es todavía más grave: no correspondería que las platas públicas vayan destinadas a promover ciertos proyectos ideológicos particulares, ya sean religiosos o de otra índole. Si el estado es laico, sus instituciones educativas también debiesen serlo. Por ende, donde hay recursos públicos involucrados, toda la educación debiera ser laica y “metafísicamente” neutral (es decir, no promover la religiosidad ni la anti religiosidad sino mantener prudente distancia de ambas). Aquellos padres que quieren inculcar a sus hijos una determinada creencia religiosa conservan el derecho de hacerlo a través de la educación privada o bien de actividades extra-escolares. Nada obliga al estado a subsidiar la continuidad de doctrinas religiosas y en estricto rigor no se estaría violando ningún derecho de los padres si el estado optara por bajarle la cortina a la educación religiosa con fondos públicos.

Sin embargo, llevar este principio a la práctica podría tener consecuencias desastrosas. Y en este caso todo indica que el ministro Eyzaguirre también tomará la ruta del pragmatismo. No es necesario atribuirle a la Iglesia una “autoridad moral” especial, como equivocadamente lo hizo para tratarse de granjearse una simpatía de última hora. Basta con constatar que terminar con la educación religiosa para satisfacer el ideal laicista afectaría directamente la enseñanza que reciben miles de niñas y niños. Sólo las familias ricas podrían llevar a sus hijos a colegios (privados) de Iglesia. Sin mencionar que la estatización total de la educación socava el sano pluralismo que mencionamos anteriormente. Es bueno que diversos proyectos educativos florezcan en una sociedad libre.

Sin perjuicio de lo anterior, existen ciertos mínimos republicanos que los colegios parroquiales y congregacionales deberían cumplir. Como en todas las soluciones pragmáticas, ambas partes deben ceder. El estado accede a subsidiar proyectos educativos ideológicos particulares si éstos se comprometan con ciertas exigencias básicas. ¿Cuáles podrían ser?

En primer lugar, erradicar la discriminación en el acceso por vía de selección por motivos religiosos. Donde hay platas públicas por igual, todos tienen derecho a estudiar por igual. En eso Eyzaguirre tiene razón: es un objetivo intransable de la reforma. En segundo lugar, limitar el adoctrinamiento religioso. Es decir, que el objetivo de los establecimientos sea principalmente educar y no evangelizar. Esto no quiere decir que no puedan llevar adelante cursos de religión, ceremonias litúrgicas y ritos sacramentales. Todo eso debe estar permitido. Pero al mismo tiempo debe estar garantizado el derecho de los estudiantes a eximirse de dichas actividades sin padecer represalias ni hostigamientos. Finalmente, los colegios religiosos deben ajustarse a un tipo de currículum mínimo donde la educación cívica, humanista y científica tenga la relevancia adecuada. Ninguno de ellos puede excusarse, por ejemplo, de evadir la educación sexual y reproductiva por motivos religiosos. En paralelo a lo anterior, los padres deben tener la opción de matricular a sus hijos en colegios netamente laicos, para lo cual el ministerio de educación debe instruir a las escuelas y liceos públicos para que adopten este principio secular no sólo en teoría sino también en la práctica.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2014/10/17/081042-la-reforma-educacional-y-la-iglesia

LOS APRIETOS DE VELASCO

octubre 13, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 13 de octubre de 2014)

Andrés Velasco está en aprietos. Todavía no sabemos si la investigación tributaria que se cierne sobre su campaña de primarias arrojará absolución o condena. Pero a la opinión pública, lamentablemente, le basta mucho menos: un operativo policial con prensa puede ser suficiente.

El ex ministro de Hacienda ha optado por una estrategia de silencio seguida de victimización. Todavía no está claro si dará resultado. El viejo refrán “quien calla, otorga” opera fuerte en Chile. Y las victimizaciones necesitan de un victimario fácilmente identificable que pueda hacer el papel de malo en el imaginario colectivo. Los fiscales no sirven para eso. ¿El gobierno? Ok, es posible que más de alguno en La Moneda quiera castigar a Velasco por sus críticas –y de paso sacarlo del camino presidencial 2017- pero no es sabio apostarlo todo a una teoría conspirativa.

