CAFÉ CONCERT

Noviembre 10, 2009 por vozyvoto

por Cristóbal Bellolio (publicada el martes 10 de noviembre en www.latercera.com)

Debatir es un arte. O una ciencia, si prefieren. Es casi una disciplina. En un debate, más importante que lo que se dice, es cómo se dice. Es dominar el escenario, mirar a la cámara, manejar el dramatismo, capturar la atención, electrizar a la audiencia, jugar con el humor, interpelar a los contendores, salir con elegancia. Un debate no decide una elección. Generalmente sirve para aleonar a los partidarios que ya están convencidos. Y el juicio “objetivo” sobre quien “ganó el debate” no tiene relación con el cambio en la preferencia electoral. Por tanto, ya deberíamos estar de acuerdo en que los debates (así como las franjas televisivas) poseen una lógica propia e independiente.

En este plano de discusión casi estético, y tomando en cuenta que los debates van cambiando de formato, la mejor herramienta de un candidato es la versatilidad. En el caso del foro de TVN, el objetivo de de los postulantes a La Moneda era encarnar autoridad, evidenciar rasgos de estadista, garantizar gobernabilidad. Un modelo menos empaquetado, como el que vimos ayer en canal 13, incentiva a los competidores a cambiar la excesiva formalidad por un estilo tipo café concert, donde el diálogo permanente genera inevitablemente momentos más chispeantes. No era un número de humor, obviamente (el senador Frei casi pierde la compostura cuando se empezaron a mandar saludos a las señoras), pero otorgaba ventajas a los mejores conversadores de sobremesa.

En este terreno, hay que decirlo, el mejor es Piñera. Con facilidad pasó de la rabieta al festín, preguntándole incluso a los moderadores sobre sus propios defectos. Aunque se denuncie su falta de corazón, lo que le sobra es cancha. ¡Hasta se metió en la foto familiar de los Gumucio! Presidentes cancheros han existido muchos, desde Menem a Berlusconi, y eso no asegura buen gobierno ni respetabilidad internacional. Pero en un debate rápido y a ras de piso hace la diferencia.

Quien pierde con este formato no es el más anticuado, sino el más amargo. Arrate podrá ser de la vieja escuela, pero es de una afabilidad casi infinita, además de ser un gran conversador. Se le vio relajado y en líneas generales no “guateó”, salvo cuando dijo que Cuba tenía “un tipo de democracia distinto”, con “imperfecciones” como las nuestras. Sin comentarios.

Frei, en cambio, no calza con el ritmo de esta música. Asqueado de tanta “farándula”, pedía subir a los “grandes temas” (como si a alguien le importaran en un show de televisión), pero al hacer el reclamo se le vio incómodo, cascarrabias, despectivo. Y cuando trataba de apelar al humor (“gracias ministro” a Arrate, o “fijemos la fecha” respecto del debate de segunda vuelta), lo hacía como esos tíos insoportables de pecho inflado. Si quiere ganar en simpatía, Frei tiene que abandonar la típica arrogancia de quien ya fue presidente (no me quiero ni imaginar a Lagos en su lugar), donde sólo él hace planteamientos serios, donde sólo él sabe cómo se gobierna, donde sólo él pareciera considerar un trámite la elección de diciembre. En honor a la verdad, en todo caso, el egocentrismo que irradian estos cuatro candidatos es preocupante. Piñera al menos lo disimula mejor, y en uno de los grandes aciertos de su campaña, ha optado por no seguir apareciendo como el superhéroe que fue en la campaña de 2005.

Finalmente Marco, que tenía todo para ganar en este escenario, se desinfló. Tuvo momentos buenos, por supuesto, pero a estas alturas debería aferrarse mejor a sus ejes semánticos más poderosos, aquellos por los cuales ha ganado tanta adhesión: La renovación y la transversalidad. Ayer no era el día para enumerar proyectos de ley inentendibles en treinta segundos ni menos para sacar a Pinochet al baile. Se enredó denunciando lobistas (precisamente él, que “dice las cosas como son”), se tropezó con las concesiones de televisión venezolana. Piñera le paró el  carro un par de veces a nombre del resto del panel. Marco debió ser más encantador que nunca, sabiendo que maneja mejor que el resto los códigos de la televisión, pero la agresividad lo superó.

Cuando ya la paciencia flaqueaba tocaron la campana y cada púgil se retiró a su esquina. Seguramente a empinar el codo, porque la cosa fue intensa. Ojalá se hayan ido juntos, para seguir “resolviendo diferencias”. A continuar con el café concert, esta vez sin televisión.

Link: http://blog.latercera.com/blog/cbellolio/entry/caf%C3%A9_concert

¿LE TOCA A LA DERECHA?

