¿DEBE EXTENDERSE LA REFORMA EDUCACIONAL A LOS COLEGIOS PRIVADOS?

diciembre 19, 2014

por Daniel Brieba (publicada en T13 el 19 de diciembre de 2014)

En el último tiempo, se ha vuelto habitual asumir que las únicas explicaciones de por qué la prohibición del lucro, la selección y el copago no se extiende a los colegios particulares pagados son de economía política (echarse encima a otro grupo de interés dificultaría aún más la aprobación de la reforma) y/o de hipocresía moral (los parlamentarios y la élite tecnocrática que diseñó la reforma no quieren que los principios de ésta se le apliquen a “sus” hijos).

Si bien la primera de estas razones puede ser aceptada por algunos como una concesión que los ideales deben hacerle a la realidad, se asume- incluso por opositores a la reforma- que, al menos en principio, lo realmente justo sería aplicar la reforma o bien a todos los colegios particulares (subvencionados o pagados), o bien a ninguno. Pero, ¿es esto correcto?

Para contestar es fundamental recordar qué es un colegio particular pagado: un establecimiento donde los padres han renunciado voluntariamente a recibir la subvención estatal educacional que les corresponde (como a cualquier ciudadano), financiando ellos mismos la totalidad del costo del colegio respectivo.

La renuncia a usar la educación financiada estatalmente se hace, evidentemente, a cambio de una mayor autonomía en las reglas y funcionamiento de estos centros financiados privadamente. Dicho de otro modo, de estar sometidos exactamente a las mismas reglas de admisión de alumnos, de aranceles y de proyecto educativo que colegios particulares subvencionados, ¿qué sentido tendría no recibir la subvención?

Por ende, la idea de colegios particulares está intrínseca y necesariamente atada a la idea de mayor (si bien no absoluta) autonomía educativa respecto a la que tiene la educación financiada públicamente.

La existencia de colegios privados, pues, pone en marcha una lógica dual: por una parte, un sistema financiado por el Estado y bajo su control directo (educación pública) o indirecto (educación particular subvencionada); y por otra, un sistema autofinanciado y donde el Estado sólo pone reglas mínimas de carácter general.

La diferencia entre ambos es crucial. En el primer sistema, es deber del Estado promover activamente el interés de los niños que ahí se educan y de la sociedad toda, pues se está formando con los recursos que colectivamente hemos puesto para ese fin. Dicha educación debe reflejar y ser fruto de una deliberación pública y colectiva sobre el tipo (o los tipos) de educación que, como sociedad, queremos darnos.

En cambio, en el segundo sistema el Estado le reconoce importantes grados de autonomía a los colegios en virtud de que, como parte plena de la sociedad civil, no son ni agentes ni concesionarios del Estado.

Así las cosas, no hay ninguna línea lógica directa e inquebrantable entre las reformas que se estimen convenientes para la educación particular subvencionada, y aquellas que se debiesen aplicar a la educación particular pagada. Pues una cosa es lo que la sociedad busca promover activamente en el sector educacional bajo su control democrático, y otra es lo que esté justificada en imponerle a colegios financiados autónomamente y por ende parcialmente sustraídos de dicho control.

Por cierto, el fin al lucro y algunas formas de limitación a la selección de alumnos en el proceso de admisión podrían ser consideradas normas básicas y universales, aplicables también a la educación particular. Pero de ser así, el argumento no puede asumirse sino que debe hacerse: ¿por qué, por ejemplo, no sería suficiente prohibir el lucro en educación con platas públicas, sino que debiera hacerse también con platas que no pertenecen al Estado? ¿Por qué los colegios particulares pagados no podrían seleccionar por razones académicas, si dichos colegios no pertenecen al Estado ni son financiados por éste, y si además los padres tienen la opción del sistema público y particular subvencionado (que ya no seleccionaría)?

Deben darse respuestas satisfactorias a estas preguntas si se quiere aplicar estos principios al sector particular pagado. Pues el punto no es que el sector educacional particular pagado esté más allá del brazo de la ley, sino que la distinción entre lo privado y lo público, entre lo financiado colectivamente y lo financiado por particulares es una distinción moral relevante. Por ello, el estándar de prueba que se requiere para usar el poder coercitivo del Estado en este último caso es necesariamente más alto.

En suma, y sin pronunciarme aquí sobre la conveniencia intrínseca del proyecto que pone fin al copago, el lucro y la selección, me parece que es perfectamente posible sostener fundamentadamente -y no por mero realismo político o cinismo moral- una posición favorable a dicha reforma en la educación particular subvencionada, y negativa en su eventual extensión a la particular pagada.

La distinción entre lo público y lo privado, entre lo que es de todos y lo que es de alguien, traza reglas distintivas de acción estatal y no deja de sorprender que algunos en la derecha parecieran estar olvidándolo.

Por cierto, nada de esto obsta para reconocer que algo está profundamente mal en una sociedad donde la clase alta hace reformas para la clase media, sin ver a sus propios hijos afectados por dichas decisiones.

Pero a no confundirse: ello no es culpa de la educación, sino de nuestra política, de su elitismo, de su clausura social y de su profunda falta de integración social, que la vuelve tuerta en su capacidad de reconocer y de servir eficazmente los intereses y perspectivas de los menos aventajados.