La situación es delicada porque como precandidato Andrés Velasco le dio como bombo en fiesta a las “malas prácticas” de sus ex socios concertacionistas y de la clase política en general. La sensación que queda después de este episodio es que Velasco escupió al cielo y el gargajo le cayó en la cara. Puede ser una percepción injusta, pero la justicia no es muy relevante en el ámbito de las percepciones públicas. Porque aunque quede finalmente limpio de polvo y paja en la dimensión judicial –la de las boletas truchas- su problema político subsiste: se destiñe la capa de paladín contra la corrupción y se transparenta su cercanía con un grupo económico que suele financiar casi exclusivamente a la derecha. No es que en ello haya pecado, pero le sirve a la izquierda para fustigarlo.

Es muy temprano para saber si esto afectará su horizonte electoral. En 2007, el entonces precandidato Sebastián Piñera fue condenado por la SVS a pagar una jugosa multa por no haberse abstenido de usar información privilegiada. Algunos dijeron que se trataba del fin de la carrera política del empresario y lo dieron por muerto. Lejos de ser así, Piñera siguió punteando las encuestas y dos años después se convirtió en presidente. La diferencia es que Piñera nunca hizo campaña aludiendo a sus virtudes éticas en el mundo de los negocios. Para sus adherentes, su “pillería” era un costo hundido: venía en el paquete. El caso de Velasco es distinto, ya que puede acarrear la frustración de aquellos que lo acompañan justamente porque su nombre representaba un oasis cristalino en medio de los escombros de la política nacional.

Para peor, Velasco no tiene muchos escuderos –un partido, un lote de parlamentarios- que le pongan el pecho a las balas. Su tabla de salvación es que sea la propia clase política la que atine a tiempo y detenga una eventual cacería de brujas. En este sentido el temor de Osvaldo Andrade (“que se nos estigmatice y terminemos convertidos en chatarra”) es razonable: en la plaza pública de las ejecuciones sumarias se impone la sed de sangre, la pasada de cuentas y la crucifixión gratuita. Incluso procedimientos que hasta hoy son legales –como los aportes reservados- pasan por el cedazo de esta nueva inquisición. Nadie está a salvo: hasta el diputado Giorgio Jackson, uno de los más activos promotores de la transparencia en el financiamiento, ha sido obligado a subirse al cadalso.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-10-13&NewsID=290621&BodyID=0&PaginaId=39

FIESTAS PATRIAS EN ESCOCIA

octubre 9, 2014

texto y fotos por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 3 de octubre de 2014)

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Fue un 18 de septiembre especial. No comí empanadas ni brindé con chicha de Curacaví, pero tuve la oportunidad de saborear las tradicionales Haggis –la prieta escocesa a base de interiores de oveja- y accedí a una respetable cuota de single malt whisky. De fondo, una postal fantasmagórica de Edimburgo sumida en la niebla bajo la despreocupada mirada de piedra de Adam Smith y David Hume. Por cierto, no fui a Escocia a celebrar la chilenidad. Todavía no entiendo bien cómo, pero conseguí acreditación como observador internacional del referéndum que le preguntó a los residentes en territorio escocés si acaso querían separarse del Reino Unido. El desenlace es conocido: un 55% de los electores le dio la victoria a la opción NO. A continuación ofrezco algunas reflexiones del inédito proceso y de lo que pude palpar en terreno dentro y fuera de los locales de votación.

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Energizando la democracia

Los chilenos que participaron en el plebiscito de 1988 suelen rememorar esos tiempos por su efervescencia. Prácticamente todos los mayores de 18 años se inscribieron en los registros electorales y votaron ese 5 de octubre. Sabían que se jugaban algo importante para ellos y las generaciones posteriores. El ejercicio escocés fue parecido: con sistema de inscripción previa,  sufragio voluntario y votación en día hábil, nada menos que un 85% del padrón se hizo presente. Nunca participa tanta gente en las elecciones ordinarias. Durante los meses previos, el debate llegó a todas las esquinas. Los argumentos a favor y en contra de la independencia estuvieron disponibles a través de todas las plataformas imaginables. La ciudadanía escocesa vivió una verdadera inmersión política en la cual ningún tema estuvo vedado. Adolescentes con uniforme colegial se volcaron a las calles y a las urnas en un episodio cívico-pedagógico que difícilmente olvidarán. La democracia se volvió una fiesta, literalmente.