Noviembre 8, 2009 por vozyvoto

Publicada el pasado domingo 1 de noviembre en La Tercera, transcribimos columna del candidato presidencial Marco Enríquez-Ominami. Potente. Compartimos, al menos, el diagnóstico. Ahí va:

“Durante la larga transición que ha vivido Chile tras reconquistar la democracia se ha convertido en norma la reproducción de los dos grandes bloques políticos, nacidos al alero de la contienda entre el Sí y el No en 1988, en cada una de las esferas de decisión e influencia que el sistema político modela en su entorno. Se les llama “equilibrios políticos”.

Así es la designación del Directorio de TVN, el Banco Central y los miembros del Tribunal Constitucional. Más aún, frente a conflictos sectoriales o crisis específicas, la creación de nuevas instituciones se realiza en la misma ecuánime proporción: así se reparte el Sistema de Alta Dirección Pública, los jurados de la más diversa índole, los panelistas de los programas políticos e incluso algunas organizaciones no gubernamentales -como recientemente nos enteramos con la crisis en Transparencia Internacional-.

Los chilenos llevamos años mirando cómo la distribución de poder entre los bloques dominantes es presentada no solo como la imagen misma de la diversidad sino como gran logro civilizatorio de nuestra nobel democracia. Ahora, sin embargo, cuando el edificio erigido sobre esa base comienza a resquebrajarse por la fatiga del material del que fue construido, esa cuota de participación y repartición comienza también a hacer crisis.

Para las autoridades de la transición esto es así. Para ellos turnarse la presidencia de las cámaras del Congreso es normal, turnarse la presidencia del Banco Central es normal, repartirse los cupos parlamentarios en cada distrito y circunscripción es normal; pero enfrentar la incertidumbre y la competencia es anormal. No es raro, llevan 20 años en un acuerdo relativamente estable y han querido presentar esa inmovilidad como estabilidad.

Pero, aunque suene a paradoja, la estabilidad del siglo XXI se construye con dinamismo y flexibilidad. Con movimiento, no con estancamiento. En eso el candidato de la DC y el de RN son mortalmente parecidos, poseen una mentalidad conservadora que no es capaz de devolverle a la política un rol conductor y de liderazgo en la sociedad, sino que la condena a tornarse en seguidora tardía de cambios que la obligan, cada tanto y no sin dolor, a ponerse al día con la historia.

Ahora le disparan al mensajero y presentan la juventud como una circunstancia peligrosa, lo dinámico como inseguro y la alegría como sinónimo de inmadurez. Hablan de gobernabilidad para aludir al empate permanente, son autocomplacientes con ese sopor y estancamiento sólo porque ha conjurado el trauma con el conflicto y el enfrentamiento de una generación que creció con la Guerra Fría y fue la responsable de la ruptura democrática en Chile.

Por eso es otra generación la llamada a asumir los desafíos del presente, en un mundo que está en permanente cambio, que muta y reemplaza paradigmas a la velocidad del rayo, donde lo que es conocimiento un día, puede estar obsoleto al mes siguiente. Donde hay menos certezas y los dogmas son un pasivo para cualquier institución.

El candidato de la derecha y el de las cúpulas de la Concertación encanan el miedo al cambio y a la innovación. Tras ellos van ejércitos de rostros repetidos una y otra vez. Traen la letanía y el ritmo cansino del Chile del siglo XX, heredero de la Hacienda y los clubes de la fronda.

En esa lógica ¿le toca a la derecha la presidencia, como antes le tocó la de la Cámara de Diputados, la del Senado y el cogobierno de las instituciones clave para el desarrollo del país? Pues nosotros pensamos que no. Por eso decimos que sólo hay una candidatura progresista: la que rompe ese binomio que nos condena a  la misma película que hemos visto una y otra vez.

Link: http://blog.latercera.com/blog/menriquezominami/entry/le_toca_a_la_derecha

ESA MAJESTUOSA DEBILIDAD

Noviembre 5, 2009 por vozyvoto

por Cristóbal Bellolio (publicada el miércoles 4 de noviembre en www.latercera.com)

El poder es un vicio majestuoso. Y desgasta a quienes no lo tienen, como nos recuerda Ricardo Lagos (no sólo con la cita, sino también con el ejemplo). Esta es una combinación demasiado poderosa como para aceptar de buena gana que pase a ser ejercido por otras manos. En ese contexto deberíamos entender las humanas debilidades que estamos presenciando en nuestros días: nerviosismo, vista gorda a la ley, demagogia, matonaje e intervención. Aunque la izquierda lo niegue, anclada a su dogmatismo, los individuos y las asociaciones de individuos buscan su propio interés. Este fenómeno, de tanto en tanto (y no siempre como señala el dogmatismo de derecha) redunda en un mejor estado colectivo. Mandeville hablaba de vicios privados y beneficios públicos. ¿Serán los vicios que está exhibiendo el oficialismo un camino para que todos vivamos mejor? ¿Quedarán finalmente estos “deslices” de ministros e intendentes justificados por el bien superior de los chilenos?