Link: http://www.t13.cl/blog/la-imaginacion-democratica/debe-extenderse-la-reforma-educacional-a-los-colegios-privados

ME LLAMO CRISTÓBAL Y SOY SEXISTA

diciembre 16, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 12 de diciembre de 2014)

La cultura del piropo callejero está bajo asedio. Y por buenas razones: en muchos contextos se representa como una expresión de acoso sexual que violenta la dignidad de las mujeres. Es un resabio de dominación patriarcal que nos retrata de cuerpo entero. En la mayoría de los países desarrollados casi no existe, pero es un fenómeno persistente en la periferia global. Latinoamérica no es la excepción. Por el contrario, los latinos tendemos a pensar que el arte de adular la belleza física de una fémina en el espacio público –incluyendo a veces una pormenorizada descripción de lo que haríamos con ellas en la intimidad- es parte de nuestra identidad: extrovertida, juguetona, caliente. Por eso es notable que simultáneamente en Santiago, Lima y Buenos Aires se levanten voces para enjuiciar esta tradición dudosamente honrosa.

Que conste que no estoy pontificando desde la sofisticación cultural europea. Estoy reflexionando sobre mi propio sexismo y el de casi todos los que me rodean. Como los alcohólicos, el primer paso para solucionar el problema es reconocerlo: me llamo Cristóbal y soy sexista.

No quería reconocerlo hasta que hace unos meses asistí con un colega teórico político –escocés y marxista- a una conferencia académica al norte de Londres. Le comenté que la expositora me parecía estupenda, agregando uno que otro colorido adjetivo. Me cayeron encima sus ojos castigadores. “No puedes decir eso”, me advirtió respetuosamente. El problema no era la frivolidad de mi comentario, sino que había reducido a una notable investigadora con decenas de pergaminos a la categoría de objeto de apreciación estética o derechamente sexual. Por supuesto, no lo hice con mala intención. Me defendí argumentando que su exposición también me había parecido muy interesante. Añadí finalmente que se trataba de un comentario entre amigos, lejos de constituir una agresión. No aceptó ni la una ni la otra. Replicó que las mujeres trabajaban durísimo en el mundo académico para granjearse el respeto intelectual de sus pares y ahí estaba yo divagando sobre sus curvas; agregó que las tallas entre compadres sólo contribuían a validar la espiral del sexismo pues nos auto-engañábamos creyendo que el tema pasaba por evitar la incorrección política en público.

En efecto, el lenguaje construye realidades. Cuando estamos en confianza decimos lo que pensamos, probablemente cosas que no diríamos frente a gente que no conocemos. Pero el problema no está sólo en lo que decimos sino en lo que pensamos. Nuestra intuición sexista revela una tendencia moralmente cuestionable porque descansa sobre la cosificación de la mujer. Estamos tan acostumbrados que nos cuesta reparar en ello.

El manual del liderazgo adaptativo enseña a cambiar mentalidades para luego cambiar comportamientos. Creo que en este caso el proceso debe funcionar a la inversa: para dejar de pensarlo hay que dejar de decirlo. Aristóteles decía que la virtud es cuestión de hábito. En corto, hay que aprender a morderse la lengua incluso en ambientes sociales seguros. Alguien podrá decir que se trata de una estrategia insincera, pero al menos estaríamos evitando llevar más agua al molino del sexismo.

Desde hace un tiempo en Chile ocurre algo similar con las típicas bromas sobre homosexuales: aunque han sido progresivamente erradicadas de los medios de comunicación masivos, siguen presentes en la sobremesa de los machos. El ejercicio adaptativo pasa por aprender a no sumarse a esa carcajada. Y ojala, a riesgo de ser considerado grave o aguafiestas, a llamar la atención del resto sobre la nocividad de reiterar rutinas humorísticas prejuiciosas y neuronalmente básicas.

¿Significa lo anterior que hay que prohibir legalmente todas las opiniones políticamente incorrectas? No necesariamente. Los liberales somos muy escépticos de entregarle al poder político atribuciones coercitivas ilimitadas para que nos diga cómo debemos vivir la vida. Los individuos tienen todo el derecho del mundo a ser descriteriados, brutos o sencillamente malas personas. En muchos casos basta con la sanción social. Pero el análisis debe hacerse caso a caso. Si los piropos son ofensivos al punto que constituyen una agresión, quizás no sea tan mala idea pensar en su tipificación penal. Muchos dirán que hay que distinguir entre acoso sexual callejero y el cumplido simpático que ayuda incluso a elevar el autoestima. Sin duda es una delgada línea por trazar. Lo que no podemos perder de vista es que la cultura del piropo –aun del inofensivo- alimenta en muchas mujeres una sensación de inseguridad. Porque no son los hombres los que tienen que pensar dos veces qué ropa ponerse para no ser tomadas por asalto verbal en la calle, como si sus cuerpo pertenecieran a la multitud de desconocidos que miran, chiflan, siguen y murmuran obscenidades que hipócritamente jamás aceptarían que fuesen proferidas sobre sus parejas, madres e hijas.

