por Cristóbal Bellolio (publicada hoy en www.latercera.com)

La crítica la hizo el alcalde de Puente Alto, Manuel José Ossandón, al señalar que la conformación de los equipos políticos y estratégicos de campaña de Sebastián Piñera va por mal camino si estarán integrados por los mismos que ya han perdido cuatro elecciones presidenciales seguidas. Pero es difícil que su posición sea acogida: Los sospechosos de siempre no querrán ausentarse del banquete por nada del mundo, y se sienten con el legítimo derecho de roncar fuerte frente a cualquier advenedizo. Por lo que ya sabemos, la mesa estará compuesta por los presidentes de los partidos de oposición (cuyos índices de aprobación ciudadana son pobretones) y algunos senadores que otrora fueran joviales políticos renovadores, pero que hoy prefieren asegurar sus cupos evitando la competencia o mirando con buenos ojos la posibilidad de que los parlamentarios puedan pasar al gabinete para no correr riesgos innecesarios. Hay apenas una silla reservada para él o la representante del mundo independiente. Curioso cuoteo. Siendo el candidato tan bueno para las matemáticas, la ecuación debiera ser diametralmente distinta: La opinión pública pide a gritos la incorporación de más rostros frescos y auténticamente diversos.
La ambición en política es completamente natural. Pero en los políticos talentosos, también debiera serlo el sentido de oportunidad. Llenar la primera línea con figuras desgastadas es una estrategia errada. El equipo político de Piñera debe ser capaz de encarnar la mística del eventual gobierno, y para eso conviene que haya más progresismo y menos momiaje, en el sentido más profundo de los términos.
Es conocido que el abanderado aliancista prefiere los círculos familiares o de amistades cerrados, pero conviene recordarle que la obsesión por el hermetismo ha sido nefasta para Bachelet. Esta vez, la profesionalización debe cruzar todos los niveles de la campaña. El propio Piñera ha señalado que en su administración más de la mitad de los cargos de confianza estarán en manos de profesionales menores de cuarenta años. Se trata de una medida tan discriminadora como el gabinete paritario, pero sustantivamente alentadora, ya que se trata de una nueva generación desembarazada de los traumas históricos que tanto daño han hecho a Chile y que trae un acercamiento distinto hacia los temas públicos. El semillero, especialmente del lado gremialista, es pródigo en cantidad. Y aunque resulte evidente, no está de más repetirlo: Ninguna función política relevante puede recaer sobre personas ligadas al Régimen Militar. A mayor abundamiento, la relación de Piñera con sus funcionarios de confianza en el ejecutivo no puede replicar la lógica concertacionista, donde el Presidente de turno llama al Presidente del partido respectivo para pedirle permiso en cada remoción o designación. Lo que menos necesita el primer gobierno de la Alianza son redes de poder clientelares o partidistas. Mientras más independientes, mejor, para que respondan como fusibles directos a un Presidente que tendrá poca paciencia con las cosas mal hechas.
Finalmente queda preguntarnos quiénes debieran rodear al candidato. Ossandón entregó una pista: Aquellos alcaldes de la Alianza que hayan demostrado éxito electoral y de gestión en terrenos difíciles. Su caso y el de Jacqueline Van Rysselberghe en Concepción son paradigmáticos, sin olvidar a Pablo Zalaquett. Y si de apostar con coraje se trata, se necesita savia nueva que no venga formateada desde la UDI o RN, personajes con calle que entiendan al nuevo Chile porque lo están viviendo y no porque recorren la feria buscando votos, que le pongan pasión a la tarea de construir un mejor país sin abusar de la calculadora. Esos chilenos existen. Hay que salir a buscarlos.
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Enero 6, 2009 a las 10:15 pm |
Es de esperar que Manuel José Ossandón se equivoque.
Aunque sospecho, tal como lo hizo Max Colodro que te mencioné hace una columna algún tiempo, que el tiro no va a ir tan lejos del blanco.
Saludos.