Varias figuras de la Concertación han señalado que lo peor que le puede pasar al país es un gobierno de Piñera: Al poder económico y mediático que ya ostenta la derecha se agregaría el poder político, desequilibrando peligrosamente el tablero; los conflictos sociales se agudizarían dada la intrínseca insensibilidad del conservadurismo; los pobres de la nación perderían los mínimos que hasta entonces han conquistado; el país, en síntesis, retrocedería. ¿Les parecen pocos argumentos para dar la batalla con todas las armas disponibles? Si realmente están convencidos de todo esto (sin siquiera entrar a juzgar cuanto necesitan sus puestos de trabajo), no habrá instructivo de Contraloría, decencia republicana o amistad cívica que valga. Sino pregúntenle a Ramiro Mendoza (“atrévete a fiscalizarnos”), Gabriel Valdés (“demente senil”) o al mismo Marco Enríquez-Ominami (“marquitos”). Algunos, al menos, tienen la delicadeza de esbozar tímidas disculpas cuando son sorprendidos. En casos meritorios, hay incluso funcionarios destituidos. Mientras otros, mareados de orgullo, dirán que nos falta visión y despectivamente nos calificarán como manga de “contadores”, constantemente preocupados de la “hojarasca” de los autos fiscales, las invitaciones a los actos de campaña o la navegación de ministros en páginas web de candidatos en plena discusión del presupuesto. Quizás tenga razón y la oposición nos tenga convertidos en unos paranoicos (capítulo aparte para los estrategas de la Alianza, que a estas alturas deberían saber que la amenaza de interpelaciones y acusaciones en plena campaña sólo consigue polarizar y alejar al votante moderado).

Pero el problema ético y político es mayor, porque en términos gruesos se pretende engañar al electorado. Así, mientras el propio ministro de Hacienda se muestra inflexiblemente responsable ante la presión de profesores y empleados públicos, los parlamentarios de la Concertación (aunque no los únicos) corren a apoyarlos. El gobierno dice A y la coalición que aspira a continuarlo dice B, pero aun así Tironi nos quiere hacer creer que Frei es Bachelet. No funciona. Desafía toda conmutatividad. Pero en el comando del senador DC saben muy bien que la imagen es todo y que estas minucias pueden esperar en el congelador. A fin de cuentas, la debilidad de los varones por las rubias no se compara con la debilidad de la familia concertacionista por el poder.

Link: http://blog.latercera.com/blog/cbellolio/entry/esa_majestuosa_debilidad

Película chilena al Oscar

Noviembre 3, 2009 por vozyvoto

Aunque no acostumbramos a reproducir cartas al director, consideramos importante hacer eco de la legítima y sensata inquietud de Luciano Cruz Coke Carvallo, aparecida en El Mercurio el pasado 1 de noviembre. Creemos que incluso se queda corto al “eludir la sospecha de tenor político”.

“Señor Director:

La reciente nominación de la película “Dawson, Isla 10″, de Miguel Littin, como la candidata chilena para los premios Oscar en desmedro de “La Nana”, de Sebastián Silva, ganadora del prestigioso Festival de Sundance, obliga a una reflexión acerca de la idoneidad de los mecanismos del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes para la selección de nuestros representantes a instancias de esta importancia y visibilidad.

Sin efectuar un juicio valórico a la obra de Littin -otro inocente inmiscuido en esta sorprendente decisión- y eludiendo la subyacente sospecha de tenor político, el dilema se centra en que la decisión parece no estar fundada en aspectos estratégicos que tengan por horizonte el desarrollo de nuestra industria audiovisual.

“La Nana” no sólo ganó el premio de Sundance a la mejor película -hecho sin precedentes en nuestra cinematografía-, sino que ha arrasado con los galardones en prácticamente todos los lugares en los que se ha presentado, especialmente en EE.UU.

En coherencia con los tiempos se realizó completamente en digital, con mínimos recursos, destacando en la prensa mundial por la originalidad de su historia, sus excelentes actuaciones y la revelación de un mundo fascinante y muy chileno.

En un sector que trabaja en permanente pérdida y en el que las películas nacionales durante su segunda semana de exhibición en cartelera pierden el 80% de sus funciones (capacidad de venta), no podemos permitirnos el lujo de desperdiciar la oportunidad única que ofrece “La Nana” de poner a Chile ante los ojos del mundo.

Si apostamos a una industria que apunte a crecer, sustentarse a sí misma, crear empleos y penetrar mercados internacionales debemos, como mínimo, repensar los mecanismos de selección de nuestro producto cultural que, ante todo, deben estar orientados por la siguiente pregunta:

¿Qué sirve a los intereses del cine chileno en orden a potenciar su industria?

En este caso parece haber una sola respuesta evidente.”