Hemos sido educados en una cultura sexista. Pero también crecimos en una sociedad homofóbica que cada vez lo es menos. Llegará también el día de superar nuestras trancas racistas y clasistas. En todos estos casos el primer paso es reconocer la enfermedad: me llamo Chile y soy sexista.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2014/12/12/091227-me-llamo-cristobal-y-soy-sexista

LA UDI EN SU HORA MÁS ACIAGA

diciembre 14, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 14 de diciembre de 2014)

Semana negra para el gremialismo: la filtración de una conversación telefónica entre ejecutivos del grupo Penta reveló que varios de sus candidatos habrían recibido platas de manera irregular para financiar sus campañas. La investigación judicial continúa y todos son inocentes mientras tanto, pero el tribunal de la opinión pública ya emitió su veredicto con tamaña prueba. Días después vino el minuto de silencio que algunos de sus parlamentarios pidieron al cumplirse ocho años del fallecimiento de Augusto Pinochet. Las redes sociales hirvieron y la indignación de muchos se hizo sentir. Lo más suave que se dijo es que la UDI estaba provocando al homenajear a un dictador que tanto sufrimiento había causado a los chilenos. La crítica vino incluso desde adentro, marcando una trizadura inédita en un partido usualmente monolítico.

Pero en calle Suecia la están viendo negra hace rato. En 2012 perdieron alcaldías claves como Santiago y Providencia. En 2013 sufrieron una importante sangría parlamentaria. RN les arrebató las dos senadurías capitalinas. Y en el ámbito presidencial todo fue una gran comedia de errores que terminó con la contundente derrota de Evelyn Matthei. Durante el 2014 han intentado reconectarse con la ciudadanía a partir de la resistencia a ciertas reformas emblemáticas de Bachelet, pero cada cierto tiempo les revienta una bomba comunicacional en las manos.

El mundo UDI goza de importantes cuotas de poder y su historia de crecimiento como organización es digna de elogio, pero en el último tiempo algo ha cambiado. Hoy se ve culturalmente amenazado por todos los frentes. Sus financistas estrella están bajo sospecha por eventuales delitos tributarios e infracciones a la ley electoral. Del olimpo empresarial han descendido a los infiernos de la inquisición pública. Las conexiones emotivas del caso Penta han complicado especialmente a su nuevo timonel Ernesto Silva. En paralelo, uno de sus militantes que mejor encarna el vínculo del gremialismo con la familia militar –el ex alcalde Cristián Labbé- es procesado en el marco de investigaciones por tortura en tiempos de la dictadura. La directiva se ve entonces en la incómoda obligación de peregrinar a un centro de detención. Para peor, uno de los asesores espirituales predilectos de la elite de la derecha chilena -el cura John O’Reilly- es sentenciado por la justicia chilena por abuso sexual de menores.

Estas situaciones son independientes entre sí y algunas sólo tienen relación indirecta con la tienda que fundara Jaime Guzmán, pero transmiten una sensación común: la pérdida de poder de la UDI en las distintas dimensiones de la vida social, así como el declive de la influencia de ciertas instituciones –el empresariado, los militares, la Iglesia- usualmente asociadas a la derecha cultural chilena. “Nos odian porque nos temen, nos temen porque nos saben irreductibles” solía decir Guzmán. Es probable que la época de la irreductibilidad haya quedado en el pasado.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-12-14&NewsID=296176&BodyID=0&PaginaId=15

VIENTOS DE CAMBIO DE GABINETE

diciembre 7, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 7 de diciembre de 2014)

Los resultados de la CEP y la Adimark confirmaron que el gobierno está perdiendo popularidad a un ritmo preocupante y la figura de la propia Presidenta está pagando los costos. Lo que era una especulación ahora parece una necesidad. Lo que era un rumor toma ritmo de noticia en desarrollo. Se vendría un cambio de gabinete para enmendar el rumbo.

En su anterior administración, Michelle Bachelet hizo cambios tempraneros. Los pingüinos le botaron un par de ministros a pocos meses de haberse instalado su primer gobierno. Esta vez el equipo titular aguantó. No podía ser de otra forma. Si rodaba una cabeza antes de tiempo, la señal podía confundirse con la capitulación del ánimo refundacional de la Nueva Mayoría. Pero ya estamos a diciembre y se viene el verano. Los que están jugando mal pueden ser sustituidos sin pasar vergüenza.

El caso más caliente es del Alberto Arenas. El ministro de Hacienda atraviesa un momento difícil. La reforma tributaria ha sido un parto. Le echan la culpa de la desaceleración y la caída en la inversión. El influyente empresariado no quiere saber nada con él. Si de reactivar la máquina se trata, con Arenas parece que no baila el monito. Pero la Jefa no puede despacharlo como si nada. El mandamás de las finanzas públicas redactó el programa de Bachelet y está alineadísimo con los objetivos políticos de la Nueva Mayoría. Un enroque ministerial sería una salida honrosa. Su par de Economía y reconocido velasquista, Luis Felipe Céspedes, también la está viendo verde desde que Andrés Velasco se mudó fuera de las fronteras del oficialismo.

