¿VALE LA PENA TRATAR DE CREAR UN NUEVO REFERENTE POLÍTICO? (2a Parte)

By vozyvoto

Por Daniel Brieba

(Continuación columna anterior…)

2.     La idea es beneficiosa para Chile aun si no tuviera éxito

 

Aun si no lográsemos constituir un nuevo referente, la política chilena se enriquecería por el solo hecho de que lográramos poner algunos de estos temas sobre la mesa. Si los partidos actuales, en respuesta al desafío de una colectividad genuinamente post-Pinochet y plantada en el corazón del siglo XXI, lograsen renovarse, modernizarse y ponerse a tono con los tiempos, pues tanto mejor. Lo más importante no es llegar a gobernar Chile, sino lograr que la política chilena se ponga al día. Más allá de eso, sólo el pueblo de Chile dirá qué rol le toca jugar a cada cual. Así, puede que no tengamos el peso ni los recursos para ganar elecciones o tener algún tipo de poder de negociación con los peces gordos de la política; pero, ¿qué importaría, si logramos instalar temas relevantes en la agenda pública y gatillamos cambios en la dinámica de la política actual? Éste debe ser nuestro verdadero norte: ayudar con nuestros intelectos y nuestras voluntades a producir una mejor política. Si nuestra propuesta prende y nos lleva hacia lugares que aun no podemos prever, será nuestra misión seguir y empujar y ser fieles a nuestro espíritu fundacional; pero si es tan sólo servir de motivador o catalizador de cambios en los partidos tradicionales o en otros lugares de la sociedad, pues bien, eso también sería un exitazo para Chile. Por ello, aun en el fracaso, el solo hecho de colocar temas de recambio generacional, de democratización del poder, de justicia social, de compromiso profundo con la superación de la pobreza, de voluntad modernizadora a fondo, de superación (no olvido) definitiva del trauma Pinochet, de calidad institucional, de ampliación de las dimensiones de la política y de mejorar los estándares del debate democrático, sería ya un éxito en sí mismo y un enorme servicio a Chile.

 

3.     Si no somos nosotros, ¿quiénes?

 

Los obstáculos a esta iniciativa son múltiples, significativos y quizás hasta intimidantes. Sin embargo, dado el perfil del partido o referente que se necesita construir- plasmando un Chile definitivamente post-Pinochet, un ideario a tono con el ADN de la mayor parte de la juventud actual, radical en sus propuestas modernizadoras y libre de ataduras en su voluntad creadora- la pregunta obvia es quiénes, si no nosotros, está llamado a (o siquiera está en condiciones de) crear un referente de estas características. ¿Quiénes somos “nosotros”? Por ahora y sólo para comenzar, me refiero a los jóvenes de educación universitaria privilegiada que, por la buena suerte de sus circunstancias, está en condiciones de dedicar tiempo y energía a lo público. Por sí sólo este grupo no logrará nada; pero sí puede liderar un cambio que convoque a muchos más y al hacerlo vaya incorporando las energías y visiones que se vayan sumando, de manera abierta y democrática. Este grupo está verdaderamente en una posición única. ¿A quiénes, si no a nosotros, se les puede pedir liderar un movimiento de estas ambiciones y envergadura? ¿Se lo vamos a pedir a la generación de nuestros padres, marcados por la UP y la dictadura, por la Guerra Fría y por el choque ideológico sin cuartel entre capitalismo y socialismo? ¿Se lo vamos a pedir a la juventud en general, alienada de lo público, formada en un sistema educacional que raya en lo desastroso y que lucha por no engrosar las filas del desempleo juvenil? ¿O confiaremos acaso en las juventudes partidistas, con su discurso confrontacional y su lógica estratégica de segunda mano, heredados de las actuales elites políticas? ¿Qué otro actor social está estructuralmente posicionado para pensar el Chile del futuro y para estar en condiciones de invertir tiempo y correr riesgos en pos de éste? ¿Quién más tiene siquiera la credibilidad para intentarlo, para proponer temas nuevos y ser escuchado sin sospechas ni antiguos resentimientos? Si los partidos políticos actuales no están en condiciones de liderar la renovación de la política, y la tesis de este artículo es que no lo están o no lo quieren estar, entonces no veo a nadie salvo la juventud profesional y universitaria capaz de ponerse al frente de la lucha y empezar a llamar, fuerte y claro, a la sociedad chilena a transformar su crítica de la política en acción constructiva.

 

Como decía Ortega y Gasset, “yo soy yo y mis circunstancias”: cada generación es lo que es y lo que le toca vivir. A nosotros nos toca asumir el mundo que hemos heredado, con sus virtudes e insuficiencias, con sus traumas y esperanzas, y transformarlo con nuestro trabajo y pasión en algo mejor de lo que hemos recibido. La generación de nuestros padres, a pesar de sus luchas y sombras terribles, nos ha entregado un Chile mucho, mucho mejor del que recibió. Ahora es nuestro Chile, del cual debemos hacernos cargo; nos ha llegado el momento de mover las piezas, y el país espera de nosotros lo mejor de nuestros talentos como constructores de mundo para estar a la altura del desafío.

 

 

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