Link: http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2009/11/01/pelicula-chilena-al-oscar.asp

Derecha Conservadora vs Derecha Liberal

Noviembre 1, 2009 por vozyvoto

Aunque en honor a la verdad la invitación de Radio Duna era para conversar sobre nuestras respectivas preferencias en la carrera presidencial, Política Stereo encontró una cuña interesante para contrastar dos orientaciones distintas en la derecha chilena. De haber sabido antes que el título sería tan sugerente, habría concentrado mis intervenciones en explicar en qué consiste ese proyecto liberal, lo que nunca me fue consultado. En fin, les dejamos un extracto:

Link video completo: http://www.politicastereo.tv/debates_ver.php?id_noticia=74

LA PROHIBICIÓN O EL CAOS

Octubre 28, 2009 por vozyvoto

por Cristóbal Bellolio (columna solicitada pero no publicada)

La reciente decisión de Barack Obama de frenar la persecución penal a los consumidores de marihuana con fines terapéuticos es particularmente acertada en dos sentidos. En primer lugar, fortalece el respeto a la legislación local, ya que la disposición se aplica sobre 13 estados norteamericanos donde los médicos estaban habilitados desde 1996 para recetar el uso de cannabis en el tratamiento de ciertas enfermedades (glaucoma, artritis, efectos de la quimioterapia), pero aun así sus pacientes eran víctimas de acciones judiciales por parte de las autoridades federales, especialmente durante la administración Bush. Se impone así la descentralización jurídica y la autonomía de los estados. En segundo lugar se cumple una promesa de campaña. Es fácil regalar palabras al viento y hacer ofertones previo a las elecciones, lo difícil es concretar esos anhelos. Obama se anota otro punto a favor demostrando coherencia entre discurso campañero y ejercicio del poder. Pudo haber olvidado convenientemente este asunto para evitar conflictos con ciertos grupos republicanos, sabiendo que en la práctica los beneficiados por la medida son relativamente pocos. Pero prefirió honrar sus compromisos.

Pero el asunto de fondo es otro. Sus detractores han esgrimido el viejo argumento conservador: Este es un paso hacia la legalización de la marihuana. O prohibimos o abrimos las puertas al desastre. Esta lógica dicotómica la encontramos en casi todas las conversaciones en las cuales participan los defensores del orden y la tradición: Si legislamos sobre el aborto terapéutico estamos favoreciendo el aborto a secas, si regulamos las uniones civiles entre personas del mismo sexo estamos anticipando el matrimonio gay. Ningún antecedente realista indica que eso vaya a ocurrir, pero parece vivir en sus corazones una paranoia que no los abandona: Lo nuevo puede esconderse tras las esquinas, lo distinto acecha bajo la apariencia de lo conocido. ¿Y si finalmente fuera así? Si la despenalización del uso terapéutico nos llevara a discutir seriamente la legalización de la marihuana, como ocurre actualmente en California, ¿nos enfrentaríamos a un escenario tan terrible? Obama ya ha dicho que no es partidario de ir tan lejos, pero entiende que en las sociedades educadas se avanza gradualmente hacia mayores grados de libertad individual. Y que mientras más abiertas y tolerantes, mejor sabrán lidiar con las complejidades que provoca el ejercicio de esa autonomía. Parafraseando a Stuart Mill, el único fin que justifica que la autoridad se entrometa en la libertad de acción de los ciudadanos es evitar que perjudique a los demás, pues su propio bien, físico o moral, no basta como justificación.

Ideas Comunes

Octubre 26, 2009 por vozyvoto

Los dejamos con una columna de David Gallagher aparecida el viernes pasado en El Mercurio. Se la juega por la candidatura de Sebastián Piñera, pero en el camino entrega argumentos que compartimos plenamente:

“Una premisa central de los ideólogos de la campaña de Frei parece ser que, tras la crisis internacional, la economía de mercado está en retirada en todas partes, y que en consecuencia hay una demanda generalizada por más Estado, y por más poder para los sindicatos. Las políticas “neoliberales” de la “derecha” estarían desacreditadas: el mismo Sarkozy las estaría criticando. De allí la necesidad de izquierdizar a Frei, de convertirlo en la antípoda de lo que fue cuando gobernó.

Desgraciadamente para estos ideólogos, el vuelco a la “izquierda” que ellos perciben no existe. Cualquiera que viaja a Estados Unidos o Europa o Asia se da cuenta que no hay un cambio de actitud frente a la economía de mercado, sino más bien alivio de que la crisis no fue larga. En los principales países de Europa son los partidos socialistas y socialdemócratas los que están decaídos y desmembrados. En Alemania, sufrieron una devastadora derrota, en elecciones cuyo principal ganador fue el FDP, el partido más pro mercado de todos. En Gran Bretaña, los conservadores lideran de lejos en las encuestas. En Estados Unidos, Obama, muy razonablemente, procura extender la cobertura médica a quienes no la tienen, pero nadie podría imaginarlo clamando por más Estado y más poder para los sindicatos.