El otro caso complicado es el de Nicolás Eyzaguirre. Sin embargo es poco probable que la Presidenta le entregue en bandeja a la oposición la cabeza del ministro que conduce su reforma más emblemática, por resistida que ésta sea. Menos dramática, dicen, sería la salida de Ximena Rincón del equipo político de La Moneda. La ex senadora DC habría naufragado en las turbulentas aguas de la ambiciosa agenda legislativa del gobierno. Ni Rodrigo Peñailillo ni Álvaro Elizalde deberían salir. El ministro de Interior es el Toy Boy político de la Presidenta y su permanencia confirma la confianza en el diseño original del gabinete. El vocero, por su parte, ha sido bien evaluado y no puede ser responsabilizado por la incapacidad estructural del gobierno de comunicar la conveniencia de sus reformas.

En los ministerios sectoriales, cuentan que corre riesgos Andrés Gómez-Lobo en Transporte, Helia Molina en Salud y Alberto Undurraga en el MOP. El primero estaría pagando los platos rotos del trauma capitalino con el Transantiago, la segunda no habría dado el ancho ante los problemas que arrastra su sector, y el tercero –caso Penta mediante- no estaría luciendo lo que debería lucir un ministro que corta cintas. Ninguna de estas tres carteras está vinculada a las transformaciones ideológicamente sustantivas que prometió Bachelet, pero las tres afectan directamente la calidad de vida de los chilenos, justamente donde hay que entrar a picar.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-12-07&NewsID=295623&BodyID=0&PaginaId=23

EL “AUGE” DE LA EDUCACIÓN

diciembre 5, 2014

por Daniel Brieba (publicada en T13 el 5 de diciembre de 2014)

Hace algunas semanas, y tratando de revertir el lento pero continuo deterioro de la percepción pública respecto a la reforma educacional, el ministro Álvaro Elizalde aseguró: “con toda claridad la Reforma Educacional es el AUGE de la educación chilena”. Más allá de lo irónico de ver arrimándose al AUGE al gobierno de la ministra de Salud que más se opuso a él, la expresión no dejó de ser ingeniosa: mal que mal, dicho programa es la reforma social más valorada de los años de la Concertación, habiendo mejorado de manera significativa la calidad de vida de millones de chilenos. Pero, ¿es esta reforma realmente algo así como “el AUGE de la educación”?

Para contestarlo es necesario recordar que AUGE significa Acceso Universal a Garantías Explícitas en salud. Ello implica que, cuando un paciente padece ciertas condiciones o enfermedades, se activan automáticamente garantías de tratamiento por parte del sistema de salud. Estas garantías son explícitas pues especifican concretamente las prestaciones que se realizarán, y el período máximo dentro del cual éstas deben hacerse, existiendo un mecanismo específico para que las personas puedan exigir estas garantías. Ellas también son de acceso universal pues cubren a todos, incluyendo a los afiliados a ISAPRES. Se podría decir, pues, que el corazón del AUGE es su apuesta por materializar el derecho a la salud de las personas; de pasar, en otras palabras, de derechos sociales formales a derechos sociales reales.

Lamentablemente, sabemos tan poco del diseño global de la reforma educacional que difícilmente podemos decir si ésta se parecerá en algo al AUGE. Pero igualmente podemos afirmar que, a juzgar por el primer proyecto presentado, el espíritu de otorgar garantías exigibles a la población no parece estar en el centro de las preocupaciones del gobierno. Más bien, el proyecto actual se centra en imponer ciertas prohibiciones a un actor del sistema -los colegios subvencionados-, sin dar luces respecto a nuevos compromisos educacionales que vayan a ser asumidos por parte del Estado. Las prohibiciones propuestas pueden ser más o menos sensatas -personalmente, el fin gradual del copago y al menos ciertas restricciones a la selección me parecen muy oportunas-, pero de ahí a decir que esta reforma es en algún sentido un AUGE de la educación no hay más que licencia poética (o política). Sin embargo, y quizás a pesar de la intencionalidad meramente comunicacional del ministro, me parece que la idea de un AUGE de la educación es interesante y merece al menos explorarse.

Me permito pues, la licencia de fantasear con un verdadero “AUGE de la educación”, que diese garantías explícitas y universales a toda la ciudadanía respecto al proceso de aprendizaje de sus niños. A rasgos muy generales, me imagino que su estructura básica tendría que ser algo así: independientemente del colegio al que asista (municipal, particular subvencionado o particular pagado), el sistema educacional -ojalá desde la educación inicial- debiese garantizar individualmente, a cada niño y niña del país, el logro de ciertos mínimos en términos de su desarrollo de habilidades cognitivas y no cognitivas, y a lo largo de las distintas etapas de su proceso educativo. Así, por ejemplo, cualquier niño que a la edad estipulada no haya desarrollado suficiente vocabulario, o que no comprenda mínimamente bien lo que lea, o que no sea capaz de aplicar razonamiento numérico en la resolución de problemas, tendría derecho (efectivo y oportuno) a acceder a una atención personalizada, especializada y (eventualmente) interdisciplinaria para desarrollar dichas habilidades al nivel requerido, con las metodologías (psico)pedagógicas que la experiencia internacional recomiende. El apoyo se prestaría así directamente a los niños, más allá del apoyo pedagógico que se dé (o no) a las escuelas según su desempeño y necesidades.

Desde luego, el nivel de estos mínimos garantizados probablemente sea modesto inicialmente, pero su cantidad y exigencia debiesen subir progresivamente a medida que entren más recursos al sistema y a medida que la calidad general de la educación siga subiendo. Por ello, sería una medida sólo complementaria (y en ningún caso un sustituto) a reformas que apunten a mejorar la calidad general del sistema, entre las cuales el fortalecimiento de la educación pública y una carrera docente atractiva probablemente sean centrales.