Y a la luz de la escuálida participación que tuvimos en las últimas presidenciales, sentí algo de sana envidia. ¿Qué ocurriría en Chile si la fantasía de los fumadores de opio se hiciera realidad y pudiéramos llevar adelante un civilizado procedimiento constituyente que recogiera la mayor cantidad de voces y le permitiera a los chilenos conversar, discutir y deliberar públicamente sobre las vigas del sistema político? ¿Podría funcionar como energizante de la democracia?

Sin embargo, no todo es color de rosa. La intensidad de estos episodios deja marcas en la piel de la memoria. Hoy, Escocia es una nación políticamente dividida en dos mitades. Se dijeron muchas cosas en la recta final. Probablemente la más hiriente fue la acusación que recibieron –velada o abiertamente- los simpatizantes unionistas. Fueron tildados de traidores, por preferir el control foráneo antes que la emancipación nacional. Fueron tachados de cobardes, por no atreverse a cruzar el río de la incertidumbre institucional. “Be Brave Scotland, Vote Yes” leí en uno de los muros aledaños al castillo de Edimburgo. La narrativa William Wallace elevó la adrenalina de los separatistas y dolió profundamente a sus adversarios. Guardando las diferencias, nada que nosotros no hayamos vivido.

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La calle miente

Se ha vuelto un lugar común sostener que las redes sociales no son representativas de la realidad. Lo curioso es que prácticamente nadie sostiene lo contrario. Usualmente, también, se dice que el verdadero termómetro de la opinión pública está en las calles, allá afuera, lejos de los teclados y los Smartphone. En el caso escocés, esta segunda tesis naufragó estrepitosamente. Si fuera por lo visto en la calle, la opción YES debió haber barrido con su contrincante. Gran parte de mis entrevistados a boca de urna reconocía que a nivel nacional las perspectivas de NO eran mejores, pero que al menos Edimburgo se manifestaría a favor de la independencia. Un recorrido por la ciudad permitía hacerse la misma idea: de cada diez personas con chapitas o distintivos, nueve estaban a favor y apenas uno en contra de la separación. Sin embargo, al final de la jornada nos enteramos que la realidad era otra: incluso en la capital política de la nación la opción NO se quedaba con la victoria, aun con mayor holgura que en el promedio del territorio.

La mayoría silenciosa, le llaman. Los partidarios unionistas no hicieron escándalo. Pero se manifestaron calladitos con un lápiz y un papel. Hay varias tesis que explicarían este comportamiento algo retraído. Se dice que las campañas que defienden el statu-quo carecen de la épica movilizadora que inflama los corazones de quienes aspiran al cambio. En efecto, se vio pocazo romanticismo en el discurso del “Better Together”. La apelación de los unionistas fue descarnada -y británicamente- pragmática. Como rezaba en una pancarta de los laboristas escoceses invitando a votar NO, “it´s not worth the risk”. La alocución de David Cameron días antes del referéndum ilustra bien el punto: en lugar de mencionar las razones por las cuales Reino Unido sigue siendo un matrimonio feliz, el primer ministro conservador se concentró en las devastadoras consecuencias que tendría un “divorcio doloroso”. Para volver al paralelo con Chile y el plebiscito del ‘88, esta vez la campaña por el NO fue incapaz de convertir un adverbio negativo en una señal positiva. Otros son menos sofisticados en el análisis y especulan que el votante unionista sencillamente no metió ruido para evitarse el bullying político. Otro factor que pudo haber influido fue el etario: la población mayor se inclinó sustantivamente por la opción NO. Los más jóvenes del padrón, comúnmente más expresivos, votaron por el YES.