Es cierto que un Sarkozy o una Merkel se han dado de vez en cuando el irresistible gusto de criticar el “capitalismo anglosajón”, pero los ideólogos de Frei no deberían confundir arrebatos retóricos con medidas reales. Tanto Francia como Alemania intentan hacer reformas “anglosajonas”: flexibilizar el mercado laboral y reducir el poder de grupos corporativos.

Siempre se puede postular la existencia de “fundamentalistas del mercado” que creen que no deberían existir regulaciones de ningún tipo, y de allí disparar contra ellos. Pero ese blanco fácil tiene el inconveniente de no existir en la política real. Los que sí tal vez existan son socialistas que se volcaron al mercado con la fe del converso, sin entender sus limitaciones, sin aplicarle el sano escepticismo propio del liberal o del conservador, y que ahora sienten culpa y rabia por sus propios excesos, y para expiarse, corren al otro extremo. Allá ellos. Pero es una pena que hayan manipulado tanto a Frei, un hombre bueno que hizo un gobierno razonable, y que no se merece el chip izquierdizante y rencoroso que le han colocado.

Gracias a que ellos mismos abrazaron la economía de mercado, los socialistas en todo el mundo, incluido Chile, pudieron gobernar con éxito por muchos años. Al hacerlo mostraron que las buenas ideas son comunes a todos: la economía de mercado no es propiedad ni de la derecha ni de la izquierda. Asimismo los conservadores y liberales demuestran hoy día que las políticas sociales tampoco tienen dueños exclusivos: en todo el mundo, la centroderecha las aplica cuando accede al gobierno, con la ventaja de que lo hace sin los complejos ideológicos que, por lo menos en Chile, condujeron a que la izquierda a veces administrara la economía de mercado a regañadientes, con costos para la sociedad, provenientes de su ambigüedad y desgano.

Un gobierno de centroderecha, como sería el de Piñera, no sólo aplicaría políticas sociales sin complejos: lo haría desde un Estado eficiente, con vocación de servicio público, demostrando que el Estado es para servir a todos los ciudadanos, y no para ser el feudo de los operadores políticos que lo capturen. Los gobiernos de centroderecha que logren forjar estados de esa calaña tendrán una vida larga. Es lo que tiene desesperados a los socialistas en Europa.”

Link: http://blogs.elmercurio.com/columnasycartas/2009/10/23/ideas-comunes.asp

Momento Liberal

Octubre 22, 2009 por vozyvoto

Llegó a nuestro conocimiento esta tremenda reflexión aparecida en el diario español El País, autoría de José María Lasalle, secretario de cultura del Partido Polular y diputado por Cantabria. Agradecimientos a Jorge Fábrega por el dato:

“La crisis exige de las sociedades abiertas una enérgica respuesta de ejemplaridad. Una vuelta a los valores cívicos y a la responsabilidad moral.

De lo contrario, se corre el riesgo de que se produzca un peligroso desencuentro entre el relato legitimador que sustenta la democracia y la vivencia cotidiana de la política por parte de los ciudadanos. Un desencuentro que, coincidente con un clima de apatía social, resucite populismos que hagan que los espacios públicos se iluminen con los fogonazos de irritación y malestar de un pueblo que, jaleado por algunos demagogos postmodernos, no entiende por qué algunos gobernantes democráticos se dejan llevar por la frivolidad pasiva de la improvisación convertida en política. De este modo, por parafrasear la expresión acuñada en los años setenta por John Pocock en su famoso ensayo El momento maquiavélico, es imprescindible revisitar los fundamentos del liberalismo y afrontar, por así decirlo, un momento liberal que ofrezca una respuesta desde la libertad al desafío que plantea el cambio de paradigmas al que se enfrentan las democracias como consecuencia de la grave crisis social que padecemos.

En resumidas cuentas, hay que recuperar la entraña del humanismo cívico que estuvo detrás de la aparición del pensamiento liberal. Un humanismo cívico basado en la excelencia de la virtud y que genealógicamente es el antecedente de los liberales del siglo XVII y XVIII, desde Locke a Jefferson, pasando por Montesquieu, Adam Smith o Ferguson. Un humanismo cívico que no ocultaba su filiación patrióticamente ciceroniana y cuya obsesión primordial era impedir el despotismo que acechaba detrás de la supresión de las virtudes civiles y políticas. Quizá por ello el mismísimo Hayek no tenía dudas al afirmar en La Constitución de la libertad que tenía a Cicerón como “la principal autoridad del moderno liberalismo”.