No obstante, un Estado que se comprometiera con ciertos mínimos exigibles se auto impondría una mucha mayor presión política para mejorar el sistema educacional, lo cual debiera favorecer justamente poner al centro dichas reformas de mayor impacto, dándoles así mayor piso político.

Por último, dichas garantías explícitas también podrían jugar un profundo rol democrático: ayudarían a crear -tal como ocurrió en salud, con sus más de 20 millones de atenciones AUGE en menos de una década- una verdadera cultura de derechos en las familias, con exigencias concretas sobre el Estado y las escuelas, profundizando su accountability y creando a la vez una cultura de apoyo permanente a los alumnos que, por la razón que sea, se vayan rezagando.

¿No sería una reforma educacional de esta índole una manera directa de volver efectivo y tangible el derecho social a la educación de cada niño y niña de nuestro país, más allá del formalismo de los 12 años garantizados detrás de un pupitre? Al menos a mí, algo de esta índole me parecería más cercano a un “AUGE de la educación” que todo lo que hemos visto hasta ahora.

Link: http://www.t13.cl/blog/la-imaginacion-democratica/el-auge-de-la-educacion

¡QUEREMOS VER, SANGRE CORRER!

noviembre 30, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 30 de noviembre de 2014)

El primero fue en Agustinas con Bandera. El segundo en Lyon con Providencia. En menos de una semana, dos auténticos ajusticiamientos públicos se han producido en la capital. Gente de a pié que se encabrona al ser testigo de robos flagrantes y espontáneamente se moviliza para linchar al delincuente. ¿Es ésta una actitud moralmente justificable?

Los defensores de esta forma ancestral de autotutela popular sostienen que la justicia formal no hace la pega. Que los patos malos entran y salen por la puerta giratoria. Que la norma suele ser la impunidad y las personas honestas se llevan la peor parte viviendo en un clima de inseguridad. Y que por lo tanto es natural y comprensible que las víctimas quieran propinarle su merecido a los victimarios cuando tienen la ocasión. En efecto, no es difícil empatizar con la rabia de los transeúntes que vieron con sus propios ojos a un anciano con un cuchillo al cuello en pleno centro de Santiago. Hasta dan ganas de pegarle un par de palmazos al mocoso.

Pero comprender la rabia no es igual a justificar. Lo que hicieron estas turbas aparentemente justicieras es éticamente incorrecto y debiera ser objeto de una contundente condena social en todas las tribunas de opinión. Hablaría muy mal de nosotros si no fuese así. No hay problema con la detención ciudadana. De hecho es perfectamente legal. Es también valiente cuando los ciudadanos se involucran en la presencia de un abuso o fechoría. Otra cosa radicalmente distinta es proceder a humillar y vejar a un ser humano ante la mirada complaciente de la audiencia de turno, que incluso se manifestó con aplausos después que el aturdido sentenciado quedara finalmente desnudo y atado a un poste, como si se tratase de una macabra acción de arte. Esa es una perversión que supera con largueza el delito original.

Se ha dicho que la pertenencia social del delincuente habría explicado el incontenible deseo castigador. No es novedad que en sociedades histórica y estructuralmente desiguales como la nuestra los más pobres sufren el rigor penal con mayor intensidad. Pero es incorrecto sostener que el celo castigador se focalice sólo en la marginalidad. No me cuesta mucho imaginar a un lote de estafados dándole una camotera épica al pillo que los timó, aunque vaya de cuello y corbata. Hoy en día cualquiera es potencial objeto de un linchamiento público. No todos se producen en la calle y de la forma grotesca que vimos en fotos y videos. Otros tantos ocurren en las redes sociales, una nueva plaza abierta al azote colectivo y con el gatillo siempre listo. Ahí también brota el ánimo castigador (muchos se indignaron porque el Congreso consideró innecesario sancionar con cárcel a los sostenedores de colegios que fueran sorprendidos lucrando). Como dicen los niños azuzando una pelea, “¡queremos ver sangre correr!”. Por algo la retórica de la exasperación de las penas siempre ha sido políticamente rentable. Usufructúa de la legítima rabia de la gente y sin distinción social. Porque los verdugos del Alusa Plast tampoco son miembros de una elite social, económica o cultural chilena que quiera imponer dominación a través de la tortura. En teoría son personas comunes y corrientes. Ese es principal signo de alarma: la desesperanza de constatar que ninguno de los mirones prefiriera dejar de grabar con su celular y dijera “ya es suficiente, basta de barbaridad”.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-11-30&NewsID=295033&BodyID=0&PaginaId=26

LA PRIMARIA LILY – VELASCO

noviembre 28, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en revista Capital del 28 de noviembre de 2014)

Los movimientos políticos Amplitud, Red Liberal y Fuerza Pública presentaron una iniciativa conjunta para modificar la ley de partidos y el financiamiento de las campañas. La jugada fue interpretada como el alejamiento definitivo del ex ministro Andrés Velasco respecto de la Nueva Mayoría y de la senadora Lily Pérez respecto de la Alianza. No es cierto que Velasco se haya ido a la derecha, como han señalado injustificadamente algunos medios. Ambos líderes han iniciado un camino exploratorio hacia la formación de un nuevo espacio en la política chilena, cuyo domicilio sería el centro y su identidad, liberal. En el calor de la novedad, dirigentes de los tres referentes en cuestión han deslizado la idea de una primaria entre el propio Velasco y Lily Pérez.