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La épica nacionalista

Hubo un momento emocionante en el cierre de campaña, la noche anterior al referéndum. Mientras brindábamos con Glenlivet sobre una bandera chilena en los Meadows de Edimburgo, pudimos testimoniar lo que significaba el ejercicio escocés para las otras comunidades del mundo con aspiraciones independentistas. De todos los confines llegaron a presentar sus respetos: Cataluña, País Vasco, Taiwán, Córcega, Cerdeña, Bavaria, Véneto, Galicia, entre las tantas banderas que pudimos reconocer. Todos querían hacerse parte del carnaval, de la historia, de la oportunidad que a muchos de ellos se les ha negado. Llegó a ponerse un tanto incómodo, diría, cuando los catalanes se adueñaron durante horas de la plaza principal de Edimburgo con sus bailes, cánticos y velatones. Todo bien con el entusiasmo, pero a veces hay que saber quién es el dueño de la fiesta.

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Cada cuento independentista tiene sus particularidades. No son todos los casos iguales. Aunque hay un par de variables que se repiten hasta formar un patrón. En primer lugar, resentimiento histórico. Los nacionalistas que reclaman autonomía sienten que han sido  -de alguna manera- forzados a participar de estructuras políticas ajenas, o en las cuales la relación de poder es asimétrica, injusta o derechamente abusiva. En segundo lugar, todas estas comunidades son más o menos pudientes, económicamente hablando. Irse de la casa de los papás es más fácil con la billetera llena. Cuando no se poseen recursos propios, la dependencia centralista es mayor. De hecho, los separatistas escoceses le sacaron el jugo a esta línea de razonamiento: con un estado soberano y dueño de sus riquezas, Escocia pasaría a contarse entre los diez países más ricos del mundo en términos de producto per cápita. De esta manera, seguía la promesa, podrían invertir en la extensión y mejora de un modelo de bienestar a la escandinava en lugar de estar contribuyendo a engordar las arcas de Westminster.

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En cualquier caso, no creo que haya sido el arsenal de razones económicas el que haya determinado el resultado de la contienda. El notable crecimiento de los partidarios del YES en las encuestas –que tuvo genuinamente asustado al establishment de Londres- se debió a su capacidad de transformar la campaña en un asunto de identidad nacional y orgullo patrio. No les alcanzó, pero dejaron una interesante semilla plantada. En términos políticos, mejoraron su posición para la negociación de poderes semi-autónomos que se viene (a la cual también están invitados Gales e Irlanda del Norte). El partido nacionalista escocés (SNP) está experimentando un crecimiento exponencial de afiliaciones tras el referéndum. Cameron, por su parte, lo apostó todo y salvó el pellejo. Corrió un riesgo democrático que sus pares en Madrid no están dispuestos a correr en Barcelona o Bilbao. Con ello, durmió legítimamente la ansiedad separatista por un buen tiempo. Difícil saber por cuánto.


Link: http://www.capital.cl/opinion/2014/10/03/071008-fiestas-patrias-en-escocia

 

CONTRALOR DESBOCADO

octubre 6, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 5 de octubre de 2014)

Se salió de madre el Contralor General de la República, don Ramiro Mendoza.  Usualmente de bajo perfil, esta vez sacó la artillería pesada para criticar al gobierno y algunas de sus reformas emblemáticas en una clase magistral que dictó en una universidad capitalina. Dijo, entre otras cosas, que estaban pasando “cosas muy estúpidas”, para luego ejemplificar con una serie de iniciativas legales que han estado en discusión en el último tiempo: nueva constitución, fijación de precios en planes de salud, aporte previsional solidario, estatización de algunos servicios, etcétera. Es decir, don Ramiro se matriculó en el bando opositor a los desvelos de la Nueva Mayoría y entró a terciar en un debate ideológico como si se tratase de un actor político más.

Con la salvedad que no es un actor político más.

Uno puede estar de acuerdo o en desacuerdo con el fondo de las expresiones del Contralor, eso es legítimo. Mendoza podría tener razón en sus dichos. Lo que no parece adecuado es que una institución del estado del perfil de Contraloría se meta en la contingencia tomando partido de esta manera. Su rol es velar por la legalidad de los actos administrativos, no calificar la sensatez de las políticas públicas promovidas por el Ejecutivo o el Congreso. En cierto modo, es el árbitro del partido. ¿Se imagina a un árbitro burlándose o increpando a un jugador por perderse un penal? Esto no significa que vaya a ser parcial en sus decisiones referiles –puede tratarse de un árbitro naturalmente extrovertido o verbalmente incontinente- pero afecta la imagen de neutralidad, altura y equidistancia que debe mantener respecto de los contrincantes. Varias cabezas calientes en la izquierda están esperando algún pronunciamiento negativo de Contraloría para acusarlo de estar sometido a los intereses de la oposición y vetarlo definitivamente.  Por eso, a veces no sólo hay que ser -no hay dudas sobre la rectitud del Contralor- sino también parecer.