Hoy, como siempre, el discurso de la virtud civil y política es imprescindible si queremos recuperar la confianza en el futuro del Progreso inspirado en la libertad. Los atajos en la búsqueda del bienestar y la prosperidad mediante una visión maximizadoramente economicista del mercado no pueden ser justificados tras la experiencia brutal que está suponiendo la crisis para millones de ciudadanos. Ésta no se ha producido por la ineficiencia del mercado a la hora de generar riqueza, sino por la depreciación tanto de los controles de justicia que deben asegurar la plena vigencia de las leyes, como por una relajación en el comportamiento de aquello que Adam Smith denominaba la benevolencia, esto es, el interés por el bienestar de los otros, pues, “el sentir mucho por los demás y poco por nosotros mismos, el restringir nuestros impulsos egoístas y fomentar los benevolentes, constituye la perfección de la naturaleza humana”.

No cabe sostener -como han hecho algunos desde planteamientos neoliberales- que el discurso de La riqueza de las naciones de Adam Smith esté disociado de los ideales virtuosos que inspiran sus Lecciones de Jurisprudencia o su Teoría de los sentimientos. No es cierto que en el liberalismo el homo oeconomicus hubiera primado sobre el ciudadano, o que el interés hubiese devorado la virtud. Todo lo contrario. Ambos conviven dentro de un ideal de justicia que, además, es riguroso en su ejercicio y cumplimiento, ya que para el pensamiento liberal la tensión que inspira el cultivo de la virtud ha sido siempre una de las claves de bóveda de su diseño del gobierno bajo el imperio de la ley y que, inspirado en la Roma republicana, se mantuvo en el inconsciente de la libertad de los antiguos hasta que, entradas en acción las revoluciones transatlánticas, se transformó en la libertad de los modernos que luego describiría con tanto acierto Benjamin Constant.

En este sentido, el liberalismo tiene ante sí la tarea de reafirmarse en lo que fue en sus orígenes cultivando un presente de valores secularizados que restablezcan la condición activa y ejemplar de la política ciudadana mediante la defensa de un mérito público basado en el esfuerzo y la austeridad, en el trabajo diligente y en la responsabilidad hacia uno mismo y los demás. Hay que restaurar las raíces morales de las que nació el liberalismo para volver luego desde ellas a la defensa del mercado y la libertad económica. Comprender, como lo hizo Adam Smith, que la acción moral afecta siempre a la económica, ya que de acuerdo con su filosofía el comportamiento virtuoso no sólo no se opone a la prosperidad sino que casi siempre es la mejor vía para conducirnos a ella. De modo que, como señala en la Teoría de los sentimientos morales, “el viejo proverbio según el cual la honradez es la mejor política resulta casi siempre cierto”.

Hay, por tanto, que impulsar un momento liberal que impida la debilidad del espíritu público; que venza la creencia en el provecho material y la filosofía anhelante de los derechos mediante una cultura del deber que, puesta al servicio de la libertad, vertebre la participación de la ciudadanía en el manejo y mejora de la cosa pública. En fin, hay que articular un momento liberal que nos devuelva la fortaleza de la virtud política o patriótica, pero entendiendo ésta como ese amor respetuoso a las leyes y las instituciones que protegen la libertad común, que es la tesis esgrimida por Montesquieu cuando reflexionaba sobre ella en Del espíritu de las leyes. Precisamente esa virtud patriótica debe ser reclamada más que nunca. No hay que olvidar que comenzamos a sufrir una crisis social que amenaza con descomponer y desvertebrar los fundamentos mismos del tejido cívico que sustenta nuestras sociedades civiles.

La crisis no será vencida sin sacrificios duraderos al servicio de reformas muy profundas, y estos sacrificios no podrán ser exigidos sin eso que Javier Gomá ha definido recientemente como ejemplaridad igualitaria. Ésta ha de suponer un compromiso virtuoso de todos por el respeto a un ideal de vida buena, un compromiso de todos con la excelencia y una verticalidad meritocrática que restablezca el deseo de cultivar lo mejor que hay en nosotros mismos y ponerlo al servicio de la sociedad.

Urge, por tanto, reactivar la vivencia pública de la ciudadanía y eso significa asumir que si el respeto a las leyes en las que se fundan la libertad y los derechos se descuida, entonces, éstos pueden ser fácilmente atropellados por cualquiera. Por eso, John Rawls identificaba al liberalismo con el presupuesto de que si los ciudadanos quieren salvaguardar sus libertades y derechos fundamentales, entonces, han de ejercitar y “poseer en grado suficiente las virtudes políticas y estar dispuestos a participar en la vida pública”.