¿Tiene viabilidad este referente emergente?

Lo primero que debo hacer es un disclosure: tengo velas en este entierro. Como adherente de Red Liberal participé en la actividad que dio el puntapié inicial a esta relación y no me es indiferente cómo termine. Aun así, intentaré describir con la mayor imparcialidad posible las oportunidades y amenazas de esta empresa.

La principal fortaleza de esta unión radica en que viene a poblar un nicho que hace demasiado tiempo reclama una representación propia. Constreñidos por la camisa de fuerza del binominal y la estructura duopólica del sistema de partidos, los liberales suelen estar repartidos en el espectro político, aglutinados en la izquierda de la coalición de derecha o en la derecha de la coalición de izquierda. Con la división tectónica de 1988 cada vez más difusa en el pasado, corresponde preguntarse si acaso no habrá llegado el momento de probar nuevas combinaciones, más genuinas con la sintonía ideológica de los actores. En ese sentido, es muy probable que Velasco tenga más coincidencias con los parlamentarios de Amplitud que con el ala más radical de la Nueva Mayoría. Lo mismo opera al revés: Lily Pérez tiene más puntos de acuerdo con Fuerza Pública que con los sectores más duros de la UDI. Este incipiente coqueteo reclama el derecho de abandonar la tribu de origen por una relación política más satisfactoria. En eso no hay pecado alguno, sino todo lo contrario: requiere de una cuota importante de valentía y generosidad, aunque también de olfato y sentido de la oportunidad.

Acordar una propuesta común para perfeccionar la institucionalidad política de la democracia chilena debiera ser sólo un primer paso. Si estos movimientos son capaces de alcanzar otros acuerdos en la agenda económico-social o en la valórico-cultural, ese set de mínimos programáticos puede ser la base para un entendimiento político-electoral. La expectativa creada les pone tarea para la casa: hay que seguir juntándose a pensar Chile en conjunto. Hago hincapié en la idea de “seguir juntándose”. La política no versa sólo sobre ideas, sino también sobre afectos. Estos movimientos no tienen una historia común, por lo tanto, deben comenzar a escribir la suya desde cero. Los afectos y las lealtades no se construyen de la noche a la mañana. Los vínculos de confianza se labran con el tiempo.

Si ambas variables –la programática y la afectiva– se conjugan correctamente, hay razones para guardar un moderado optimismo. Sin embargo, sin un sistema electoral que les (nos) permita competir con posibilidades reales de obtener cargos de representación, todo lo anterior es casi estéril. Mientras siga siendo más factible triunfar electoralmente al alero de las coaliciones de origen, el entusiasmo por habitar la casa nueva decae comprensiblemente. El idealismo debe ser reconciliado con el realismo político.

Las puertas de este espacio de centro liberal están abiertas, como han señalado sus promotores. Desde Amplitud han notificado a Sebastián Piñera que ha llegado la hora de abandonar la derecha tradicional. Dudo que el ex presidente acepte esas condiciones. Hoy por hoy, es el mejor candidato del gremialismo. No es malo: su presencia en esta novel coalición es tener un elefante dentro de la cristalería. En Evópoli también miran con interés este movimiento de aguas y han confesado que experimentan una tensión interna al respecto. Eso es bueno, porque habla del atractivo del proyecto y de la debilidad creciente de RN y la UDI para encarnar una alternativa políticamente seductora. Por el otro lado, Fuerza Pública ha invitado a sectores de la DC e incluso del PRSD a sumarse a una eventual primaria presidencial del centro liberal. Como era de esperarse, los llamados fueron rechazados. Pero el punto está hecho: los desencantados del rumbo oficialista son aquí bienvenidos.

En resumen, es muy temprano para saber si este coqueteo terminará en la alcoba. Pero el primer paso es salir a bailar. Veremos cómo se desenvuelve la fiesta, que en el cualquier caso le pone algo de vértigo y color a una estructura coalicional bastante estática. La mera idea de una primaria Velasco-Lily es un sabroso combustible para conducir este proceso. Es el sueño mojado de tantos liberales que una y otra vez nos vemos forzados a escoger entre coaliciones demasiado conservadoras o demasiado socialistas para nuestro paladar.

Link: http://www.capital.cl/opinion/2014/11/28/091157-la-primaria-lilyvelasco

¿EXISTE UNA CONSPIRACIÓN ANTICOMUNISTA?

noviembre 24, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 23 de noviembre de 2014)

Serán los rojos de la política, pero los dirigentes del Partido Comunista no se ponen ni colorados al echarle la culpa al resto de sus propios errores no forzados. Acusar anticomunismo cada vez que se les formula una crítica es una estrategia de victimización que les ahorra la autocrítica. Acusar “maniobras de la derecha” cada vez que algo no les sale bien es una retórica potencialmente útil para unir a los propios en la adversidad, pero le hace mal a la calidad del debate político.