En la derecha, era que no, celebraron a Mendoza. Dijeron que sus palabras interpretaban a la gran mayoría de los chilenos, lo que no es enteramente correcto. También lo exculparon de la crítica señalando que el Contralor hacía uso de su libertad de expresión, pero este argumento tampoco parece procedente. Por supuesto que los ciudadanos gozan de libertad de expresión. Sin embargo existen situaciones puntuales en las cuales nos vemos restringidos por el rol que jugamos en la vida pública. La UDI está enojada porque la fiscalía estaría filtrando antecedentes del Caso Penta donde varios de los suyos están involucrados, pero ¿se imagina al ministerio público alegando su derecho a libertad de expresión? Aunque el Contralor no tenga una reserva legal al respecto, sí podría caberle una reserva meramente política o prudencial. Imagine ahora si don Ramiro se hubiese referido hace dos o tres años al gobierno de Sebastián Piñera en iguales términos. ¿Cree usted que los partidos de derecha habrían salido a defender su derecho a opinión? Por supuesto que no. Los papeles se habrían revertido simétricamente. El único que tuvo la distancia y consecuencia de no subirse al carro de la victoria fue el senador gremialista Hernán Larraín, quien reconoció que “no es propio de un Contralor hablar así”.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-10-05&NewsID=289966&BodyID=0&PaginaId=11

LA OPORTUNIDAD DEL PENTAGATE

septiembre 28, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 28 de septiembre de 2014)

Tratemos de ver el vaso medio lleno. El llamado Pentagate puede ser una oportunidad para avanzar decididamente en transparentar la opaca relación entre el dinero y la política. Hace aproximadamente una década, una serie de episodios de corrupción golpearon al gobierno del presidente Lagos y la clase política tuvo la altura necesaria para salvar la institucionalidad y promover mejoras en la manera como el estado gestionaba sus recursos humanos. No todo ha salido como se esperaba en el llamado sistema de Alta Dirección Pública, pero pocos dudan que fuera un paso adelante.

Hace unas semanas, los diputados Vlado Mirosevic y Giorgio Jackson propusieron a sus colegas una reforma que busca reducir el secretismo en el financiamiento de las campañas, restringiendo el aporte de las empresas y eliminando los aportes reservados. La noticia de un grupo económico que, según se investiga, habría burlado la ley electoral para potenciar ciertas candidaturas, pone de relieve la importancia de ponerle coto de una buena vez a este asunto.

La cercanía de los dueños de empresas Penta con la UDI hace aparecer a este último partido como el villano de la película. Pero no es justo centrar la crítica en ellos. La gran mayoría de las candidaturas recibe aportes reservados (lo que es legal bajo el régimen actual) y muchas otras se acostumbraron a emitir boletas por servicios no prestados con el fin de evadir los montos máximos permitidos y hacerle favores tributarios a los donantes encubiertos. Este es un ámbito pantanoso donde el tejado de vidrio abunda.

Por eso la única salida es que, una vez más, la clase política actúe con sentido de estado. No sería malo que la propia presidenta Bachelet liderara con el ejemplo. Independiente de los resultados de la indagación judicial y el caso Penta en particular, este es el momento para meter la pata en el acelerador de las reformas pro transparencia. La opinión pública está vigilante y las organizaciones ciudadanas están alerta. El principio central debería ser el siguiente: las sociedades libres aceptan un cierto grado de desigualdad socioeconómica, pero éstas se vuelven problemáticas cuando se traducen en desigualdades en el acceso al poder político. Dicho de otra manera, sabemos que frente al mercado no todo valemos lo mismo. Pero la democracia es el espacio que garantiza la igualdad ciudadana. Si permitimos que unos dispongan de mucho más dinero que otros a la hora de competir por el poder, están trasladando ventajas en un plano permitido a uno no permitido. Todo ello sin mencionar el riesgo de captura y tráfico de influencia por parte de grupos de interés.