Link: http://www.elpais.com/articulo/opinion/Momento/liberal/elpepuopi/20091012elpepiopi_4/Tes

DARSE VUELTA LA CHAQUETA

Octubre 19, 2009 por vozyvoto

por Cristóbal Bellolio B. (publicada en Revista Qué Pasa del 16 de octubre de 2009)

Asistí al debate presidencial de TVN invitado por el comando de Marco Enríquez-Ominami. Fue extraño mirar a la mayoría de mis “contactos” políticos, sentados en la barra de Sebastián Piñera, desde la vereda opuesta. Fue incómodo, siendo sincero. Sentí los comentarios venenosos por la espalda. Al final del debate nos saludamos cordialmente con el candidato de la Coalición por el Cambio, pero no alcanzamos a cruzar un par de frases antes que le recordaran que estaba hablando con un “traidor”. Me hizo sentido lo que dijo Felipe Lamarca respecto del bullying político: La tribu de origen castiga a los que cruzan el río.

El fenómeno de cambiar de bando es tan viejo como la política misma. Pero la valoración del hecho es distinta dependiendo de quién se beneficia del giro. Para la Alianza el desembarco de Fernando Flores y Jorge Schaulsohn en la campaña de Piñera fue una excelente noticia, que daba cuenta, según algunos, de la valentía y estatura de estos dos ex líderes concertacionistas: Habían sido capaces de romper lealtades configuradas en base al pasado, apuntando a la construcción de un futuro común. En el oficialismo la interpretación fue otra: Flores traicionaba su propia historia y mancillaba su vínculo allendista, Schaulsohn era un mal agradecido y un oportunista. Ambas reacciones son políticamente esperables, ya sea por consideraciones afectivas (ganar o perder un amigo), estratégicas (ganar o perder un elector) o simbólicas (ganar o perder un aliado), pero es ilusorio pretender realizar una valoración justa del hecho cuando el criterio utilizado es la pura conveniencia propia. Siempre recibiremos con los brazos abiertos a quienes “vieron la luz” y echaremos maldiciones sobre quienes abandonaron el buen camino. Pero ni la luz ni el buen camino son términos absolutos.

Lo paradójico es que en esta pasada es la oposición quien más necesita votantes que se den vuelta la chaqueta. Con un padrón electoral muy similar al de los últimos veinte años, el comando piñerista tiene claro que la clave de la victoria no está en los nuevos inscritos, sino en adherentes blandos pero históricos de la Concertación.  Mucha gente tiene que “cambiarse” para que gane el Cambio. Es un fenómeno deseable y promovido desde la sede de Apoquindo, sólo mientras sea unidireccional hacia la derecha… Ya hay notificados: La fuga de votos hacia Marco Enríquez-Ominami será social y políticamente sancionada. Pero la recomendación política es la contraria: Despenalizar el cambio, no sólo por coherencia con el discurso propio, sino además pensando estratégicamente en una eventual segunda vuelta frente a Frei, donde los partidarios de MEO seremos determinantes en el resultado.

Por supuesto, no todas las motivaciones para el cambio de bando son iguales. Seguramente coexisten o alternan razones de fondo y de forma. Podemos distinguir básicamente tres:

Quienes sienten que sus convicciones se han mantenido inalteradas, pero acusan al resto de haber extraviado la brújula. Para éstos lo relevante es la lealtad a las ideas más que a personas determinadas. El grueso de los adherentes de Marco Enríquez-Ominami proviene de esta visión, que no se siente traicionera de la Concertación.

Podemos identificar un segundo grupo cuyo cambio en las preferencias políticas apela a cuestiones más contingentes, como un episodio puntual de enfrentamiento interno, la promesa de mayor protagonismo, una ventana de oportunidad o un cupo privilegiado. Concordaremos en que las experiencias de los colorines en la DC, de los humanistas cristianos con Piñera o el reciente desembarco de Trivelli en el marquismo tienen que ver, aunque se diga lo contrario, con esta familia de motivaciones.

Pero hay un tercer grupo aun más interesante, porque asume hidalgamente que ya no piensa como antes. Son los que reivindican el cambio de mirada, como parte de un proceso evolutivo consciente. No significa reconocer necesariamente que estuvieron equivocados, pero sí que son autocríticos frente a su historia. Esta especie contribuyó a la renovación socialista en Chile, cuando puso en tela de juicio su propio dogmatismo. De esta especie proviene tanto el ministro PPD Francisco Vidal como el senador UDI Andrés Chadwick. El primero en su juventud perteneció al Partido Nacional y el segundo al Mapu. Ambos hicieron uso de su derecho a la evolución intelectual, aunque en estos casos haya operado en el sentido inverso. Asegurar que uno lo hizo “para bien” mientras el otro “involucionó” es una explicación fanática y arrogante, porque parte de la premisa de que los propios tienen siempre la razón, descalificando la intensidad y la complejidad de la experiencia vivida por el sujeto en el banquillo de los acusados.