Esto no quiere decir que el anticomunismo no exista. Dada su fuerte personalidad histórica, es innegable que algunos grupos de la sociedad no tragan al PC. Pero nada de lo que ha ocurrido últimamente puede atribuirse a esa antipatía cultural. El episodio del embajador Contreras no fue inventado por la burguesía capitalista: fue una torpeza diplomática de manual. La salida de Juan Andrés Lagos del ministerio del Interior tampoco fue forzada por el imperialismo yanqui: fue el corolario de la telenovela de la universidad Arcis, donde los jerarcas del PC replicaron el modelo de negocios que de la boca para afuera tanto critican. En lugar de abrirse a la posibilidad de haberse equivocado, desde el partido de Teillier han preferido dispararle al mensajero.

La situación de convivencia del PC al interior del oficialismo se complejizó por condoros propios y no necesariamente ajenos. Hasta hace algunas semanas todos los analistas reconocían que los comunistas no sólo estaban pasando piola en el gobierno sino que además estaban acrecentando su influencia con habilidad. El escenario de hoy es ligeramente distinto. La movilización de los profesores contra el acuerdo alcanzado por su presidente Jaime Gajardo -también comunista- no es una conspiración de poderes fácticos ni una asonada neoliberal: es una fractura interna que le pasa la cuenta a una gestión gremial algo desgastada y que ha sido deslegitimada por las bases.

No es fácil estar, como dijo Camila Vallejo, con un pie en la calle y otro en el poder formal. La calle resiente de los segundos. Y al gobierno no le sirven mucho los aliados que no son capaces de ordenar a los suyos. La frustración que en ese sentido ha transmitido la mandamás de la CUT Bárbara Figueroa es comprensible. Pero cosa distinta e injustificada es buscar en el resto las responsabilidades circunstanciales que son propias. Ya no son actores marginales y están grandecitos para hacerse cargo de sus desaguisados.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-11-23&NewsID=294486&BodyID=0&PaginaId=13

LAS RAZONES PARA UNA NUEVA CONSTITUCIÓN

noviembre 20, 2014

por Daniel Brieba (publicada en T13 el 19 de noviembre de 2014)

Las razones para una nueva Constitución

Se acerca 2015, y la discusión sobre una nueva Constitución ya ha empezado a calentar motores. El gobierno cuenta con un claro mandato electoral para iniciar conversaciones al respecto. Sin embargo, una cosa es ganar una elección prometiendo (entre otras cosas) iniciar un proceso que lleve a una nueva Constitución, y otra distinta es lograr formar los acuerdos suficientemente amplios, profundos y estables en el tiempo como para llevar dicho proceso a buen puerto.

Por ello, lejos de haber terminado con la elección, el trabajo de convencer a la ciudadanía de la deseabilidad e importancia de una nueva Constitución recién comienza. En este sentido, es importante revisar la plausibilidad del diagnóstico y de los argumentos que se han dado para ello.

Sin pretender abarcar todos los argumentos dados, me parece que en lo esencial los partidarios de una nueva Constitución han dado tres tipos de argumentos a su favor:

a) necesitamos una nueva Constitución porque debemos cambiar de manera fundamental nuestro ‘modelo’ socioeconómico (pasando, por ejemplo, de un Estado ‘subsidiario’ a un Estado ‘social y de derecho’);

b) necesitamos una nueva Constitución porque debemos cambiar las reglas fundamentales de nuestra democracia (por ejemplo, eliminando los súper-quórums, reconociendo derechos y/o autonomías indígenas, o descentralizando territorialmente el poder);

c) necesitamos una nueva Constitución porque sólo así (y acaso sólo si se realiza mediante Asamblea Constituyente) podremos solucionar la crisis de legitimidad y representación que afecta a nuestra política.

En la justificación más típica de la nueva Constitución, los tres argumentos van íntimamente de la mano: se nos dice que porque la dictadura impuso un modelo neoliberal y lo amarró políticamente con mecanismos contramayoritarios y otros dispositivos, dicho modelo no ha podido cambiarse y es por ende la raíz del descontento político y social actual; y por ello, a su vez, se necesita cambiar tanto el modelo económico-social como el político.

Recién ahí podría solucionarse el descontento social rampante. Sin embargo, y si bien dicha interpretación unitaria es posible, no es en ningún caso necesaria: perfectamente se puede estar de acuerdo (o no) con algunos de estos argumentos y no con otros.

Por ejemplo, alguien podría perfectamente estar de acuerdo con b), sin estar de acuerdo con a), o viceversa; o bien de acuerdo con c), sin comprometerse sustantivamente con una posición respecto a a) o b); y así sucesivamente.

Pero en la justificación estándar, los tres puntos parecen ir necesaria e indisolublemente juntos. Ello puede facilitar la narrativa, pero es conceptualmente confuso y políticamente de doble filo, pues tiende a forzar una lógica binaria: o estás con nuestro diagnóstico y por ende con la nueva Constitución, o estás reaccionariamente contra ella y a favor del status quo.

Personalmente, tiendo a pensar que el argumento a) tiene más de retórica que de sustancia, pues la capacidad de una constitución de asegurar mínimos sociales por sí sola es muy limitada; al final del día, son las fuerzas políticas en el Congreso y en el Ejecutivo las que controlan la manija presupuestaria y las herramientas de gestión indispensables para concretizar o no políticas en dicho sentido. A los griegos de poco les sirvió que su Constitución consagrara el derecho al trabajo cuando llegó la crisis económica.