No hay mal que por bien no venga, dicen.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-09-28&NewsID=289442&BodyID=0&PaginaId=11

CHILE AMARGO

septiembre 23, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 17 de septiembre de 2014)

Llevo un año radicado fuera de Chile y las noticias que recibo desalientan. Estar lejos hoy no es lo mismo que haber estado lejos hace veinte años. Los medios de comunicación transportan. Además las personas postean sus estados de ánimo en sus muros de Facebook, es fácil engancharse en conversaciones por Twitter, el contacto es permanente e incesante vía Whatsapp y para verse las caras basta con contestar un llamada por Skype. Es cierto que nadie puede decir que la suya sea una muestra auténticamente representativa del sentir nacional. Las inferencias que se obtienen del método inductivo no siempre son acertadas. Aun así, creo no equivocarme al percibir que la cosa está medio amarga.

Dos entrevistas me llamaron la atención. En la primera, la veterana periodista María Eugenia Oyarzún señaló: “Estamos volviendo a un enojo, a un clima de violencia como en los años de la UP, en que lo mío es lo que vale y lo tuyo no”. Apenas días después fue el turno de Ángela Jeria, madre de la presidenta: “Siento un clima muy poco grato (en el país) que me recuerda mucho los últimos tiempos del gobierno del ex Presidente Allende”. Es decir, señoras que están en las antípodas políticas coindicen en un diagnóstico pesimista sobre los tiempos que corren. Pero no son fuentes muy confiables, pensé. Sobreexposición ideológica y avanzada edad no son la mejor combinación para entregar una escena prístina de la realidad. De hecho, es casi una maldad ir tras esas cuñas. Pero después recordé la reciente frase de César Barros, que hasta donde entiendo está perfectamente vigente en el mundo empresarial: “El lenguaje que se está usando tiene olor a UP… no hay que lamentarse si después salen reformulaciones de Patria y Libertad”. Deben estar exagerando…

Y en eso vino el bombazo en el metro. Si el ambiente ya estaba denso, se enrareció más todavía. No pasaron ni dos minutos antes que comenzaran las acusaciones cruzadas. Mis amigos de derecha culparon a Bachelet: según ellos le facilitaba la tarea al terrorismo. Mis amigos de izquierda insinuaron que podíamos estar en presencia de una conspiración de la propia derecha para desestabilizar al gobierno. La semilla de la desconfianza lleva un buen tiempo germinando en Chile y esa semana floreció en todo su esplendor. Poco ayudaron los medios que amplificaron la sensación de temor y deslizaron teorías que no tienen rigor probatorio.

Con esto no quiero darle la razón a Oyarzún, Jeria y compañía. Sencillamente no pueden tenerla. Las coincidencias desafortunadas existen. Pero eso no altera la percepción central: el ánimo colectivo y la manera en que nos estamos relacionando –al menos en torno al debate público- no es de las mejores.

En lo estrictamente político, el tono que cruza la agenda está pasado de revoluciones. El ministro Peñailillo sostuvo que el ex presidente Piñera había “destruido las instituciones”. Días después el nuevo timonel de RN Cristián Monckeberg señaló que el gobierno de Bachelet se estaba “desplomando” porque había bajado un par de puntos en una encuesta. Pareciera que el deporte es pasarse tres pueblos sin ningún respeto por el significado de los verbos y adjetivos. Lo peor es que se instaló la idea que la oposición tiene que ser odiosa y despiadada para recuperar rápido el poder. No es misterio que la Concertación hizo una tristísima labor opositora. Varias voces al interior de la Alianza no ocultan la sangre en el ojo y van por la retaliación. Me temo que es una carrera armamentista que no beneficia a Chile. El discurso de la desaceleración económica tampoco contribuye a mejorar el caracho. Si antes los indignados eran los estudiantes, ahora están enrabiados los que anticipan un panorama económico negro. Los estudiantes siguen indignados, por cierto. O sea, todos enojados y echándose la culpa.