No pretendo con esta reflexión animar a que la promiscuidad política se transforme en orgía. La capacidad de mantenerse fiel a un proyecto aun cuando no nos gusta algo de ellos es tremendamente importante. Cambiar la realidad desde adentro es siempre un ejercicio encomiable. Pero no se les puede pedir a todos que lo hagan. El mundo sería un peor lugar, o al menos más estático, si algunas personas no se hubieran atrevido a desafiar ciertos supuestos, mitos y prejuicios respecto del “otro” y sus ideas. Cruzar el río, cuando el motor es una convicción y no puro aprovechamiento, derriba muros de intolerancia y sectarismo. Ponerse en el lugar del otro requiere a veces estar con el otro y entender sus motivaciones respecto a la acción política. Quizás no sean tan distintas de las nuestras, pero a veces optamos por no verlas porque se gestaron en una tribu diferente. La generación de chilenos que no carga con mochilas de rencor tiene evidentes ventajas a la hora del desprendimiento, pero tampoco está desprovista de costos. Llegó la hora de empezar a mirar a los que se dan vuelta la chaqueta con otros ojos.  

Link: http://www.quepasa.cl/articulo/19_1121_9.html

¿ME-0 EN SEGUNDA VUELTA?

Octubre 15, 2009 por vozyvoto

por Cristóbal Bellolio B. (publicada en La Tercera el miércoles 14 de octubre)

¿Se han imaginado despertar la mañana del lunes 14 de diciembre con Marco Enríquez-Ominami instalado en segunda vuelta y Eduardo Frei masticando la derrota? Aunque el senador DC todavía le lleva cierta ventaja al candidato independiente, el dato relevante es que la distancia se acorta día a día. La tendencia muestra un Frei que baja y un Marco que sube, quedando todavía dos meses de campaña. ¿Serán suficientes para que cambie el cuadro?

Pongámonos en el caso de que eso ocurra. La debacle en la Concertación sería de proporciones. Se me viene a la mente el Titanic hundiéndose en el océano. Casi puedo ver las caras de horror. Cuando la soberbia alcanza tamaña altura, el golpe es tremendo. Pero una vez superado el shock emocional, vendría la pregunta de rigor: “¿y ahora qué hacemos con marquito?”

La primera en reaccionar debería ser la Presidenta. Mal que mal, Marco siempre ha reivindicado su figura. Una invitación a tomar cafecito a La Moneda cae de cajón para endosar al Bacheletismo. Con una sonrisa, el candidato se adjudicaría la herencia de mamá. El gesto de papá Lagos tampoco se haría esperar. El problema mayúsculo lo tendrían los partidos de la Concertación. No sus adherentes sino sus principales dirigentes, los que se han encargado de dinamitar los afectos con el discolaje. Es impensable que Escalona, Latorre y cía. salgan en la foto. Pero no sólo por una cuestión de egos, sino porque se trataría de los primerísimos responsables del desastre electoral, pesados costos con miras al 17 de enero. Marco no los querría ni envueltos en papel de regalo. Políticamente, sus cabezas tendrían que rodar, y la tarea recaería en los elementos “marquistas” de cada tienda. De preferencia, nuevas generaciones: Los Rossi, los Orrego, los Gómez se reciclarían, se colarían los Girardi. Don Carlos Ominami se sobaría las manos. Tendrían que ser simultáneos golpes blancos, rápidos e incruentos, a lo largo del arco iris. La noche de los cuchillos largos, como aquella que sufrió Piñera y Longueira a manos de Lavín el 2004. Todo sea por la causa superior, que en este caso no sería otra que conservar el poder dentro de la familia concertacionista. “Nace una nueva Concertación para apoyar la opción de ME-O” se gritaría a los cuatro vientos. Otra vez, todos los colores contra la derecha. La promesa de la transversalidad y de “los mejores” quedaría en entredicho. Es improbable que un candidato se niegue a tanto cariño, aunque de este en particular no se puede asegurar nada. Si su proyecto no es refundar el oficialismo sino construir una alternativa distinta que mire al futuro, entonces Marco podría darse el lujo político de dejar que la ola del fenómeno cobre vida propia sin comprometer ni transigir con los partidos de la Concertación.

Ni la primera ni menos la segunda estrategia asegura un triunfo frente a Piñera. La distancia que habrá sacado en primera vuelta será mucha. Una pequeña fracción del caudal de Frei, particularmente el voto conservador, podría darle la mayoría al abanderado de la Coalición por el Cambio. En ese escenario ¿Habrá valido la pena el terremoto? Sin lugar a dudas. Un llamado a retiro de los viejos próceres de la Concertación es sano y deseable para comenzar una nueva etapa, y Marco quedaría legítimamente habilitado para llevar sus banderas desde la oposición. O en la segunda hipótesis, refrescaría el panorama político con una opción propia de los tiempos que corren, de ese “Chile que cambió”, como le gusta recordar. Todo esto sin mencionar que la posibilidad de alcanzar la victoria estaría abierta y latiendo vigorosa. Es la idea misma del cambio, en definitivas cuentas, la habrá ganado si Marco Enríquez-Ominami y Sebastián Piñera se ven las caras en segunda vuelta. 

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