Por su parte, c) descansa sobre supuestos profundamente cuestionables. ¿Quién dice que si mañana tenemos una nueva Constitución, pero los partidos, las prácticas y los protagonistas de la política siguen siendo los mismos de antes, no tendremos los mismos problemas que tenemos ahora?

¿Acaso la crisis de representación no tendrá que ver más con el deterioro organizacional de los partidos, con su falta de prácticas democráticas, con la ausencia de transparencia en su financiamiento y en el de las candidaturas, con las lógicas caudillistas y clientelares que los permean, con la opacidad del lobby, y con la percepción de que nuestra política ha sido capturada por las élites? Pues de ser así, la reforma electoral, la reforma al financiamiento de la política y la reforma a la ley de partidos aparecen bastante más atingentes como antídoto a una crisis de representación que una integral (y muchísimo más larga, incierta y difícil) reforma a la Constitución.

¿Significa esto que estoy en contra de una nueva Constitución? En absoluto, pues sí comparto b). En efecto, creo que nos merecemos una Constitución nacida en democracia, fruto de un consenso amplio, y para ello por cierto que requerimos de un debate profundo sobre las reglas que rigen nuestra convivencia.

Qué duda cabe que la deuda democrática de nuestras constituciones recorre como un hilo rojo toda nuestra historia republicana. Las constituciones pueden ser burdos y pobres elementos para lograr igualdad socioeconómica, pero en cambio sí tienen mucho que decir a la hora de materializar la igualdad política; y en ello nuestras instituciones actuales tienen serios déficits.

Por ello, la redistribución del poder político- entre centro y periferia, entre mayorías y minorías, entre hombres y mujeres, entre Ejecutivo y Legislativo, entre el Estado y los ciudadanos- es una tarea pendiente y necesaria para aproximarnos de modo más decidido hacia un ideal de igual ciudadanía.

No obstante, la complejidad y profundidad de los acuerdos que ello requerirá (pues una Constitución es un acuerdo de largo plazo entre la mayoría y la minoría), sugieren que es mejor concebir esta nueva Constitución no como un “arreglo” de corto plazo (y por ende, apurado) para nuestros actuales problemas políticos, sino que como el punto de llegada de un proceso político mucho mayor y sostenido en el tiempo.

Link: http://www.t13.cl/blog/la-imaginacion-democratica/las-razones-para-una-nueva-constitucion

LA BESTIA NEGRA DE BACHELET

noviembre 17, 2014

por Cristóbal Bellolio (publicada en Las Últimas Noticias del 17 de noviembre de 2014)

Durante su primer mandato, la implementación del Transantiago fue el peor dolor de cabeza de Michelle Bachelet. Los capitalinos recordamos bien ese amargo trance: colas interminables, angustia social, sensación de indignidad. La falla del metro –la más grande en su historia- trajo a la memoria todos esos fantasmas. Y para peor, otra vez le toca a Bachelet.

El gobierno ya estaba enfrentando un escenario político complicado por la resistencia que han provocado sus propias reformas emblemáticas (tributaria y educacional). A lo anterior se suma un panorama preocupante de desaceleración económica y una creciente sensación de inseguridad ciudadana. Lo único que faltaba era seguir profundizando el descontento con el sistema de transporte público, que ya estaba en la zona roja de la evaluación ciudadana. Ahora la tormenta es perfecta. Después de ver las escenas que se vivieron en la caótica jornada del pasado viernes, no es osado aventurar que el gobierno bajará uno que otro punto más en Santiago.

Entendiendo la magnitud del problema, el Ejecutivo dispuso medidas de contingencia que en general han sido bien evaluadas. Pero éstas sólo mitigan la rabia de tantos. Para aplacar la sed de sangre, se ofreció la cabeza del presidente de Metro. Alguien tenía que tomar la responsabilidad por el desaguisado y el hilo se cortó por lo más delgado. No había mucho más espacio de maniobra. Una de las cosas que más molestan al ciudadano común es la percepción que en política nadie asume costos.

Por supuesto, siempre se puede hacer más. Al igual que en el caso del terremoto de 2010, algunas voces sugirieron que Bachelet se demoró demasiado en exigir la colaboración de los militares para transportar a las hordas de acalorados santiaguinos que deambulaban por el centro como en un apocalipsis zombie. Ignoro si aquella era una buena idea. El punto es otro: estos episodios reviven el escepticismo en la capacidad del gobierno de controlar proactivamente situaciones sociales difíciles.

La bestia negra de Bachelet, el transporte público, está de vuelta. Con ella regresan varios fantasmas que la presidenta quisiera exorcizar de una buena vez. Ella y su ministro del ramo han señalado que no escatimarán recursos en resolver los problemas pendientes. En la nuca les respira un Ricardo Lagos Escobar que se reinventa con su obsesión por la planificación urbana y la infraestructura. Porque la desigualdad no se combate sólo interviniendo en los colegios. Se expresa violentamente en las condiciones diarias en las cuales nos desplazamos y regresamos de nuestros lugares de trabajo.

Link: http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2014-11-17&PaginaId=39&bodyid=0


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