Ignoro cómo se mejora el ánimo colectivo de un pueblo. No sería raro que hasta el palo de Pinilla aparezca en un psicoanálisis. Pero podemos partir por cambiar algunas cosas de nuestro propio comportamiento en la ingenua esperanza que otros hagan lo mismo. Primero, mejorar los modales y el trato. Darle a entender al otro que lo dignificamos. Segundo, tratar de juzgar siempre con el mismo estándar sin acomodar los datos cuando nos conviene. Eso se llama honestidad intelectual. El carerrajismo traiciona todas las confianzas. Tercero, algo de humildad. No las sabemos todas –menos a los dieciocho años- y siempre hay más por aprender. Eventualmente, abrirse a cambiar de opinión. Cuarto, pensar dos veces antes de crucificar al adversario y pensarlo menos cuando se trata de reconocer lo positivo. En la villa de los gatillos rápidos muere mucha gente injustamente. Quinto, ejercitar el músculo empático. Entender el lugar desde dónde habla la otra persona ayuda a procesar mejor las diferencias. En fin, vamos a estar atrapados en el mismo país por harto rato y lo más inteligente es buscar fórmulas para relacionarnos un poquito mejor. En una de esas vamos reduciendo el amargor.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2014/09/16/100957-chile-amargo

CHILENIDAD POR LEY

septiembre 22, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 21 de septiembre de 2014)

Por ahí se las llamó las leyes “18 de septiembre”, a propósito que varias de ellas se reactivaron con motivo de fiestas patrias. Entre ellas, la declaración de la rayuela y las carreras a la chilena como deporte nacional, además de la comida típica como patrimonio cultural inmaterial. Pero la que más polvo levantó fue la iniciativa que busca exigir el aprendizaje de la cueca como requisito obligatorio para egresar de cuarto medio. Sus gestores son los diputados democratacristianos Jorge Sabag (el mismo que hace unos meses trató de prohibir los memes), Sergio Espejo y Ricardo Rincón.

¿Cuáles son los fundamentos de los honorables? En primer lugar, señalan, la cueca es un baile que contribuye a fortalecer la identidad cultural patria. Luego, añaden que constituye un excelente ejercicio físico, ideal para combatir la obesidad juvenil. Finalmente, el diputado Sabag confesó que la idea se le ocurrió en una actividad oficial en el extranjero donde las autoridades presentes fueron invitadas a pasar a la pista de baile y todos se acobardaron porque nadie se sabía los pasos. O sea, la bautizada “ley del zapateo” nos evitaría futuros bochornos protocolares. Es difícil tomarse en serio estos argumentos. Pero hay que hacerlo: estos parlamentarios gozan de un especial poder para establecer normas coercitivas, por ridículas que parezcan.

Partamos por descartar raudamente la última razón. La inseguridad, timidez y traumas personales de un funcionario no son fuente de derecho. Prefiero la célebre osadía de Lagos Weber al lloriqueo biográfico para justificar la moción. Acerca de la cueca como mata-calorías, podría enumerar un centenar de actividades más efectivas al respecto. Partiendo por darle la importancia requerida a la educación física y nutricional. El único argumento que merece una vuelta es el primero. Sin embargo, ¿debemos obligar a nuestros escolares a aprender un baile –que para la mayoría suena apenas una vez al año- para hacerlos aún más chilenos?

La imposición de criterios de chilenidad por ley revela una fibra autoritaria preocupante. Es tan atentatoria contra la libertad como la disposición que ordena izar la bandera tricolor en septiembre. ¿Expresan menos amor a su terruño los que no bailan cueca, no cantan el himno a voz en cuello o no vibran con la parada militar? ¡Para nada! El compromiso puede expresarse de diversas maneras. Y aunque deteste las tradiciones, el concepto de ciudadanía moderno no exige deberes de afecto. El cariño hacia las costumbres es voluntario. De hecho somos muchos los que no nos sentimos particularmente atraídos por la expresión estética de la cueca convencional. Del mismo modo existen muchos chilenos y chilenas que consideran aberrante la práctica de un “deporte nacional” como el rodeo. Por supuesto que los colegios tienen el derecho de enseñar cómo se hace un buen zapateo, pero el Chile cuya identidad nos enorgullece no es el que lo obliga sino el que respeta esa libertad.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-09-21&NewsID=288882&BodyID=0&PaginaId=9


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